miércoles, 26 de diciembre de 2012

con el ocaso acuestas

Con el ocaso acuestas, decidí cornear esta vida de mentiras y atrocidades como se hacen estas cosas, bebiendo como un cosaco hasta confundir churras con merinas, total, que más daba, todo parecía caerse a cachos, me encontraba asendereado, y ya no tenía mucho sentido bregar en esta vida tan conflictiva, tan problemática, llena de disgustos, ni evitar dar una imagen de borracho decrépito, es más, apetecía mostrarse ante este mundo como eso, como un borracho decrépito, insensible a las trabas y trampas de esta sociedad absurda y trastocada que no tenía autoridad moral para imponer nada, como una especie de rebeldía a este mundo, emborracharse hasta perder la razón, pues la razón no era más que un obstáculo y un factor de sufrimiento. Así pues entré en el  Pub Los Corceles, una whiskeria tipo años 70, con mucha moqueta, oscuro y con mucha madera, un lugar muy adecuado para mis fines. La oscuridad me camuflaría...todos los gatos son pardos, y la madera y la moqueta darían el calor y el glamour que se precisaba. Una canción de Mari Trini sonaba cuando entré en aquel tugurio, y eso si cabe le daba un aire más trasnochado y familiar al lugar. Un camarero con pajarita negra y camisa blanca me dio la confianza que necesitaba, parecía ocupado tras la barra, sacando brillo a unas copas. Un grupo de tres maduros varones triponcetes daba buena cuenta de unas cervezas tostadas y luego dos ejecutivos nada agresivos, meditabundos y solitarios apuraban algo parecido a una tónica uno de ellos (ya sería un gin tonic) y el otro una inconfundible copa balón de coñac (ya sería brandy). Yo no tenía manías, y decidí empezar por un gin tonic para estimular la tarde. El barman me recitó 4 o 5 marcas de ginebra, y como a mí me daba lo mismo una gorra que un sombrero, acabé pidiendo una que por su nombre me sugirió algo más, así pues pedí una Bombay blue, para transportarme antes lo más lejos posible. Al principio no los había visto, ocultos tras una columna  decorada con motivos marineros, en la zona más oscura y lejana de la barra, pero ahí estaban una pareja de mediana edad dándose el lote como quinceañeros con picores. Para mí que debían de ser dos amantes, no tenía pinta de que esos dos fuesen pareja estable a tenor de los arrechuchos y miraditas que se traían, ese lote que se estaban pegando no era propio de adultos, pero a mi me agradaba ver algo de amor aunque fuese clandestino mientras yo me cogía la cogorza que anhelaba. Así pues en el bar estábamos que yo supiese: el barman, los tres tripones cerveceros, los dos ejecutivos adormilados y solitarios, la pareja luctuosa y yo mismo, para que más. No había televisión encendida, así que no había más atracción en ese bar que las personas que lo ocupaban o alguna distracción que tu mismo te procurases, ya fuese un libro, o el socorrido móvil, que entretenía tanto últimamente con sus jueguecitos, sus mensajitos y todas esas chorradas para perder el tiempo que tienen esos aparatos cada vez más sofisticados. Yo preferí no marearme mirando pantallitas, ni leyendo el periódico, que ese sí, estaba disponible en un mueble ad hoc que se encontraba en la entrada del Púb.. Suspiré profundo y seguí bebiendo con fruición y determinación. Antes de acabarlo y con el vaso entre mis labios, levanté el dedo mirando al camarero que estaba ocupado atendiendo a los supuestos amantes, y le hice señal para que sirviese otro gin tonic. Solícito y servicial el impoluto camarero volvió a servirme otra copa de lo mismo. Yo permanecí sentado con ambos brazos estirados y apoyando las manos sobre la acolchada barra, dejando trabajar al camarero que escanciaba ginebra, Bombay blue, sin hacer comentario alguno. Me entró un poco de hipo que supe disimular con oficio. Volví a la carga, a chupar del frasco, esta vez con más determinación y velocidad que el primer combinado, no tenía periódico que leer, ni tele que ver, y los clientes del pub eran como una foto fija, no daban pie a ningún comentario ni llamaban la atención lo suficiente como para entretener mi ociosa noche. Pero me encontraba a gusto, cada vez más a gusto, la ginebra iba haciendo su trabajo, me iba tranquilizando, relajándome las extremidades y produciendo un bienestar general que me hacía sentirme bien. Fui al baño un momento, antes de finiquitar la segunda copa, para aliviar la vejiga y de paso estirar las piernas. El baño olía a limpio, el alicatado era oscuro pero elegante y el dispensador de jabón se encontraba lleno y en perfecto estado de funcionamiento, algo que se echa de menos cuando uno visita los locales de hostelería. Cuando volví todo seguía en orden, no se había movido nadie de su lugar...la pareja de amantes, los solitarios (como yo) ejecutivos, los tres triponcetes, y el camarero. Nadie más ni nadie menos. Vi como los tres amigos solicitaban a su vez unas cervezas nuevas que siguieran dilatando sus estómagos. Sin pensarlo, y sin darme cuenta que me quedaba al menos un tercio de mi segunda copa, volví a pedir una tercera, esta vez de palabra, pidiendo por favor una tercera copa. Al hablar me di cuenta que mi pronunciación había cambiado un poco, quizá un pelín engolada, pudiera ser, era, que el gin tonic empezaba a hacer su trabajo dentro de mi cerebro. Dándome cuenta de que todavía me quedaba bastante gin tonic por apurar, así la copa y de un tragazo apuré todo el líquido elemento. Dejé tres hielos en el fondo apenas deshechos debido a la celeridad de mi ingesta. Tercera copa. Ni pío. Oigo la puerta de entrada al local, hacía dos copas y media que no se movía esa puerta, ni para dar salida a los que estábamos en el local, ni para recibir a ningún cliente nuevo. Quien fuera tenía dificultades para activar el mecanismo de apertura de la puerta, empujaban y no había que empujar si no tirar, y para abrir la sobria puerta de madera había que tirar con determinación. Por fin parecía que la puerta empezaba a ceder, se vio un pie intentando trabar la puerta del local, por fin un tirón definitivo terminó por ceder la puerta y vi entrar un rostro familiar, muy familiar, ya lo creo, era Luis Ardiles, Luisito, el encargado de Expansión, muy buen chaval, buen compañero, muy cercano, también era del Atlético como yo y esa complicidad nos dio bastantes ratos de conversación en la cafetería del curro. El caso es que Luisito entró en el Corcel y enseguida me vio.
    -Hombre Víctor, que pasa chaval, que haces tu por aquí?    
    -Ya ves Luisito, celebrando el Ere...
-    Coño, pues como yo...ya me tomé dos copazos en el bar de Antuan y estaba el ambiente un poco soso y decidí cambiar de bar...y seguir celebrando. Está la cosa chunga eh Víctor?    
-    Chunga? Que tomas?
-    Lo mismo que tu
-    Jefe-ya con la confianza bien ganada- ponga un gin tonic a mi compañero...un bombay blue.
-    Eso un Bombay blue y unas aceitunas.       
Víctor y Luis se tomaron sus copas, se gastaron todo lo que tenían y juntos salieron a la calle. Nada más salir la algarabía era tremenda.

