Si me ves reír es que estoy loco, pues reír es lo que sueño, para reír de verdad necesitaría tiempo, tiempo ganas y otro sueño, pues en esta realidad que vivo, atascado entre mis huesos, entre los dolores convulsos, entre las barreras que no puedo, que no se si debo hacer, que no se si puedo hacerlo, es tan grave y tan sencillo, tan dulcemente muerto, esta vida sin acción, mas parada que lo yermo, que lo intacto por venir, que lo que ya pisé en el huerto, aquello que nunca quise, el desgaste de mi tiempo, esperando una alborada, esperando que suene el cielo, que me llame que me cite para atravesar el infierno, y llegar desnudo y frío, sin dolor pero sin gesto a la orilla de otras vidas, a otros lugares mas serios, mas verdaderamente extraños, mas humanos o mas nuestros, es igual lo que desees, será lo que no queremos, seguro lo que no sabemos, y mientras tanto respiras tantas veces como un sueño, pues dormido vives más, tus sueños se ven mas bellos que esta realidad mundana, de aburrido sufrimiento, lento, cadencioso y terco, que te ata horas y horas al vacío del tiempo, por eso espero despierto, somnoliento pero atento, a que suene la campana a que surja el movimiento.
domingo, 20 de febrero de 2011
Es la sabia adormecida
de la trampa hacia la angustia (1)
De la trampa hacia la angustia
Del tiempo hacia la música, el lugar de la dulzura, el estímulo de la lujuria, la bandera de mis muertos, el arrogante lugar de los difuntos.
Hacia la casa de los locos, donde la leña ya se quemó, donde nada tiene color de vida, y donde las plazas se vacían al instante de las llamadas perdidas por ti.
Si todo fuese verbo y fuese bello, pero no es más triste que la calabaza vacía de mi mente, el erial de mi futuro, las andanzas muertas a contratiempo, cuando ya todo se acabó. Cuando salte la liebre de tu calle, el piar de tu gorrión, la baliza de tu ser, será veleta constreñida, humilde, oxidada y sin rumbo, la que marque el devenir, el tiempo sin hacer, el universo infinito. Todo, absolutamente todo, todo lo que ves, todo lo que escuchas, los ecos de los muertos, el clamor de las verdades sin vida, el grito de los vencidos, de los enterrados en las catacumbas de la historia, en el fin de la cueva, la casa de locos llena de almas, muertas, inertes, sin pulso. El vino de mi sangre, el licor de mi esencia, y todo, absolutamente todo, me lleva a ti, a tu ser abyecto y delirante, a ese aspecto sutil de la aspereza, del dolor muerto, de lo que ya no es nada, la ceniza ya volada al huracán de tantos años. Lo pasado, lo pretérito y perfecto, aquello que ya no vale, que ya no es. El ahora hueco y recién nacido, sin memoria y sin historia, sin saber a donde ir, ante un hecho consumado, de rabia contenida, por no saber donde agarrarse, donde estar, donde pensar, si pensar es pensamiento, que a veces no es nada más que estar y no estar muerto. Inerte y ya sin gesto, sin perfil y sin sustento, cuando miro y no veo nada, cuando duermo y ya no sueño, y así pasan las horas, pero yo ya ni las siento. Todo esto y para ti, las llamas en que me envuelvo, derretido ya por dentro, te miro, pero no te veo, ni te siento, te sonrío y escapo de mi presente, no estoy loco, es que no puedo ni arrimarme a los recuerdos, ni huir, pues no me encuentro, estoy solo desolado todo el tiempo, amasijo de neuronas que se chocan contra el tiempo, que paso como las plantas que crecen pero en el tiesto, de barro, así me siento.
