martes, 23 de agosto de 2011

papanatas que se dejan engatusar

Papanatas que se dejan engatusar, gentes blandas, gentes tenues, humillados una y mil veces por la torpeza del consumo pánfilo y estúpido, dejados a contramano por la historia en un rincón de gastos y pedantería, de chuminadas y polleces. Moñas sin papel en esta vida, pusilánimes de espíritu, carne de cañón, victimas de la moda, de las marcas, de la existencia vicaria , del aparente ausente. Encefalogramas planos. Absurdos y fútiles, pajarillos sin alas, princesas sin tul, un quiero y no puedo que frustra a tanto guapo de salón, a tanto bobo en ciernes, a tanta manada de estrechos de mente. Adulterados por el mito del éxito fácil, por la cultura del pelotazo, embotijados por los rayos uva y la payasez disfrazada, hoy me pongo esto mañana lo tiro y me compro otro, y no puedo, pero tengo que hacerlo, la tribu espera fuera a juzgarme, a valorar mi fachada que es lo único que vale, aunque esté hueco por dentro como un cubo de plástico. Y mientras gasto más que puedo, debo más que pago, exhibo más que guardo, huelo a colonia cara escanciada desde los probadores del corte inglés, pinto la mona y parezco pero no soy. Y así un día y otro y muchos días y muchísimos días, tiempo a gatas, maullando mi miseria. Pero lo importante es la foto, la apariencia, el barniz con el que deslumbro al mundo que me observa, y yo tan feliz de ser observado, de parecer, de hacer creer, de ser capaz de embelesar, y yo mas tieso que un ajo, paso con mi relumbrón alrededor de la plebe congregada a mi rededor con la boca abierta de asombro, y como luzco, como brillo, y ya puedo dormir tranquilo aunque los números vuelen sobre mi cabeza como las moscas en la mierda, aunque las cuentas no cuadren de ninguna de las maneras, aunque la nómina se muestre insuficiente para sujetar tanta tontería, tanto despilfarro, tanto gasto superfluo y baladí...pero no importa, soy lo que aparento ni más ni menos, y aunque podrido por dentro, hueca la cabeza y vacío el bolsillo, si luzco mis levi´s desgastados recién comprados, si huelo a armani, si los tapacubos de mi audi están brillantes, entonces nada debe preocuparme, las letras que debo, el desierto de deudas que se cierne sobre mi futuro, eso no es nada, si cuando salga a la calle oliendo a dios, si mis pantacas son tan desgastados y nuevos a la vez, si mi coche arranca a la primera , si la ventanilla ahumada de mi bólido se desliza para dejar que los acordes de mi supermegaequípo de música rieguen todos los oídos a un kilómetro a la redonda, si vivo reluciendo en mi vitrina de vida, entonces ya todo está bien. Y pasa el tiempo, y sigo pertrechado en mi glamour, en mi nube, en mi trampantojo vital, aparentando lo que no soy y siendo una apariencia, una foto trucada, un efecto óptico que brilla ante el espejismo que pretende ser, una flor de plástico hiperrealista que sin embargo no huele. Y así sin darme cuenta empiezo a ser otra persona, otra cosa, otra vida y borracho en mi ser me confundo de cómo soy, si soy o no soy yo, o que o quien soy y porque soy, así tan inútil, tan bobalicón, tan sosote, tan pánfilo, aunque huela a colonia cara, aunque mis ropas valgan mucho, aunque rompa y rasgue, a pesar del glamour que desprendo, pero yo lo sé, se que por dentro es todo una reducción al absurdo, un espejismo, un blufee. Pero sigo con mi pedagogía de anuncios inyectados por la vena, con mis chutes de marcas y colores, de patrañas verdaderas, cada vez mas tonto, mas abducido, y lo se, pero no puedo hacer nada, es tanta la droga comercial, tanto el subidón de adrenalina que me da el comprar, el aparentar, el verme en el espejo, que aunque sepa con certeza que cada vez soy mas huero, más papanatas, no puedo hacer nada por evitarlo, soy un jonky de este circo, de este barro. Y así pasan los días y las estaciones, y yo me adelanto a ellas, el futuro puede al presente. No termino de comer el turrón cuando ya me veo primaveral, y con los primeros estornudos de la primavera me pruebo las bermudas que luciré en el chiringuito este verano, y cuando sude como un pollo bajo el ventilador anhelaré el chaquetón de piel que vi. en el escaparate. Exigiéndole a la vida tiempo para gastar, lugares donde lucir, más gentes que me admiren. Y en eso paso el tiempo, estresado por lo que me dejo de gastar, por lo que dejo de lucir. Y es tanto...mi armario abarrotado es un complejo crucigrama que me cuesta solucionar cada día. Tantas variables, tantas posibilidades, todas tan validas y tan absurdas a la vez. Y el calendario me apremia. A estrenar algo, a acudir al esteticista, al peluquero, al gym, a la recepción del embajador, que se yo, y si no existe me lo invento. Hojeo las revistas del corazón con envidia contenida y absorbiendo por todos los poros de mi bolsillo las capacidades para poder ser espejo mañana de lo que ahora repaso en las fiestas marbellís , y todo me parece poco, y nunca luzco suficiente, debe ser normal, siempre me pasa. A un traje de un diseñador le sucede otro tan importante o más que el anterior, e intento ponerme al día para saber quien despunta más , quien es más actual, mas moderno, quien está a la última tendencia, no vallamos a equivocarnos, y eso sería imperdonable. Estoy en la pasarela Cibeles y con el reojo estoy en París y pensando en Milán, y me estresa tanta banalidad, me abruma tanto sofisma moderno, y en esas estamos, esclavo de este circo, humillado a tanto gasto, pero soy tan bobo y tan memo que nada me consuela, vivo en vilo, sin paz, ahuecado por dentro, con las pupilas gastadas de ver tanto lujo externo y no poder disfrutarlo pues mi billetera esta lejos, eso me desestabiliza, eso me sienta a cuerno quemado. Quisiera ser David Beckham o quizá un modisto moderno, pero soy tan solo una victima de aquello que yo no tengo. Necesito tener más , necesito estar cubierto de lujos y zarandajas, ser el centro del universo, el más guapo, el más alto, el más envidiado del cielo, lo malo es que soy muy tonto, y el lujo no me deja verlo..

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