con el estro por los suelos

Con el estro por los suelos, con la musa así vencida, mirando sin contemplar, sabiendo que el gesto mudado y cambiante ya no estimula la prolífica obra. La apatía por bandera, el estío del alma envuelta en la turba de este tiempo, en el alboroto de sombras, sin discernir su reflejo, todo confuso y provisional, sin nada para vencerlo. Se necesita la rasmia, el ejercicio resuelto, el saberse necesario, el tener fuerza y quererlo, un puñetazo en la mesa, un equilibrio por dentro, seguridad ante todo, estimular el revuelo, organizar la molicie, apuntar cielos pretendo, y dirigirnos derechos, perdurar en la justicia, cambiarlo todo de nuevo y llegar sanos y salvos a un mundo sin leguleyos. Pero eso es tan difícil, tan complejo y tan distante, que a veces solo pensarlo nos cambia el semblante, nos pone en entredicho, nos sopesa en nuestro ego, nos equilibra las acciones, los gestos y lo que hacemos. El mamotreto que vemos, el circo montado a nuestra costa, todo el embrollo que se agolpa para supuestamente organizarnos, claramente se ve el declive, el ocaso, todo es un trampantojo, queríamos ver una sociedad moderna, evolucionada, versátil y justa y es todo lo contrario, donde veíamos modernidad ahora no es más que una pose, una foto falsa de una realidad que no es tal, donde queríamos ver evolución observamos su contrario, constatamos la falacia, el proceso inverso, una involución en calidad de vida, un mundo más contaminado, más podrido, más sucio, peor, consecuencia de todo esto, tenemos un mundo más injusto, más cerril y absurdo. Despejados a base de hostias, nos encontramos aturdidos, pero enteros, chupando un palo sentados sobre una calabaza, despistados, sin reacción, sin baza, sin saber bien que hacer o que no hacer. Asumiendo como un castigo divino todo este marasmo, este vendaval de oprobios, como si de un mal ajeno y lejano se tratase, y sin embargo es una barbaridad cercana, doméstica, una patraña interna, de andar por casa. Y así estamos, en este impás de abulia, de gestos cabizbajos, de pesimismos atávicos y amoldándonos a esta nueva y triste vida. Lacerados en la costumbre del sufrimiento diario, de las malas noticias, del fastidio perenne. Sin asideros, sin seguridades, nos encontramos solos y desvalidos, y la huida hacia delante aparece como vía de escape a tanta abyección. Así pues es nuestra condición de carne de cañón lo que nos empuja al abismo, nos entregamos impúdicamente a cualquier tipo de ensoñación, a cualquier excusa para salir volando de esta realidad que nos atenaza y nos domina. Cualquier droga será buena para sanar estas heridas profundas, y si no es así, que más da, pereceremos en cualquier caso entre tanto escombro de dignidad. Huir hacia delante, salir del hoyo metiéndonos en otros hoyos. Cualquier ginebra será lo suficientemente limpia y cristalina para reflejar nuestra condición marchita, nuestra ruina humana. Entregados al vendaval de este tiempo negro, al cerco de maldades, de inhumanidades. Expuestos a pleno diluvio. Sin ética, sin patrón, sin pautas, simplemente intentar sobrevivir y no pensar. Total para que.