Segismundo bajó la mirada de nuevo hacia el cuaderno de notas, pero fue solo un instante, cuando el lapicero de goma de borrar incorporada en el extremo superior estuvo a punto de tocar la celulosa de su cuaderno, las aguas de su memoria se enturbiaron y el vacío le volvió a ocupar por completo. Buscó el ancla a los recuerdos volviendo a subir la vista hacia el ventanal de su habitación, y mirando al horizonte, mas allá de las montañas crispadas de nubes volvió a la infancia, el lugar donde se encontraba más seguro, del que tenía los recuerdos más nítidos, como si se tratase de su ayer mas inmediato, allí se sentía cómodo y era capaz de recitar de memoria los nombres de todos los compañeros de colegio, se sabía el listado por orden alfabético de los 23 niños que componían el grupo de su clase. Diego Álvarez, Eloy Blecua, Antonio Bonilla, Jesús Bonilla, Anselmo Casares…y así hasta Segismundo Zárate Pajares, siempre fue el último y no solo en el listado escolar, lo fue en la vida, en la suerte, en el amor, en el dinero…por eso no entendía muy bien como la vida le había llevado hasta ese presente incomprensible, extraño, no entendía que hacía allí, en aquella habitación tan amplia y bien iluminada, blanca como el manto de nieve que en invierno cubría los picos de las montañas que lo hipnotizaban a través de aquel ventanal que era su televisión. Respiraba hondo, miraba el paisaje y no comprendía, no sentía nada, no sabía nada, su mente era un pozo infinito y negro, solo sombras de la infancia, solo fotos del principio de su vida, de su etapa más pretérita, el colegio, el recreo, las noches de verano tumbados en el prado y mirando las estrellas, aquellos baños multitudinarios en las albercas de los huertos, su padre, su madre, sus hermanos pequeños, sus hermanas mayores, papá, mamá, los tatos pequeños y las tatas mayores, y los yayos…su abuelo Rosario, su abuela Ana, su abuelo Pedro y su abuela Amelia. Ahí se acababa todo. Ahora se miraba en el espejo y no veía un niño si no un hombre mayor, muy mayor…como el abuelo Rosario, o más. Se miraba sin gesto, se escrutaba a si mismo, intentaba pensar algo al respecto de su imagen, pero como si de un desconocido se tratase, volvía la vista hacia el ventanal, caminaba despacio hacia las montañas, hacia ese paisaje que le ocupaba, se quedaba parado de pié frente a la sierra con nubes y si algún gesto suyo hacía que su mirada barriese la mesa llena de libros y de papeles, era probable que se encaminase hacia ella, que apartase levemente la silla giratoria para poder acomodarse, poder sentarse y sutilmente hacer que las ruedecillas de la silla volvieran a arroparlo junto a la mesa, y quizá tuviese el arrebato de asir el lapicero, llevarse la goma de borrar hacia el labio inferior en gesto concentrado, y mirase el papel como el sediento mira un vaso de agua fresca y cristalina, y entonces Segismundo entraba en trance, se ponía a escribir, compulsivamente, arrebatadamente, cegado al mundo exterior, obnubilado en su quehacer literario podía estarse horas y horas, pero siempre acababa igual, de repente, al instante. Dejaba de fluir la magia a través del lapicero, la energía cesaba y otra vez vuelta al ventanal, a las montañas, a respirar hondo, a no entender, a no saber, a los paseos con su abuelo Rosario a coger caracoles.
Sus escritos compulsivos a veces incomprensibles, a veces desasosegante, en ocasiones tétricos, casi siempre textos que no dejaban indiferente al que los leía, bien por que no los entendía pero se quedaba mosqueado, o por que le producían alguna sensación que le movía lo mas profundo de su ser. Segismundo Zárate no sabía nada, no entendía nada, no recordaba nada del ayer. Hablaba muy poco, poquísimo, y muy bajo, bajísimo, y se le entendía mal, sus frases inconexas eran acertijos o metáforas complicadas y sus silencios eran largos. Alguien entraba en su habitación y le cogía del brazo para acompañarlo al exterior, esto se producía todas las tardes y a la misma hora en verano, y una hora antes en invierno, pero el no se acordaba nunca de esto. Segismundo dócil y tranquilo se dejaba hacer, lo llevaban al jardín en verano o a la sala acristalada en invierno, pero él no conocía nunca estos sitios. Su conocimiento se limitaba al presente, al más inmediato, un segundo pasado era un segundo olvidado, el futuro una incógnita, y solo el presente lo mantenía. El presente en aquel lugar, su habitación amplia y blanca, su ventanal, sus montañas, su mesa, sus libros, su cuaderno, y el espejo que le descubría a cada momento quien era, para mirarse y no comprenderse.
