viernes, 22 de febrero de 2013

te tengo en la cruz de la mirilla

Te tengo en la cruz de la mirilla. Podría disparar y quitarme un problema de encima y echarme otro. Voy a contar hasta diez y luego decidiré si aprieto el gatillo o no. No quiero precipitarme. Tengo razones para disparar y también tengo razones para no hacerlo. Matar siempre es desagradable, para que vamos a engañarnos. Por muy despreciable que seas, que lo eres, siempre es un acto terrible este de matar. Pero necesitamos que gente como tu desaparezcan. Es importante que los de tu calaña tengan miedo cerval para que cuando hagan las cosas se lo piensen dos veces. Es preciso que la justicia florezca, es vital que este sistema económico de un giro de ciento ochenta grados. Sé que con tu muerte no será suficiente para que esto ocurra, pero si valdrá como granito de arena para que las cosas tiendan hacia tan ansiado cambio. Sé que hay más de una pistola apuntando a seres viles y abyectos como tú. Imagino que ahora mismo todos los que estamos apuntando estemos dilucidando si merece la pena apretar el gatillo o no. Si no disparo será por mí, porque es duro convivir con una muerte que has causado, es complicado elegir en ciertas ocasiones. En cualquier caso, dispare o no, tu vida ya ha cambiado, nada volverá a ser para ti como era. Si hoy no te disparo, siempre te estaré apuntando, y cuando se está apuntando siempre, al final se acaba disparando, no falla.

todo el poder para los soviets

“Todo el poder para los soviets, toda la venganza para la clase proletaria...el obrero ha hecho todo y puede destruirlo todo por la sencilla razón de que puede volver a constuirlo”...Estábamos en 2011 y si cerraba los ojos y solo escuchaba, me transportaba inevitablemente a octubre de 1917, con la plaza Roja abarrotada de gentes, mientras León Trosky bramaba y arengaba a unas masas ya de por si inyectadas del veneno revolucionario. Ahora estábamos en 2011 y la plaza de la Puerta del Sol de Madrid tomaba el relevo a aquellos años de gloria y lucha. La revolución había comenzado, el estallido social se  estaba gestado, la utopía se estaba construyendo delante de nuestros ojos, y por mucho que nos pareciese mentira, era rotundamente cierto que una nueva era, un nuevo tiempo estaba emergiendo bajo mis pies. El capitalismo había consolidado unas estructuras muy férreas y parecía complicado hacer tambalear semejante castillo, pero la historia siempre guarda una sorpresa, un lugar para el imprevisto, para el hecho novedoso. Cayó el imperio romano, cayó el muro de Berlín, y ahora el estrépito lo ocasionaba la quimera capitalista. Puesto en evidencia por economías programadas, el liberalismo capitalista se vio aturdido y frágil y se deshizo como un azucarillo en agua caliente. Madrid humeaba en sus barricadas, pero el olor a quemado era una constante en todas las plazas donde el librecambio había campado: Trafalgar Square, San Pietro di Roma, Campos Elíseos, en todas partes donde el tocomocho capitalista vertió su hiel, la muchedumbre bramaba y colapsaba. La policía dejó pronto de contener para pasar a ser contenida en un primer momento y pasar a ser muchedumbre en un segundo acto. Columnas de humo, sirenas, escaparates rotos, y un silencio posterior. Fueron momentos de incertidumbre, momentos de tensión. Toda revuelta lleva consigo un dramático esperpento cívico que es la antesala del criterio común y de la solidaridad, parece mentira, del caos surge la llama del orden práctico, la fuerza de la razón, y la salida del largo túnel a que nos había avocado semejante despropósito. Los magnates aterrados huían como pollos sin cabeza, pero sin saber muy bien que hacer. Se fueron entregando a las columnas de voluntarios que se fueron organizando, sin apenas resistencia el poder popular se impuso de manera rauda y espontánea y lo que parecía una empresa imposible en tan breve espacio de tiempo se convirtió en milagro racional, en orden desde el caos, en virtud pública. Las mentes más preclaras empezaron a carburar y a disponer el orden a seguir, empezaron a marcar las directrices que habría que seguirse. Se organizaron grupos por profesiones, se organizaron batallones de voluntarios que ahora sí surgían a mansalva, se cancelaron todas las cuentas bancarias, se paralizó el sistema financiero tal cual lo conocíamos, se expropió de todo a todos, se nacionalizó la totalidad de los bienes de producción, se limpió de la noche a la mañana toda la patraña neoconservadora, muchos se reciclaron en el nuevo aluvión, no quedaba otra, y ahora desde el púlpito instalado en la puerta del Sol de Madrid un joven con barbas arengaba a las masas con su altavoz...-“compañeras y compañeros, la revolución está en marcha, España está en marcha, el mundo está en marcha...”