cicatero en torno a musas

Cicatero en torno a musas, pergeñando el vil consuelo, el devaneo de sesos inyectados en otros sueños más lejanos y más ciegos. Perdido en la nube de mi apariencia, ya no veo el momento del tormento, de salir de la ataraxia que me ahoga, esta calma sin final que asusta y brama, para seguir un día más en la estacada, un día más distrayendo el tiempo muerto, dejando que el bostezo se proyecte, disimulando la baba que aparece en comisura, el tostón de horas a cero, de nada, esta calma chicha, esta abulia, este pan sin sal, esta nada, los días al vacío empaquetados, que no dicen nada, no se miran, son iguales, dormidos, son fantasmas, y esperando que suenen las trompetas, que algo haga tambalear la enredadera que ya no es más que una quimera, que una duda existencial que una pamplina, demacrado ante el trampantojo de esta vida, ante tanto aburrimiento en desbandada, que nos deja dormidos, tumefactos sin aliento, con la cara de bobos, con el sueño pertinaz, con la rabia dopada, con menos vida, pero con un gesto seco y pobre, con el final igual que un pasado ya contado, nada se inmuta, todo permanece, y la sombra se proyecta sobre otras sombras más largas y trazas círculos al tiempo, sin mover la esfera del reloj, sin mejorar nada la apatía al resquemor...apenas ya respiro, y gasto oxígeno, y eso es todo. Entrecierro o entreabro los ojos, sin atmósfera, tumefacto, transpuesto y soñoliento. Tirado como un perro a la sombra y sin embargo pienso, pensamientos indolentes que recorren cansinos mis neuronas desgastadas, sin llegar a ningún puerto, sin conseguir concentrarme, son ensoñaciones imprecisas, bagatelas distraídas de mundanas experiencias que no sujeto en el tiempo ni puedo atrapar. El esperpento a que llegó este mundo, el declive constante, la abulia que sucedió al derrumbe del sistema logró cuerpos inertes, seres vacíos, absurdas apariencias y ese gris constante, perenne, que redujo a encefalograma plano a la totalidad de la humanidad. Hoy somos ancianos en foto fija, somos escombro de una obra fallida, nos movemos a empellones sin criterio, sin norte, sin argumento. Vamos y venimos, entramos o salimos como pirulos en feria, pero ya no tenemos gesto ni arrojo para capear el temporal, estamos sin alma, desposeídos de la entraña, del fundamento, de la sustancia necesaria para enfrentarnos a las vicisitudes que nos contiene. Flojos e inferiores, expuestos al ir y venir de este carrusel a la deriva. Deteriorados, humillados y cabizbajos somos zombis en este mundo, esperamos con desinterés y apatía que todo acabe, juntos, unidos en el declive, hacia la extinción, como única salida cierta, como único fin en si mismo. Así como estamos, como estoy, sin pulso, sin espíritu, sin estímulo cual piedra abandonada en la cuneta de un camino sin transitar, sin influencia, cosificado, inerte, a escasos centímetros de la parca.

calma chicha en el parque

Calma chicha en el parquet, un silencio atronador que es certeza del punto final. El bedel cierra y tira la llave al río. Standard & Pourds emitió su dictamen: Este terreno está baldío, hay que volver a labrarlo, abonarlo y esperar a que venga el terrateniente para sembrarlo si considera oportuno, de momento aquí no hay nada que hacer. La hucha se la llevaron a las Islas Caimán y allí permanecerá a buen recaudo, custodiada por un español de pro que erizado por el himno patrio se le escapará una lágrima mientras lo escucha, después se volverá a arrellanar en su tumbona, pedirá un daiquiri, suspirará y a otra cosa mariposa. Mientras el camarero escancia de la botella de alcohol caro en la copa del magnate, la televisión emite un himno militar trasnochado y enigmático, parece ser que sí , que esta vez si la guerra es una evidencia, los primeros tanques entran en la plaza.