Vaciado de sustancias, expresiones de la envidia, cochambre ridícula y mundana, alcachofa que se torna botafumeiro para acabar segando con su tralla el cuello del monje muerto, aquellos que impidan mi alma, que intenten detenerlo, que sepan que muertos están, con dolor y con desprecio, es amarga la verdad y por eso la decimos, con la boca pequeña y ancha, para tapar los vacíos, de nuestras almas sucias y la sangre degollada llegará pronto a su lecho, no te escondas, no lo hagas, ya sabes que no te veo, que ya no recuerdo nada, pero se que estás al acecho, cuando te pille cobarde, cuando te coja despierto, clavare mi carne amarga en tu destino mas tierno, así te tendré en mi espada, tus entrañas y tu sexo, seré verdugo de rosas, de tiempos que ya no tenemos, pues vacío esta a mi espalda, nada tengo, nada veo, solo espinas que se me clavan por no recordar mi tiempo…
-Es un tanto poético no crees?
-Esto no tiene ni pies ni cabeza Alfonso, no se que poesía ves tu ahí
-Clavaré mi carne amarga en tu destino más tierno…es poético, un tanto animal quizá, a ti no te lo parece?
-animal? Clavar carne en el destino lo ves animal? Y que es eso de destino tierno?
-Ya te digo, es poesía, en la poesía de dicen unas cosas para decir otras, ya sabes son metáforas, filigranas que se hacen con las palabras, yo no entiendo mucho de poesía, y en general poquísimo de literatura, no soy un ávido lector, lo mío no es la literatura, pero yo veo algo diferente en estos textos…como que quieren decir algo.
-Decir algo? El que?
-Yo no lo sé, eso lo sabrán los que entiendan de estas cosas, yo soy médico, no soy escritor ni mucho menos crítico literario.
-Tu crees que lo que escribe vale para algo?
-Valer para algo…hay tantas cosas que no valen para nada y se usan para todo…valer, pues valdrán, para Segismundo por lo menos le valen para ocupar su tiempo, y puede ser que tengan otro valor, quien sabe.
-A ver si vamos a tener un Best Seller en potencia y no lo sabemos…
-¿A que tú sueles leer sus escritos Ana?
-Suelo, pero no siempre…es curiosidad
-Curiosidad de que?
_Pues curiosidad, alguien que no recuerda lo que hizo ayer, que no sabe quien es, lo que es o lo que fue, que no sabe si estuvo casado, si tuvo hijos, en fin que no recuerda nada de su vida…solo de la infancia, pues si es curioso, además no suele escribir sobre la infancia, eso es lo más curioso de todo…no te lo parece?
-Si, es cierto, para tener solo recuerdos de la infancia, es extraño esa manera de escribir sin aludir apenas a episodios de su infancia, no suele escribir sobre el colegio, sobre sus andanzas de niño, y todos esos artificios literarios, esas palabras tan rotundamente dichas, parecen escritas por otra persona, desde luego no por Segismundo…esa sangre, esos degollamientos, tanto dolor, verdugos, tantas sombras en sus escritos, y luego es dócil como un perro viejo a su viejo dueño, es pausado, su gesto es más pacífico que atormentado, sus facciones infunden calma, sus arrugas son serenas, su gesto apenas muestra ese dolor y ese tormento de sus escritos, es como si entrase en trance cada vez que coge el lapicero y se pone frente a su cuaderno-por cierto Ana, habrá que reponer de ambos, lapicero y cuaderno, apúntalo.
-Igual si que habla de la infancia, digamos de alguna experiencia tortuosa, algo traumático que le sucediera en la infancia y que le dejó marcado de tal manera que solo alude a ese episodio tan nefasto que le produjo esta situación que atormenta sus escritos, pero es difícil saberlo supongo, en sus textos se habla de angustia, violencia, de desasosiego, de almas vacías, de muerte, pero es difícil saber si lo que escribe tiene que ver con algún hecho concreto, si existe un argumento de alguna historia pasada, o si no son más que sensaciones que él tiene debidas a ese episodio fatal o vete tu a saber…
-Los psiquiatras y psicólogos aluden a algo parecido, a algo que pasó, sus escritos, su amnesia, su actitud, todo parece indicar que algo aconteció y marcó la vida de Segismundo.
-Que sabemos de Segismundo además de que está aquí ingresado y que todo lo paga ese señor tan alto y tan flaco que viene de higos a brevas y que parece un gentelmen de otra época, no sabría decirte de cual en concreto, pero de otra.
