viernes, 25 de noviembre de 2016

He vaciado el cargador de mi Smith & Watson sobre su cetrino rostro

He vaciado el cargador de mi Smith & Watson sobre su cetrino rostro no sin antes haber escupido al suelo maldiciendo mi suerte. No me gusta disparar ni mostrarme violento cuando estoy trabajando pero imponderables que surgen acaban por hacer que me muestre violento y desagradable con demasiada frecuencia o que acabe descerrajando un tiro entre ceja y ceja a cualquier tipo que me soliviante. Es mi carácter. Después de machacar a un rival tengo la sana costumbre de tomarme un chupito de bourbon de un trago para limpiar mi conciencia someramente. Me encanta el Bourbon. A veces pienso que el subconsciente me traiciona y hace que se me dispare el revolver para así poder tomarme un chupito de bourbon. A saber. Mientras saco la petaca del bolsillo interior de mi chaqueta estoy contemplando el cadáver que acabo de dejar desangrándose en la alfombra y repaso mentalmente todas y cada una de las muertes que he ocasionado y por ende la cantidad de chupitos de bourbon que me he tomado a la salud de los finados. Aun recuerdo el primer crimen, hace tanto tiempo, que recuerdos, que tiempos aquellos. Me miró mal, muy mal, y lo pagó caro. Le ofrecí lo mejor de mi repertorio, le enseñé todo el catálogo de productos de importación y los descuentos que podría aplicar en función de sus compras. Le hice una demostración de la capacidad de absorción de nuestras bayetas e incluso me permití el gusto de obsequiarle con un juego de gamuzas para limpiar gafas, ni por esas, me miraba mal, muy mal. La puerta cada vez estaba más cerrada y sus muestras de desagrado eran ostensibles, de tal manera que no tuve más remedio que sacar mi revolver y disparar, con naturalidad, sin darle mayor importancia. Lo dejé tumbado en el descansillo de su entrada, tuve que empujar con el pie su brazo izquierdo para poder cerrar la puerta. Delante de la puerta cerrada saqué mi petaca de bourbon por primera vez y en ese preciso instante supe que mi Smith & Watson y mi bourbon iban a estar asociados de por vida. Cuando guardé la petaca de nuevo retornándola al bolsillo interior de mi americana observé como un reguerillo de sangre fluía por debajo de la puerta. Una patadita al felpudo sirvió para ocultar la mancha roja que amenazaba con extenderse.
Hoy ha sido diferente, hoy no tenía previsto utilizar mi Smith & Watson, no tenía previsto tomar bourbon, pensé que al ser Black Friday la clientela iba a estar más receptiva y no me iba a ver obligado a zanjar la conversación de forma abrupta con un disparo.

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