apostó por la lascivia

Apostó por la lascivia como modo de respuesta a la debacle socioeconómica que le cercaba. Alrededor el pulso se detenía y el caos parecía perenne, de tal manera que se encerró en su caparazón y empezó a vivir por dentro sin preocuparse de las miserias que quedaban fuera de su subterfugio. Su mundo interior crecía mientras por fuera la casa se descascarillaba. Abrazó el vicio como defensa, se entregó al hedonismo como respuesta y creó un microclima austero y un círculo de amistades que no fue otra cosa que una terapia de grupo que encontró en el sexo un reducto económico y feliz. Aprendió a comer poco y follar mucho, a gastar poco y ganar menos y a vivir de espaldas al noticiario que amargaba. Mientras eyaculaba escuchaba la turbamulta que se manifestaba en la calle. Se levantaba del catre y miraba por la ventana como los antidisturbios lanzaban pelotas de goma a la multitud. Él, evadido y soñoliento después del coito volvió a cerrar la ventana por seguridad y a correr la cortina para evitar que su bienestar plácido se viese interferido por la atmósfera perniciosa que el exterior generaba. De alguna manera estaba haciendo la revolución. Cada vez salía menos de casa, lo necesario para reponer viandas y enseres necesarios para la supervivencia. El subsidio era escaso pero suficiente para no morir de hambre. Creó una filosofía en la red con este discurso rijoso y libertino. Su argumento lujurioso tuvo eco y respuesta, y generó un círculo cada vez más amplio de mujeres dispuestas a evadirse en esta nube verde y voluptuosa. La depresión que nos vapuleaba en el exterior era bálsamo y paz en el interior de su casa. Sexo y agua fresca, pan y frutas, el resto sobra.

acometer la obra

Acometer la obra, sumergirse en el denuedo cotidiano, respirar laboriosidad y no levantar la cabeza de la mesa de trabajo bajo ningún concepto, desaconsejando los descansos y obligándonos a un mayor esfuerzo por lograr mayores cotas de productividad que nos lleven al vacío. Así es, nos quieren convencer de que el sacrificio, la austeridad y el trabajo nos sacarán del hoyo, pero en esta orgía capitalista la receta no vale. El capitalismo no está diseñado para la austeridad, para el ahorro, muy al contrario, es un sistema golfo, derrochador, el capitalismo engorda y se hace fuerte cuanto más despilfarro y más gasto hay, se trata de consumir, de pulir bienes de consumo, de tirar y volver a comprar, es en ese medio donde el capitalismo crece, donde el sistema florece. La austeridad, el sacrificio, el trabajo constante y regular, todo esto tiene sentido en economías planificadas, hieráticas, posiblemente socialistas. Lo que no se puede es mezclar recetas, pues lo que ocurre es el caos. Y junto al caos, la injusticia, la insolidaridad, la perfidia, el despotismo malsano, pues lo que se pretende es adelgazar el gasto, quitar Estado, menos sanidad, menos educación, gastar poco,  eso sí, se pretende que los señores de la pasta muevan ficha, y para ello tenerlos contentos, en un bálsamo social, en un lugar amable y sin trabas, donde puedan invertir sin riesgos, sin problemas, sin aportar mucho, para que así gasten/ganen más, para que lleguen donde el Estado no puede/no quiere. Se trata de empresarizarlo todo. Y para que los empresarios naden en aguas tranquilas el resto nos vemos obligados a remar contracorriente, a luchar en la precariedad, a ser austeros, pobres por decreto; y ese es el error: el capitalismo se mueve mal entre bolsillos vacíos. Por muchas facilidades que se de a los señores de la pasta, éstos no van a hacer grandes negocios pues sus productos van a caducar en los almacenes puesto que nadie va a poder comprarlos, y es entonces cuando se produce la paradoja, cuando salta la alarma, cuando el capitalismo se colapsa. El capitalismo es muy vulnerable, es un sistema rancio, antiguo, ha cambiado poco en el fondo aunque mucho en las formas, pero en definitiva viene a ser el mismo de siempre, la eterna cuenta de la vieja: invertir A para obtener A más B, ni más ni menos, desde Adam Smith esto fue siempre igual, luego se inventaron capitales monopolistas, enredos financieros, etc…pero el meollo es el mismo, si no hay beneficio no hay negocio, no hay nada. Hacer capitalismo es fácil, lo difícil, lo que requiere inteligencia, recursos, imaginación, y mucha dosis de ingenio y otras cosas es crear un sistema económico que supere este sistema bobo y absurdo. Lo difícil es no crecer y no morir por ello, generar recursos para la población suficientes sin generar desigualdades atroces, lo complicado es compatibilizar ética con economía, lo imposible es este engendro que nos quieren vender, no asumen que el capitalismo está caducado, que está desquiciado, y mueren matando.