-Pues poco más…mejor dicho, nada más…bueno sabemos lo que el servicio médico puso en su informe. Que se trata de un varón de unos 80 u 85 años, con aparente buen estado de salud, con la única salvedad de su cabeza, que la tiene perdida, no está catalogada su enfermedad mental, digamos que es una especie de amnesia parcial, aunque esa parcialidad sea de 70 años, esto es, no recuerda nada de lo que pasó desde hace 70 años, y tampoco recuerda nada de lo que pasó ayer, todo hace suponer ,como te dije antes, que fue un schok o algo similar que aconteció hace ese tiempo y que dejó a Segismundo en este estado, pero tampoco lo sabemos con certeza pues perdemos la pista de Segismundo y de su pasado, solo sabemos que ingresó aquí hace 6 años, y que anteriormente vivía como inquilino en un piso del centro de Madrid, un buen día se presentó ese señor que parece un mayordomo medieval chik con unos papeles con la documentación de Segismundo y a la semana siguiente volvió el mismo señor con Segismundo..
-¿Es familiar? ese señor
_Que yo sepa no, pero yo se bien poco
-Pudiera ser su hijo…un poco justo pero pudiera, o su hermano pequeño, el más pequeño, de los que habla, pero es casi imposible…que años tendrá ese caballero andante postmoderno?
-Indeterminada. Puede tener 45 o 70 o más o menos…con esa pinta todo se confunde…te fijaste en los guantes de seda morados que trajo la última vez, y con esa perilla blanquecina, esa nariz prominente, aguileña, ese rostro enjuto, como si se estuviese mordiendo los carrillos por dentro…y como casi siempre va de negro..
-O de blanco, a veces parece un ángel…por la túnica claro, yo le recuerdo cuando vino la primera vez con esa capa blanca, haciendo juego con el color de su estampa, y ese traje negro brilloso, daba grima ese tejido, lo toqué por curiosidad y era un tejido frío y desagradable
-Tu es que eres muy curiosa, lees poesía de enfermos mentales por curiosidad y tejidos de sepultureros underground por curiosidad también.
-Ya, bueno, pues como soy tan curiosa…tengo curiosidad por saber los requisitos que se piden para entrar en esta residencia
-Pasta. Si hay pasta pasas, si no no. Satisfecha tu curiosidad?
-Sin burocracias…así da gusto…ahora no lo recuerdo, como se llama el enterrador gótico ese?
-Don Rafael…las facturas por lo menos se pasan a nombre de un tal Rafael Yañez Azcárate…a él se le cobra, y el las paga.
-Azcárate?...no es ese el apellido de Segismundo?
-Zárate, el de Segismundo es Zárate, si fuese Azcárate no sería el último de la lista escolar, si no de los primeros, pero es cierto, se parecen mucho, probablemente sean de la misma zona…suenan al norte, a vascos o navarros. Los dos.
-el segundo de Segismundo es Pajares, ese no suena a vasco…
-pero el puerto de Pajares está en el norte no?
-Que cachondo eres señor doctor. Donde nació Segismundo?
-No lo se, pero si parece ser un sitio del norte, por lo que cuenta de la niñez, esos prados, esos bosques, esa lluvia pertinaz, ese ámbito rural, con paseos en bicicleta, con sus abuelos en la huerta, las vacas. Se sabe el nombre de todos los chicos de su clase, pero no sabe decir el nombre del pueblo…habla del pueblo como de casa…por que allí en casa, estábamos en casa…y cuando le preguntas el nombre de la casa te dice…pues en casa, en el pueblo, donde va a ser. Y no le sacas de ahí. En Administración puedes preguntarlo, pero no suelen dar información de los pacientes si no es con un motivo profesional justificado.
-Se podría investigar…se sabe los nombres y apellidos de todos los niños de su clase…pues por ahí…
-Y que importancia pudiera tener eso? Que mas da donde naciese Segismundo, el caso es que es un anciano demenciado y que paga su sustento a través de un mantenedor exótico pero cumplidor pagador…ya está.
-No, si es por curiosidad doctorcito, es todo tan excitante
-Doña curiosa, te equivocaste de profesión, en vez de enfermería geriátrica deberías haberte dedicado a investigadora privada..o pública, a la investigación vamos.
-Ya es tarde Doctor , para ganarme la vida es tarde, pero quizá como hoby…
-Pues yo como hoby este domingo me voy a subir ese peñasco que asoma ahí-señalando la cima del monte que por un instante quedó despejado de nubes y mostraba todo su esplendor- dentro de poco será invierno y entonces ya no podré hacerlo.