todo vicio sin pulir

Todo vicio sin pulir, sólo hormonas desatadas, lascivia pura, perfidia cotidiana sin moral. Provocación desnaturalizada de costumbres innombrables. Educada en un colegio de monjas enseguida le pudo el morbo, el sentirse golfa en aquel ambiente de incienso y mojigatería, un renglón divino que nunca estuvo derecho y que del escándalo hizo bandera y argumento. Se reafirmó en  la frivolidad conforme su cuerpo se iba puliendo, cuando empezaron a abultarse sus pezones, cuando las caderas se expandían, los glúteos se le partieron y con ello el sexo se volvió loco, un comecome le bullía por dentro y la castidad del internado le excitaba, le gustaba el vértigo, el saberse deseada por los pocos varones que veía, pareciese como que expelía un aroma a hembra en celo que vencía ese ambiente monacal. Turbada por sus hormonas enseguida tocó el cielo antes de cumplir los 17, a ello le ayudó un joven seminarista que dilapidó su recato en aquella primavera caliente, abandonó la vocación a la vez que se apareaba con Natalia y descubrió el éxtasis celestial en forma de carne humana con aquella damisela que le embaucó. Aquel seminarista enterró su carrera eclesiástica entre los pechos de Natalia, desestabilizó su personalidad, perdió el norte y acabó tirándose al vacío una noche de luna llena desde el campanario, atormentado entre el hervor de su sangre y el de su fe. Un suicidio que a Natalia le supuso un plus de frivolidad, el seminarista perdió la vida por culpa de ella, pero lejos de suponer una mácula en su conciencia, activó su instinto carnal y siguió al acecho de los machos con sotana que transitaban por las instalaciones. Ponía caritas, sonreía provocativamente, se agachaba ante ellos consciente de que en ese gesto iba a descubrir algún retazo de su piel, forzaba las situaciones para mostrar sus intimidades, dejaba las puertas entreabiertas mientras se desnudaba, las cortinas sin echar, comentaba con los aspirantes a monje los calores que la trastornaban, los dolores y molestias que tenía, enseñaba algún moratón por encima de la rodilla y pedía consejo sobre asuntos íntimos. Ellos caían en la trampa con asiduidad, la mayoría de ellos mutaban ante su presencia, se comportaban con puerilidad, con docilidad, les temblaban las piernas, y no podían hacer nada por evitar la tentación a la que les sometía Natalia. La evidencia de que de aquella chica no se iba a conseguir una sierva de Dios era un clamor, no había monja en aquel colegio, en aquel monasterio que tuviese la menor duda de que Natalia se iría de allí más pronto que tarde, si no iba a ser expulsada antes de tiempo, si bien ella tenía dos caras muy diferentes, delante de los varones era una pérfida y los dominaba con sus tretas; pero su expediente académico era impresionante, y su relación con sus profesoras, con las monjas y las institutrices era más que correcto, sabía perfectamente como comportarse. Era en la intimidad, cuando se quedaba sola con algún varón, cuando se sabía observada o vigilada, cuando actuaba en ese sentido, cuando utilizaba todas las armas de que disponía para soliviantar, para endurecer los miembros de todos los hombres que husmeaban por aquellas instalaciones tan venerables, tan puras. La trampa no fallaba, y ella se regocijaba del efecto que sus artes producía entre los varones. Éxito tras éxito no dejaba de alimentar su ego, su vicio, las artimañas para llevarlos a un callejón sin salida, a un punto de no retorno. Cada vez se sentía más segura, más cómoda en ese papel de seductora de prelados, de monjes, de seminaristas. Sabía perfectamente como conseguir de ellos que la baba gotease, que perdieran sus ataduras morales y que se dejaran llevar por las exquisiteces y dulzuras de Natalia.