Servil cucaracha

Servil cucaracha de este Estado adormecido, te sorprende la revolución en el wáter, cuando quieres darte cuenta ya está todo el pescado vendido, y tu argumento pasó de moda. Sigues anclado en tu puesto de mando, estabulado en la garita que se te asignó. La radio no funciona, y esperas órdenes, pero estas no llegan, y lo peor de todo es que no llegarán jamás. Pero tu firme en tu ademán, fiel a tu designio, a tu mandado. Te encuentras raro, extraño. No estás diseñado para ajetreos históricos, lo tuyo es la monotonía, la televisión y el Carrefour; y este tiempo que viene arreando barrunta cambios, exige movimientos radicales que tu no estás dispuesto ni de lejos a asumir. Introduces la tarjeta en el cajero automático y no te la devuelve, se la tragó para siempre, no hay donde reclamar, no hay nadie a quien pedir explicaciones, el despiste es mayúsculo y terrible, de la noche a la mañana se apagó la luz, se cerró el grifo y se agotó el crédito. Deberías hacer algo, gritar al menos, pero no tienes fuerza. El panorama es desolador, el cataclismo es inminente y tú sigues empanado, esperando que alguien te pellizque y te despierte, pero no es un sueño, es la más cruda de las realidades, la más negra de las verdades. Los padres de la patria están desaparecidos, huyeron de la quema a otras patrias más calientes y millonarias, se llevaron consigo la bandera nacional para ponerla orgullosos en cualquier paraíso fiscal que les acoja como lo que son, prohombres muy patrióticos que esperarán a que escampe y puedan volver. El tocomocho es ya una evidencia, pero tú no lo ves, no quieres verlo, ni  te revelas ante tanta desfachatez, no puede ser que el Estado de Derecho sea esta pantomima que ahora te abraza. Suena el timbre y tu jornada de trabajo terminó. Como cada día, recoges tus pertenencias y fichas sin mucho ánimo. En la calle unos locos gritan consignas contra el poder establecido, agitan pancartas, gritan y arrojan piedras contra la fachada del Ministerio, y tú los miras como quien ve llover, no te identificas con esas formas, te parecen soeces, procaces, violentos. Acobardado y mohíno te das la vuelta para no pasar delante de ellos, caminas despacio y pegado a la pared, llamando poco la atención, sin apenas hacer ruido. Oyes disparos, estruendos…algo debe estar pasando

lunes, 19 de marzo de 2012

Hacia el sol sube la nube

Hacia el sol sube la nube, harta de estar sola, sube para quemarse, es un suicidio de  agua, ya no sirve para nada, abajo deja el cielo raso, el aire sin nada.
Hacia el fuego acude el árbol, se suicida harto de no ver agua.
El viento que todo lo puede revisa que todo esté bien seco.
La lluvia no está, tan solo permanece su ausencia, no hay nubes.


Por las grietas de mi mente surge el bando que resuena en los tuétanos de la historia, para tomar la curva que nos lleva al cortocircuito técnico de lo que un día fue el albor de la humanidad. Cierto es que el humanisferio nunca llegó a desarrollar su potencial, cierto es que las sombras fueron más que las luces, pero ahora la negrura y el ocaso lo son todo, no hay resto de lo que fue razón. El Apocalipsis técnico es un hecho. Lo que vemos, oímos y tocamos son solo espectros, fantasmas de lo que debiera ser. Esa risa que escuchas está enlatada o es falsa, forzada o ridícula. Lo dicen por la televisión, pero es mentira, no hay un atisbo de esperanza, es un burdo rumor, es una entelequia, una falsedad angustiosa, la civilización conocida se desfigura, los valores de los humanos se anulan, el mundo se desintegra por los cuatro puntos cardinales. La tierra se revela.

Un incendio en la colina es una línea naranja continua en el horizonte, parece lejano, pero el calor y el olor lo aproximan. Lo miramos con indiferencia, sin conmovernos lo más mínimo, alguien debería hacer algo...no hay nadie que pueda hacerlo, no hay agua, no hay nada, la televisión ni lo nombra.

Solo se escuchan risas en la televisión, y cuando las vemos ni tan siquiera sonreímos.
Hay ratas y cucarachas, sobre todo, comen carbón y basura, trapos y plásticos.

Gris, si hay un color es este, atrás quedaron los verdes, atrás quedaron los olores a tierra mojada, a bosque, a vida. Gris.

El llanto ni nos inmuta, es tan natural como el viento sur que azota todo, tan común como el polvo seco que respiramos todos los días.

Oxido y metal viejo, chatarra inservible que se amontona en los rincones de las paredes ruinosas. Alguien rebusca entre esos restos y no encuentra nada.