-No te hacía yo montañero…
-Es hoby, un nuevo hoby, como el tuyo de investigadora privada, o detective secreto suena mejor…
-Pues para ser un nuevo hoby eres muy pretencioso, esa montaña es muy alta…debe costar mucho.
-No lo se, nunca subí…la ruta que lleva hasta allí es de
-Pero luego tendrás que bajar, y en el mismo día, parece una barbaridad.
-si,
-No gracias, otro día, el domingo bajo a ver a mis padres, hace mas de un mes que no los veo, otro día doctorcito, me preparas una excursión más asequible, algo más dominguero, me va mas.
-Vale Ana, otro día, y ahora haz el favor de subir a Segismundo a su habitación, el servicio de limpieza ya ha terminado, además se está nublando mucho y en el jardín empieza a hacer frío
-Se estropea el tiempo doctor, esa excursión peligra…
-No seas agorera, es jueves, y hasta el domingo puede pasar de todo.
Ana le dedicó una sonrisa cómplice al Doctor De
-Hola Segismundo…vamos?
Segismundo no dijo nada, sin cambiar el gesto, como un maniquí, como una figura de cera con vida se dejó agarrar el brazo izquierdo por la mano derecha de Ana, que tuvo que emplear menos fuerza para dirigir a Segismundo que para acarrear las hojas secas minutos antes, Segismundo caminó a su lado con paso lento pero firme, regular y pausado…
Ana iba pensando en Segismundo y su enigma, en Rafael Yañez Azcárate, en su extraña y lúgubre figura, en todo ese halo de misterio que envolvía a ese personaje de pompa fúnebre y sin querer se le escapó en voz alta una pregunta…
-Segismundo, hace mucho que don Rafael no viene a visitarlo, le ha pasado algo?
-No se…agua.
Segismundo pedía agua, no sabía pero si sabía que tenía sed…Ana no dijo nada y siguieron caminando.
-Agua
Ana siguió sin decir nada y salieron del jardín, volvieron a atravesar la pérgola de rosas y avanzaron por la acera dejando el ventanal a al izquierda…Segismundo señaló con el dedo una botella de agua que veía a través de la cristalera y que reposaba sobre una estantería de madera clara…agua volvió a repetir por tercera vez….enseguida llegaron a la puerta que estaba llena de hojas secas en su parte baja y accedieron al interior de la residencia.
-Enseguida te doy el agua Segismundo, espera un poco aquí.
Y lo dejó aparcado a un lado del distribuidor, como el mensajero que deja la moto indolente para hacer el reparto. Segismundo no se movería de allí.
Al instante Ana vino con la botella que Segismundo había visto a través de la ventana, y se la ofreció ….este bebió ávidamente y dejó que un reguero bajase por la comisura de sus labios hacia la barbilla sin percatarse de ello…Ana presurosa con un pañuelo instintivamente le fue a secar la gota que pendía de la barbilla de Segismundo cuando este contestó a la pregunta que antes le hizo Ana…
-Rafael….Jiménez Lapetra…que pasa con Rafael…
- Se acuerda de la pregunta de antes, muy bien Segismundo, pero no digo ese Rafael, ese era de tu clase…ese no…yo digo Rafael Azcárate…sabes, el señor alto y delgado que viene a verlo de vez en cuando
-No
-No que Segismundo? No sabes quien es, no es Azcárate o no quieres más agua?
-No nada, nada es nada…no se nada, y tu sabes algo
-Nada Segismundo, nada…que voy a saber, espera que antes de subirte a la habitación cojo un cuadernillo y un lapicero del almacén…quieres algún libro más?
-Libro…no, cuaderno y lápiz, ahora será todo….
Nada es nada….ahora será todo….Ana se repetía estas dos frases dichas por Segismundo mientras conducía hacia su casa…ni Jesucristo en la última cena dijo palabras tan redondas….que querrá decir? Ahora será todo…cuaderno y lápiz, ahora será todo….el que será todo.
