jueves, 24 de septiembre de 2015
no hay rival
No hay rival. Negociamos, dicen, pero no es verdad. Es una democracia, pero no es verdad. Es un acuerdo, ni de coña. Es la Unión Europea, tampoco. Vivimos en la inopia y eso les vale. El hambre aguza el ingenio, pero no tanto. El ingenio lo aguza la pasta gansa y el no querer perder ni un céntimo. En el casino en el que estamos inmersos hace días que nadie apuesta a otro número que no sea el que la banca oferta. La banca gana. No merece la pena seguir jugando cuando el juego es tan absurdo, cuando siempre gana el mismo, cuando siempre pierde el mismo. Los países ya no existen, son ficción, son una manera de llamar a los territorios, pero los que llevan la patria en el corazón saben que de nada sirve ir con tu bandera si allí donde la vayas a poner te van a exigir un título de propiedad que tu no posees, pues pertenece al banco. Ese es el país, esa es la patria verdadera, lo demás queda para los equipos de futbol y sus camisetas de un color u otro. Nos han vendido como al ganado en la subasta. La culpa es nuestra por ser mansos y no haberles metido una cornada el día que nos pusieron el precio de salida. Ahora puede ser demasiado tarde. Debemos disimular en nuestra burbuja, como que no nos afecta el embolado donde bailamos. Un pueblo humillado es un pueblo resentido, un pueblo sumiso no lo puede ser eternamente, y esa es nuestra baza. Tocan días duros, toca bailar con la más fea, toca tragar. Llegarán otras generaciones a poner las cosas en su sitio, a reclamar lo que es suyo, lo justo. Llegarán otros vientos, otras vidas que exijan una tierra, un país, un lugar donde vivir, sin deudas, sin zarandajas, sin intereses de demora, escarmentados.
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