Solitarios por doquier, pasean su inmundicia mirando el suelo que apuntan sus zapatos desgastados y viejos. El sol castiga tamizado por el humo. Cada vez huele peor.

Hoy descubrimos una hoja seca marcando la página 100 de un libro. El capítulo que empieza es el número 14 y se titula  “El sueño de un mundo nuevo”. Me como la hoja seca.   

Dos miradas se encuentran pero están mudas, sin embargo comunican hartazgo; una explosión devasta algo en la lontananza, el fuego se propaga más si cabe, dejamos de mirarnos y volvemos a concentrarnos en el macilento gris del suelo.

Abro el grifo sin esperar respuesta, tan solo el eco sordo, el gemido de cañerías vacías.

Un gato famélico y sucio huye de la presencia de unos jóvenes que lo persiguen infructuosamente con la intención de comérselo.

La televisión sigue emitiendo. Los comentaristas sonríen y hablan de cosas y sitios que ya no existen, suena música alegre de fondo.

A veces tras una puerta cerrada un olor fétido a cadáver rancio se propaga por el recibidor, nadie se atreve a echar la puerta abajo.

Suena un teléfono, hace semanas que no oíamos un teléfono sonar. Lo miramos, nadie se atreve a cogerlo pero no hace falta decidirse a cogerlo. Deja de sonar al tercer timbrazo.

Es raro escuchar una frase larga, tan solo monosílabos, todos tristes, todos dichos en voz baja, sin mucho énfasis.

Un esqueleto de vaca aparece tras los restos de una valla hundida. Los huesos son grises y están secos y esponjosos, hace mucho tiempo que dejó de mugir.

Miramos fotos antiguas con pena pero sin lágrimas, con la mirada clavada en las ropas, los gestos alegres, las plantas, los animales, la comida que ya no existe.

El calor es atroz, a mediodía es insoportable, tan solo cuando se pone podemos salir a deambular, a rebuscar entre la miseria algo orgánico que nos sirva para no morir.

Una docena de individuos cavan una fosa. No sabemos si buscan agua o construyen su mortaja.

Medianoche en el infierno, no hay luz, solo unas pocas pantallas de televisión y los fuegos que dibujan el horizonte arrasado.






jueves, 12 de enero de 2012

Te fuiste como se fue la primavera

Te fuiste como se fue la primavera, poco a poco, casi sin darme cuenta, te evaporaste en la temporalidad, en el absurdo discurso cada vez más tenue, mas dilatado en el tiempo, menos insistente, más silencioso, más pausado, cuando quise recordar ya no se escuchaba nada, ya no estabas a mi lado, sin apenas percibir el susurro de tu voz, una mañana cálida de julio, mis sábanas estaban estiradas y lisas como si no se hubiesen utilizado, no se utilizaron, y yo apenas me di cuenta, fue un proceso lento, pausado, pero constante y dilatado en el tiempo, y así fue que una mañana de julio definitiva y total, ya no quedaba huella, no existía el rastro, ni un ápice de tu presencia, tan solo un leve aroma a tu ausencia, y así quedé, sentado en la silla de enea de la cocina, mirando por la ventana, con la mirada perdida en un futuro incierto y hostil, una mañana de julio todo se desvaneció, pero la caída había comenzado tiempo atrás, no se exactamente cuanto tiempo atrás, ahora lo pienso y quizá empezaste a ausentarte y yo no me daba cuenta, absorto en mi ego, sin percibir que tus silencios se agudizaban, que tus ausencias eran mayores, que nuestras miradas no se cruzaban, y ahora que lo pienso, me doy cuenta de que todos los días dabas un paso, todos los días te ibas un poco, y es ahora, esta mañana de julio cuando me miro en el espejo y el reflejo que escupe no es más que el rostro solitario de alguien que no pudo ver las evidencias que se le mostraban y que dejó al azar la resolución de una relación, que ya no era tal, si no el sueño, el recuerdo de otros tiempos, de otras vidas vividas, tiempo atrás, tan atrás que ya no sabría decir cuanto. Ahora sentado en esta silla, mirando por la ventana, intento buscar en el horizonte cuando empezaste a hacer las maletas, cuando empezaste a preparar el viaje de salida de mi vida, y no logro recordar, no veo con claridad el momento en que la felicidad, si es que la hubo, se torno en desasosiego, y de ahí angustia, y deseo de huir, de escapar, de salir pitando de esa vida que llevabas. Ahora todo pasó, y es en esta mañana de julio, cuando el sol empieza a castigar, cuando ya no puedo por menos que dudar de tu existencia. Necesito saber que fui para ti, que lugar ocupaba en tu vida, saber si hubo algo de verdad, o si todo fue un simulacro, un ensayo general de algo que no existió en verdad. ¿Me quisiste? ¿ Por qué estuviste tantos años a mi lado? Y ese silencio, esas miradas perdidas, ese extraño ser que habitas, que ya no reconozco, que apenas es un recuerdo de lo que fue, de lo que fuiste, y mientras sigo cavilando frente a la ventana, en esta mañana de julio, que debería ser luminosa y radiante, y sin embargo para mí es como una noche cerrada y fría, no entiendo, es como si la amnesia se hubiese instalado en mi vida. Me encuentro confuso, sin saber a que atenerme, por donde reconstruir la vida, que hacer para olvidar, para domeñar este futuro que se atisba incierto. Necesito una seguridad, un lugar común, algo a lo que agarrarme para poder seguir flotando, alguna ilusión para poder levantarme todas las mañanas que me queden sin tener que pasar por el trauma de tu recuerdo ausente, de tu presencia distante. Necesito olvidarte y sin embargo no lo consigo. Me encuentro hueco, vacío y desarmado, sin estímulo para olvidarte, sin proyecto que desarrollar, hastiado y mortecino.  Y esta nota definitiva, cruel, a modo de liquidación, de finiquito, oficializas el adiós , me dices que te vas, ¿no te habías ido ya? Me cuentas que ya no me quieres ¿me quisiste alguna vez? agradeces mi paciencia, mi compresión, me tiras unas cuantas flores para que no me derrumbe, te flagelas un poco para mostrar lo doloroso que es también para ti esta separación, pero yo no te creo, entre líneas se ve claramente que te quitas un peso de encima, que estás radiante y jubilosa, deseando empezar esa vida nueva que te espera fuera de la tristeza de esta casa que ahora es la mortaja en la que me encuentro. No tengo la certeza, pero me pitan los oídos, parece evidente que tu tienes un proyecto, parece ser que tienes otra compañía, quizá alguien que también te quiera como yo, no creo que más, quizá alguien que te haga reír, que te produzca tranquilidad y seguridad y sobre todo que te haga feliz.