Lacra inmunda, vil sustancia, espécimen que atormentas la fragua de mi desdicha, escarnio lacerado por el tiempo marchito y muerto, por tantos siglos consumido, tu calumnia te delata, el fuego se vierte lento, sobre tu piel ya quemada de rastrojos de otro tiempo, bilis que rezuma tu maloliente cuerpo, te pudrirás con las brasas, en las tinieblas del viento, dejarás tu alma impura desdeñosa y ya sin dueño, ya sin sueño. Somos lo que pensamos, no lo que hablamos, por eso lo padecemos y sin cruces la llevamos…
Ana aquella noche no desconectó de su trabajo, zapeaba indolente mientras mordisqueaba una manzana atrincherada en su sofá, pero su mente estaba en otro sitio, en los escritos de Segismundo, en esas frases lapidarias, presuntamente poéticas, escritas con rabia, con dolor, en esa saña, en ese fuego, en esa amenaza constante y esas frases lacerantes, dichas como dogmas, como refranes premonitorios, a modo de citas célebres…somos lo que pensamos, no lo que hablamos, por eso lo padecemos y sin cruces la llevamos…algo parecía tener sentido, pero no llegaba a atisbar cual…”Segismundo es lo que piensa, no lo que dice, y eso le tortura, padece, y ese padecimiento lo lleva sin cruces”, aunque esto último de llevar un padecimiento sin cruces no lo entendía bien, “quizá si hubiese sido la llevamos como una cruz, aludiendo a la cruz que arrastró Jesucristo,… quizá nos quiere hacer pensar, poéticamente claro, todo lo contrario, que no es creyente, y que ese padecimiento lo lleva sólo, sin el apoyo espiritual, al menos no del apoyo cristiano”. Ana no dejaba de darle vueltas a todo este asunto…”y ese individuo, de negro o de blanco, igual da, ese tipo tan raro…¿Qué pinta en todo esto, que tiene que ver con Segismundo ese ser?”…Ana se levantó del sofá y desconectó el televisor, total, para el caso que le estaba haciendo, así que se fue hacia el ordenador, lo enchufó y mientras se iniciaba aprovechó para meter una taza con agua y un sobrecillo de manzanilla en el microondas, cuando volvió hacia el ordenador, este ya se había iniciado y vio en la pantalla del ordenador a modo de salvapantallas una fotografía de sus padres rodeada de iconos pequeñitos de diferentes programas y aplicaciones informáticas. Ana dirigió la punta de la flechita hacia el icono azul característico de Internet y con un doble clic sobre el botón izquierdo del ratón se dispuso a buscar…Ana no solía utilizar el ordenador, para ella el ordenador era un archivo de fotografías y de música, y Internet lo utilizaba casi exclusivamente para mandar correos electrónicos a familiares y amigos, sobre todo desde que no estaba en casa, pero aquella mañana en la oficina, mientras tomaba el primer café de la mañana había revisado su correo y no fue por ese motivo por el que entró en Internet. Ana tenía delante la página de google y tecleó en el buscador…”Segismundo Zárate Pajares”…y google contestó que verdes las habían segado, que no se encontraba ninguna página donde apareciese dicho personaje…”normal se dijo Ana, si no se acuerda de nada, nadie se acordará de él…bueno uno si, uno seguro que si que se acuerda” y a continuación Ana tecleó: “Rafael Azcárate”, y aparecieron una centena de páginas que incluían a rafaeles azcarates…pero en realidad la mayoría aludían a un Rafael Azcárate, un profesor de física cuántica que por la fotografía fue descartado como el caballero andante que Ana andaba buscando, este de la fotografía era orondo y bajito, calvo y con gafas, no es que tuviese mucho sex apple la verdad sea dicha, pero parecía una eminencia en física cuántica, lo que si era diáfano y claro es que aquel profesor de física cuántica no era el protector y mecenas de don Segismundo. Otra página hablaba de “talleres de reparación de automóviles Rafael Azcárate” y por la ubicación del negocio de automoción no parecía que fuese este el personaje buscado…”Chipiona-Cádiz”. “quien lo iba a decir, yo me inclinaba más a pensar que era un apellido del norte y resulta que va a ser todo lo contrario…” El profesor de física cuántica además de una eminencia en física era pacense, y estos del taller gaditanos. Ana siguió buscando infructuosamente, navegando sin rumbo, o mejor dicho, sin encontrar destino donde atracar…
Antes de irse a la cama dudó si hacer una bola con las anotaciones que había obtenido de sus indagaciones por la red, poca cosa y con poco fundamento…pensó, “total para lo que he sacado en claro, la información siempre estará en el ordenador, así que hizo una bola con la media cuartilla y encestó magistralmente en la papelera que se encontraba debajo de la mesa del ordenador…
Al día siguiente Ana se levantó de buen humor, era viernes, y se iría a casa, además el lunes lo tenía festivo por haber trabajado el domingo anterior, con lo cual estaría fuera hasta el martes. Así que con la cadencia habitual siguió el ritual de un día laborable, pero más contenta. De esta manera llegó diez minutos antes de lo previsto y tenía todo el parking a su disposición, con lo cual pudo elegir el mejor sitio, donde la sombra protegiese más, sobre todo por que llevaba en el maletero unas magdalenas y unas tortas de anís que solía llevar a la familia.
