miércoles, 26 de diciembre de 2012

con el estro por los suelos

Con el estro por los suelos, con la musa así vencida, mirando sin contemplar, sabiendo que el gesto mudado y cambiante ya no estimula la prolífica obra. La apatía por bandera, el estío del alma envuelta en la turba de este tiempo, en el alboroto de sombras, sin discernir su reflejo, todo confuso y provisional, sin nada para vencerlo. Se necesita la rasmia, el ejercicio resuelto, el saberse necesario, el tener fuerza y quererlo, un puñetazo en la mesa, un equilibrio por dentro, seguridad ante todo, estimular el revuelo, organizar la molicie, apuntar cielos pretendo, y dirigirnos derechos, perdurar en la justicia, cambiarlo todo de nuevo y llegar sanos y salvos a un mundo sin leguleyos. Pero eso es tan difícil, tan complejo y tan distante, que a veces solo pensarlo nos cambia el semblante, nos pone en entredicho, nos sopesa en nuestro ego, nos equilibra las acciones, los gestos y lo que hacemos. El mamotreto que vemos, el circo montado a nuestra costa, todo el embrollo que se agolpa para supuestamente organizarnos, claramente se ve el declive, el ocaso, todo es un trampantojo, queríamos ver una sociedad moderna, evolucionada, versátil y justa y es todo lo contrario, donde veíamos modernidad ahora no es más que una pose, una foto falsa de una realidad que no es tal, donde queríamos ver evolución observamos su contrario, constatamos la falacia, el proceso inverso, una involución en calidad de vida, un mundo más contaminado, más podrido, más sucio, peor, consecuencia de todo esto, tenemos un mundo más injusto, más cerril y absurdo. Despejados a base de hostias, nos encontramos aturdidos, pero enteros, chupando un palo sentados sobre una calabaza, despistados, sin reacción, sin baza, sin saber bien que hacer o que no hacer. Asumiendo como un castigo divino todo este marasmo, este vendaval de oprobios, como si de un mal ajeno y lejano se tratase, y sin embargo es una barbaridad cercana, doméstica, una patraña interna, de andar por casa. Y así estamos, en este impás de abulia, de gestos cabizbajos, de pesimismos atávicos y amoldándonos a esta nueva y triste vida. Lacerados en la costumbre del sufrimiento diario, de las malas noticias, del fastidio perenne. Sin asideros, sin seguridades, nos encontramos solos y desvalidos, y la huida hacia delante aparece como vía de escape a tanta abyección. Así pues es nuestra condición de carne de cañón lo que nos empuja al abismo, nos entregamos impúdicamente a cualquier tipo de ensoñación, a cualquier excusa para salir volando de esta realidad que nos atenaza y nos domina. Cualquier droga será buena para sanar estas heridas profundas, y si no es así, que más da, pereceremos en cualquier caso entre tanto escombro de dignidad. Huir hacia delante, salir del hoyo metiéndonos en otros hoyos. Cualquier ginebra será lo suficientemente limpia y cristalina para reflejar nuestra condición marchita, nuestra ruina humana. Entregados al vendaval de este tiempo negro, al cerco de maldades, de inhumanidades. Expuestos a pleno diluvio. Sin ética, sin patrón, sin pautas, simplemente intentar sobrevivir y no pensar. Total para que.

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