Historias de la crisis 3

        No se mueve una hoja, algo pasa, está todo en calma, en una angustiosa calma chicha, el silencio es atroz. La apatía una constante, la inacción es norma, cotidianeidad, el proceso se para. Los pocos gestos que se ven son hostiles, o simplemente tristes, dejan caer los brazos y la molicie les deja sin baza, están al libre albedrío, no existe pulso. La decadencia social es apabullante, una losa pesada y mortecina, que cae lenta pero inexorable y segura, nos aplasta todos los días un poco más. Algo está pasando, esta demasía en la calma, esta ralentización de la vida social, este bajón anímico nos lleva sin remisión a un tsunami que ahora está oculto, pero que sin duda acabará por arrollarnos en el futuro, si es que existe eso que llamamos futuro. Desde luego algo pasa, y así como tras la tempestad viene la calma, esta maldita calma presagia el cataclismo. Las tiendas están vacías, se ve poca gente deambular por las calles, pocos coches transitan las hasta hace poco atascadas calles. Apenas hay ruido y no es agosto, es más estamos acabando septiembre, la gente debe de estar, pero donde? Deberíamos estar nerviosos y sin embargo no lo parece, la procesión debe ir por dentro, a simple vista lo que se ve es una sociedad narcotizada, sonámbula, sin norte, pero tranquila, o al menos con esa pereza, esa pachorra caribeña que precede al sueño profundo. Nos estamos quedando sin aliento y no somos capaces de morir matando, muy al contrario, nos rendimos en esta tibieza, bajamos los brazos sin plantar cara, sin responder a tanto oprobio. El desgaste de ánimo es inmenso, el bostezo social es una constante. Evitamos la lucha y el desgaste, evitamos el enfrentamiento, el disgusto, la batalla. Nos conformamos con esta lenta agonía, escondemos la cabeza debajo de la tierra y afuera están cazando avestruces, pero como no vemos no nos importa, no nos afecta el desvarío. Nos llega el eco de las trompas del juicio final, y miramos al cielo indolentes, sin aspavientos, sin mostrar gusto o disgusto, sin cambiar el rictus, esperamos con resignación lo que nos tenga que venir, lo que nos haya de pasar, no nos cuestionamos lo injusto o injusto de esta situación, simplemente nos dejamos llevar y miramos para otro lado, evitamos los disgustos, lo malo. Nos emborrachamos de optimismo barato, y a pesar de las calamidades nuestra existencia vicaria no deja que pensemos en lo que realmente está ocurriendo sino que nos vemos abocados a vivir como los niños, en un mundo que no es real, en un universo que ya no nos pertenece.