Como una autómata se dirigió hacia la tercera planta, a fichar, a cambiarse de ropa, a tomarse el café, a revisar su correo electrónico, a perpetuar la monotonía laboral de cada día…insólitamente, la sala estaba vacía, en verdad he llegado mas pronto de lo que pensaba…pero al poco rato llegó el doctor De
-Buenos días Ana, como tan pronto?
-Buenos días doctorcito, pues ya ves, no hice nada especial, quizá estuviese más despierta de lo habitual…y que vine escuchando a los Ramones en el coche, igual le pisé más de lo habitual, la verdad no tenía conciencia de ello…
-¿Los Ramones? A las ocho de la mañana yo me pongo a Los Ramones y en vez de café me tomaría tila…que barbaridad, ¿no prefieres escuchar las noticias a esas horas?, no se algo menos desasosegante que esa tralla rockera
-Normalmente escucho noticias, aunque a veces son las noticias las que te harían tomar tila, pero hoy estaba contenta, es viernes, me voy a mi casa esta tarde y preferí a Los Ramones, el disco me lo grabó mi hermano pequeño, quieres que te lo grabe doctor?
-No gracias, además es delito.
-A pues si es delito entonces no te lo grabo…te lo dejo y te lo grabas tu si quieres.
-La verdad no me interesa mucho, a estas alturas no voy a ponerme a bailar pogos, no me veo escuchando, por decir algo, a Los Ramones…
- Pues igual para subir al Klimanjaro ese te venía bien…si coges el ritmo igual bates alguna plusmarca.
-Que ordinariez por dios, subir al monte con los cascos atormentando los oídos…prefiero los pajaritos.
-Que vale, que no te dejo el disco y punto…anda dame un azucarillo, se me olvidó. Por cierto, el valedor de don Segismundo…Rafael Azcárate decías que se llamaba no?
-Vaya, por lo que veo estás enfangada en la investigación…estás en el momento del peritaje o ya tienes algún indicio de sospecha para rastrear? No es Rafael Azcárate…es Rafael Yañez Azcárate…equilicuá…
-Gracias doctorcito, permite que lo apunte un momentito…y sí, si, estoy tras la pista, a ver si mañana me voy con mi madre a dar una vuelta y me compro una lupa en la óptica, me hará falta…
-Un sombrero y una gabardina no te irán mal tampoco.
-Lo que usted diga…elemental mi querido doctorcito.
-Entonces te lo has tomado en serio…el caso Segismundo,¿o le has buscado algún nombre más interesante?
-Soy curiosa, y testaruda, y si ese hechicero o mago no fuese tan chic, pues igual no me llamaría la atención, pero es que ese Don Rafael Yañez Azcárate tiene un morbo que me fascina…y los escritos de Segismundo, pues también me tienen algo fascinada, o turbada al menos…y este marco incomparable, esta residencia tan especial, a los pies de la montaña…por cierto voy a pasar por admisión, a ver si alguien suelta prenda…¿sabes de alguien de confianza, alguien más asequible dentro de ese departamento tan lúgubre?
-Se de alguien, pero de confianza no. El jefe descartado, don Tomás ni te recibirá. Su perrito faldero, más bien perrita faldera, Sandra Herrera no te aconsejo una entrevista con ella, solo pondrá trabas y problemas a lo que solicites…y nos queda el servil Paco Pomares, Paquito, pero si puede evitarlo no te ayudará, te remitirá a los otros dos, además es tímido, retraído, introvertido…es que el departamento se las trae, pero concretamente ¿que es lo que vas a preguntar, que quieres saber?
-Lo quiero saber todo, ja, ja , ja….bueno, en principio la ficha que tengan de Segismundo, ver donde nació, su estado civil, en fin lo que se pueda…y ya supongo más difícil, recabar información acerca de el brujo hechicero de su mecenas o paganini. ¿Cómo lo ves?
-mal…y sin lupa, sin gabardina, mal.
-tonto doctorcito, por que no te vienes conmigo?
