viernes, 8 de febrero de 2013

me agoto

Me agoto, no hago nada y me agoto, ya no doy más de sí, estoy muy cansado, demasiado cansado para no haber hecho nada, quizá sea por eso, de no hacer nada, estoy agotado de no hacer nada, va a ser eso, yo ya lo intuía, que a mi me cansa el descanso, el exceso de descanso vamos, por que a todos nos gusta el reposo, el descansar, el estar tirado a la bartola, pero una cosa es de vez en cuando, y otra muy distinta es que te levantes a las 7 de la mañana para ir a un sitio a no hacer nada, a no rascar bola, a esperar el tajo que no llega, y así un día y otro, esperando que llegue algo, pero nada de nada, aquí estamos, viéndolas venir, intentando pintar la mona, hacer que haces, pero sin hacer nada por que no hay nada que hacer, y eso cansa sobremanera, a mi por lo menos, habrá quien valga para esto, pero yo lo paso fatal, todo el día disimulando, haciendo como que haces, actuando, y la verdad no hago nada o muy poco, muy, muy poco, y esto ya empieza a preocupar, por que un día sin hacer nada, vale, dos también, pero meses, meses tocándome la barriga, eso no se puede permitir, como venga un jefe y me vea escribir estas cosas no se que pensará, pero yo le diré que escribiendo estas cosas por lo menos no me duermo, por que muchos días así dan sueño, galbana, mala gana...no se, apatía, dejadez, y algo habrá que hacer, por lo menos así disimulo, estoy escribiendo con el ordenador, mirando a la pantalla, y gesticulo un poco, como que pienso, como que cavilo y llego a conclusiones acerca del trabajo, pero el trabajo no existe, no hay nada, ni poco, ni mucho, nada, es una pena...y lo peor es que no tiene pinta de cambiar. No se mueve una hoja, no hay pulso en la oficina, no hay actividad, está todo muerto, y no hacemos nada, pero la mente da vueltas, y más vueltas, porque está claro que esto así no puede seguir mucho tiempo, porque esta dinámica nos lleva al ostracismo, a la podredumbre, al ocaso, no puede sostenerse, acabarán echándonos a todos, eso está claro, así no podemos aguantar mucho tiempo, no hay mal que cien años dure, eso dicen, ni cuerpo que lo aguante, pues eso...pasa eso, que además nos vamos a volver majaras, de tanto pensar, de tanto preocuparnos, porque a base de no hacer nada pues estamos todo el día cavilando y elucubrando, y nos hacemos vulnerables. Luego encima oímos la radio, y para que quieres más, ahí ya te dicen que el mundo se cae a cachos, que esto se hunde, y que un futuro de recortes y escasez nos espera, y visto lo visto pues no me extraña. Algo falla, más bien debe fallar casi todo, está todo que da asco y como nosotros no rascamos bola, pues no dejamos de pensar en lo que será de nuestras vidas, que será de nuestro futuro. Pero sobre todo lo que tenemos que hacer es tener la cabeza ocupada, no se en que, pero ocupada, para no caer en la desidia y la depresión. Y lo largas que se hacen las horas pintando la mona, no dejas de mirar el reloj, te levantas a por agua, luego vuelves a mirar el reloj, te asomas a la ventana mientras bostezas, luego vas al baño, a no hacer nada porque hace diez minutos que has ido, y ya no sabes que hacer, como disimular tu actitud, miras la pantalla del ordenador, y donde ves marcianitos tienes que poner cara de que ves números, expedientes, tienes que disimular que cavilas, que piensas, que estas con la mente ocupada en algo muy importante, que estás concentrado en un trabajo ímprobo, en un asunto muy importante. Pero no dejas de ver los dientes al lobo, no dejas de no hacer nada; encima no puedes leer un libro...que dirán! No se puede estar con el periódico encima de la mesa, ni de tertulia con otros compañeros, aunque eso si que lo hacemos, tertulias, ya lo creo, al principio hablábamos un poquillo, pero ahora nos metemos en unas discusiones filosóficas, que ríete tu de los círculos de Viena y la Escuela de Frankfurt. Aquí acabamos intimando, discutiendo acaloradamente, riéndonos a mandíbula batiente, metiéndonos en jardines insospechados, tomando partido, en fin, pasando la mañana. Pero la angustia crece y la zozobra también, y sobre todo el ánimo, que va mermando y nos va apocando de tal manera que nos volvemos hipersensibles, neuróticos, muy vulnerables a cualquier acontecimiento externo y en apariencia menor. Transmitimos la congoja, el hedor de la crisis, el mantra que se repite una y mil veces, esa gota malaya que acaba por inundarlo todo, mojándolo todo.

No hay comentarios: