lunes, 28 de abril de 2014

ya lo sabemos

Ya lo sabemos. Hemos estudiado muchos libros de economía, leído a muchos teóricos y sabios. Los argumentos de Freedman siguen vigentes, son simples y estrechos, pero es la receta que se aplica, son antiguos y antipersona. Superan sus expectativas. Freedman nunca hubiese privatizado el ejército, lo único que no privatizaría. Pues hasta el ejército es privado. El futuro se pinta en blanco y negro. Una franja muy estrechita de color blanco donde multimillonarios viven en su bunker, en su cápsula, aislados de la mugre que lo circunda, son muy pocos, muy pocos. Otra franja negra, llena de gente, multitudes hambrientas, cantidades ingentes de población sufriente. Años luz entre los unos y los otros. En medio de los dos el vacío, el cero, la ausencia de gris. Los analistas económicos que aparecen en la radio o la televisión nos dan largas, apuntan soluciones en el futuro lejano. Hablan de un largo y estrecho túnel de penurias para llegar a un final feliz. Pero es mentira. Ellos lo saben. No hay futuro. La economía nos aboca al desastre como proyecto económico, como nación. Los neoconservadores han tomado las riendas del poder mundial. Los ilustres del Club Bildelberg manejan el tablero de ajedrez del mundo con suficiencia y con mano de hierro. Vuelve el palo y la zanahoria. La teoría del Shock. Tenernos amedrentados, no solo pobres, si no amedrentados. Con el miedo en el cuerpo nos movemos atenazados, sin un criterio fijo, con el miedo en el cuerpo nos ocupamos de lo inmediato, de subsistir, nos volvemos huraños y mediocres, tristes y pobres por dentro y por fuera. Ellos lo saben, nos ajustan la golilla con determinación, pero a la vez nos venden la burra. Llenan nuestros sentidos de imágenes amables, y nos dan esperanzas, falsas esperanzas. Nos dividen, nos disgregan, nos acogotan. Nos enfrentan, nos manipulan. Así pues ya lo sabemos. Sabemos cuál es la receta, y sabemos cuál es el camino tortuoso que nos toca caminar. También sabemos que todo es mentira, y sabemos positivamente que nos van a criminalizar, nos van a meter miedo, nos van a someter al shock total. Cuando tires una piedra a una entidad bancaria serás un miserable antisistema y un violento irreductible, una alimaña para la sociedad…y un triste por tirar una piedra a una entidad bancaria. La solución la sabemos, no es tirar una piedra a una entidad bancaria, sino tirar una bomba (y que no te vean). La solución después de mucho cavilar es bien sencilla: se trata de hacer valer el número de los desheredados, de los maltratados por este sistema. La solución es que los cuatro del Club Bildelberg, los cachorros de la escuela de Chicago, los neoconservadores multimillonarios sufran….si. La solución es que hagamos una transfusión de miedo y de dolor, que les pasemos a los de la franja blanca, a esos pocos elegidos todo el dolor y toda la miseria que seamos capaces de traspasar. Matar a esta calaña. Meterles miedo cerval. Es preciso que sufran, que tengan miedo. Cuanto más miedo tengan ellos, menos miedo tendremos nosotros, cuanto antes empecemos, antes saldremos de la crisis. Así que la receta es apuntar bien, respirar hondo y disparar. Luego volver a coger aire y volver a disparar certeramente, con puntería. Esa es la mejor receta macroeconómica para salir de la crisis, sin duda.

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