Historias de la crisis 2

No vendo una escoba...estoy acojonado. Aquí hay algo que no encaja. No entra nadie a hacer nada, ni siquiera a preguntar, no te cuento ya a gestionar algo...hace días que no tenemos a dos personas en el chiringuito a la vez, y el caso es que yo sigo aquí, y nos siguen pagando, pero la verdad, tiene una pinta fatal. Está todo mal, muy mal, no hay nada de movimiento económico. Los bares vacíos, las tiendas vacías, parece un domingo de semana santa, y es lunes de finales de septiembre. Todo apunta a la debacle, al ostracismo perpetuo, al fin de etapa. Hay veces que casi lo que dan ganas es que pete todo, que se vaya a la mierda, que pase lo que tenga que pasar, por que esta angustia, esta espera desasosegante empieza a quemar por dentro. Estar en este estado de incertidumbre produce una zozobra y un  comecome que no es nada beneficioso para nada, algo tiene que pasar, algo debe pasar, esto no tiene buena pinta. Este silencio me produce un nudo en la garganta. La radio no deja de vomitar catástrofes y debacles, y la verdad, lo mejor es que pase lo que tenga que pasar, que se hunda lo que se tenga que hundir, por que esto de estar esperando el fin del mundo todos los días no es vida, no se puede estar todo el rato amenazado, en alerta, esperando a que nos lluevan piedras. Llega un momento en que los nervios te pierden, dejas de pensar, tan solo estás en ascuas, en guardia, sabiendo que te van a dar una hostia, pero no sabes cuando, ni por donde, pero sabes que te va a caer, con lo cual, lo mejor es que nos la den ya, que nos peguen la hostia que nos tienen asegurada, y así cuanto antes nos sacudan el golpe, antes pondremos el bistec en el ojo, antes empezaremos a curarnos. 

Historias de la crisis 1

Son déspotas, pero son sibilinos, y no te enteras, es acojonante. Te embaucan, te lían la cabeza, yo no se si será el olor a colonia o los atuendos de pijos encorbatados que tienen, pero cuando quieres recordar te has metido en un follón de tres pares. Todo sonrisas, palabras agradables, con esos tonos que tienen de voz, tan moduladitos, son voces que parece que te acariciasen; y esos movimientos tan estudiados, tan naturales, con esa percha que tienen todos, que parecen salidos de un anuncio del Corte Inglés. Te van arrullando, poco a poco, te van hipnotizando con sus armas, te pintan el mundo de color de rosa, se van ganando confianza, te empiezan a tratar de tu, empiezan a sacar temas familiares para desentumecer, para crear distensión en el trato. Firme usted aquí... y entonces caes con todo el equipo. De momento un apretón de manos, sales de la sucursal pensando que eres igual que ellos, un hombre de mundo, un triunfador, hueles un poco a su colonia, te contagias de sus gestos, de sus ademanes, pero es cuando te ves reflejado en la inmensa cristalera de la sucursal, cuando te das cuenta que algo no cuadra. Meses después te darás cuenta que no solo no cuadra, si no que hay algo que va mal, que las cuentas no te salen, que no puedes cumplir lo firmado, y es mucho lo firmado, sobre todo largo, muy largo, mucho tiempo...y acabas de empezar. Entonces intentas arreglarlo otra vez en la misma sucursal. Pero el hechizo se rompió. Ahora el prestidigitador de las palabras no te dice abracadabra, ni te arrulla con su voz como la primera vez, ahora el tono es distante, lejano, y el mensaje es seco, como una máquina hueca, y lo que escuchas no te convence, pero no te lo va a volver a repetir, eso sí, te sonríe, y te dice que si tienes alguna duda que se lo plantees por escrito al gurú que está sentado en la pecera de cristal opaco, justo a su lado. Pero ya no percibes el olor a colonia, ni aprecias esa sonrisa como lo hiciste la primera vez, ahora el aire se corta, ahora el hielo te acompaña. Y un silencio inmoral se apodera de la estancia. Lo rompes levantándote despacio y aturdido. Sales drogado, atontado, sin saber bien que hacer, por donde empezar. Has escuchado la amenaza que se cierne sobre tu cabeza si no pagas lo que debes y en el plazo que te dicen. Esa amenaza te perseguirá, te acogotará de tal manera que cuando menos lo esperes estallarás por dentro como una fruta madurísima, y te deprimirás conforme el machacón mensual te va agotando tus recursos, te va succionando la vida y de esa manera te convertirás en helio. Tu existencia gaseosa se dispersará y dejarás de existir tal y como se te conoce, serás un ser nuevo, ataviado de deudas y luchando por permanecer intacto, pero el reguero de sangre me delata, los ojos arrasados de dolor me delatan, mi carne expuesta a los carroñeros de las finanzas me delatan. Y ese coche que no quería y acabé comprando por que se me ofreció como un chollo imposible de rechazar , como un plus necesario para seguir pavoneándome, hoy ya no funciona. Y estoy desesperado, y ya no se que hacer.