-a mi no me metas en tus investigaciones, que bastante mala reputación me tengo ganada en esta residencia como para hacerme notar…
Después del café Ana se pasó por admisión, así como quien no quiere la cosa y haciéndose la distraída le preguntó a Paco Pomares, con el cual había dirigido pocas veces la palabra, , tan solo para decir hola o adiós según el caso, a lo más a decir que hacía mucho frío o mucho calor, o ay que ver como llueve! Es a lo máximo que llegó. Le dijo: “Paquito, anda compa, por que no me miras donde nació Segismundo Zárate, es que ayer me contó un rollo de su pueblo y tengo curiosidad por saber donde nació…” A lo que Paco o Paquito contestó: “Ehmm!...yo, es que…ahora no puedo, eso a la señorita Sandra que lleva más eso, yo no puedo”
Que barbaridad, que exceso de oscurantismo, esto parece una cárcel de máxima seguridad, ni donde nació…”vale Paco, vale…bueno si te enteras aunque sea de extranjis, me lo dices si no te importa y siempre y cuando veas tu que la empresa peligra por este tipo de filtraciones de la información interna de los presos, perdón, quise decir de los internos o residentes. Adiós Paquito, que tengas un buen fin de semana, a más ver.”
A las cinco de la tarde, en punto, Ana fue hacia el parking de la residencia sin cambiarse siquiera, acababa de dar la merienda y el doctor Alfonso de
Apresurado y no se por que
domingo, 13 de febrero de 2011
En ese lugar
En ese lugar de las nubes donde todo está tan lejos, donde la tierra templada se ve como un sortilegio, como cosa diminuta, en el fondo de un espejo, perseguida por las dudas, las mismas que aquí no tengo, pues en este lugar de las nubes todo parece sereno, alejado del tumulto, de las dudas de este tiempo, sinuoso y torticero, calamitoso tiempo, no mirar más hacia abajo, sino más alto si puedo, para disipar las dudas, para volar todo el tiempo, abandonarlo todo, dejar el silencio despierto, respirar hondo y profundo y volver a detenerlo.
Necesito terminar, soñar aunque bien despierto, en unas nubes más altas, en otros mundos más lejos, pues la tierra infinita, me parece un gran camelo, un error un estropicio, tanta prisa todo el tiempo, por eso quiero acabar, terminar con el misterio, y llegar pronto a mi nube, allá donde no haya tiempo.
Mientras tanto paso el tiempo, diseñando mi futuro, perfilando bien mis sueños, intentando asemejarme a un buda sin ser boceto, de algo que pertenece a un tiempo que está resuelto, terminado por principio...acabado.
DE ALMUDEVAR(ALMUDEBAR)ES LA TRENZA.Proyectos joteros.
lo mejor que se ha inventado
si la pruebas la cabeza
se te va para otro lado
Tiene almendras, tiene nueces
al probarla se apoltrona
no una sino mil veces
la virgen de la Corona
Al tocar tus labios besa
y trastoca las neuronas
hasta a Dios y la alcaldesa
si no comes desentonas
Desayuno y merienda
entusiasmo algarabía
un trocito pa´mi menda
y otro grande pa´mi tía
Es la trenza de mi España
no es cristiana ni romana
como siempre te acompaña
la virgen de Tolosana
Enredados en su dulzura
levitamos y tocamos
el cielo y la estatura
crece mientras tragamos
trenzados y bien atados
a tu grupa laminera
orgullosos y honrados
toda Almudevar entera
Los Saputos que luchamos
antes con los cruzados
ahora ya solo estamos
pa´servir a los trenzados
Por lo pronto, como un trozo
y degusto esta ambrosía
El alma llena de gozo
y la tripa de alegría.
...(continuará)
SIGLO XXI
Abanico que no hay viento
Agazapado y sumiso, en la sombra de la parra, sin mover un solo hueso para llamar a la calma, para que el sueño acompañe, el canto de la chicharra, abanico que no hay viento el sudor baña mi espalda, y respiro despacito y me mezo en siesta larga.
Abanico que no hay viento, ni frescor que lo acompaña, aire mudo y quieto al tiempo, impregnado de sombra larga, necesaria, insuficiente, para calmar tu arrogancia, esperando la fresca noche, necesaria como el agua.
Abanico que no hay viento, hojas quietas en suspenso,esperando su momento, que no es otro que el invierno, de momento quietas todas, agazapadas y mudas interceptando el fuego, proyectando sombra pura, poca cosa en este infierno.