trapisondistas que emergen de la nada

Trapisondistas que emergen de la nada, seres abducidos y grises que de la noche a la mañana parecen haber inventado la pólvora y que lucen su palmito de magnates de lo poco, como si ello fuese algo grande. Pasean a cuerpo su semblante reluciente y broncíneo y se pavonean entre las multitudes nocturnas del alterne veraniego, son rara avis en otras latitudes; donde se muestran verdaderamente es entre la farándula y los gin tonics, allí donde el ambiente está más enrarecido y denso. Ya no son unos crios, hace tiempo que empezaron a peinar canas teñidas, pero afilan su semblante delante de un espejo cada noche para que eso no se note. El decadente esperpento que nos ocupa caminaba con suficiencia la noche madrileña con unas gafas de sol de espejo, unos pantalones vaqueros blancos que lucían algún desgarrón intencionado en la pernera derecha y dejaban el tobillo al aire, es decir le estaban cortos, también intencionadamente. Ataviado con una camisa rosa desabrochada y ese aire postjuvenil pudiera parecer un homosexual en celo pero nada más lejos de la realidad, era efectivamente un ser en celo, pero heterosexual, expelía un hedor profundo a colonias variadas, escanciadas a granel en los probadores del Corte Inglés, donde sin pudor mezclaba unas y otras hasta conseguir ese batiburrillo tan personal, con el que pretendía atraer hembras como si se tratase de una flor expuesta al tráfico de abejas. La barbilla bien erguida, un juego de llaves jugueteando en su mano izquierda, un móvil que hacía mucho que no sonaba en la derecha, multitud de pulseritas de cuero resaltando sobre el profundo marrón de su moreno. Estaba sólo, pero por su actitud y fuselaje pareciera que de un momento a otro iba a formar parte de algún grupo de picajosos adolescentes, no iba a ser así, estaba sólo y así iba a permanecer toda la noche de no ser que los astros y su designio pusieran bien a una joven descarriada o a una madurísima etílicamente tocada que se quedasen hipnotizadas de su glamour postmoderno. La Castellana no tenía secretos para él, la paseaba con descaro y suficiencia. Se arremangaba mientras oteaba el horizonte inmediato, se movía con soltura con sus mocasines rojos sin calcetines y tarareaba sin sentido canciones no compuestas todavía. De repente se paró en seco y se llevó el móvil a la oreja derecha, pero el móvil no había sonado, ni él tenía pensado llamar a nadie...¿a quién iba a llamar? Era una simple pose, una foto en mitad de la calle, una actitud de persona ocupada y dicharachera, hablaba con fluidez al vacío de la noche, teatralizaba su discurso y lo ilustraba con gestos elocuentes y risotadas forzadas y falsas. Con un : “te espero en la Ronduelle” hizo el gesto de colgar el inalámbrico y se sentó en la terraza de la Ronduelle a modo de colofón. Un joven camarero le sirvió un gin tonic de beefeter y un platillo de aceitunas. El posó su tobillo derecho sobre la rodilla izquierda, cruzando así las piernas sin tener que cerrarlas, la pierna derecha  sobre la izquierda, mientras oteaba a izquierda y derecha el panorama. Sacó el paquete de Camel del bolsillo de la camisa, extrajo un pitillo y buscó presencia femenina que fumase para pedir fuego. La joven morena que le dio yesca a su cigarro lo hizo de forma indolente sin abandonar la conversación que mantenía con su compañera de mesa, y las sonrisas y gestos de pavoneo pueril quedaron sin atención femenina, volvió a su mesa, se retrepó en la silla sin necesidad y bebió un buen trago de su combinado, fumaba  y miraba. Y en esa contemplación permanecía atento como un zorro lo está de una posible presa, su gesto bobalicón se iba esfumando conforme pasaba la noche y los gin tonics caían. Acabó su tercer combinado y sintió una punzada en el estómago, una especie de aviso gástrico al exceso que estaba cometiendo. Los gases le fueron cambiando el rictus, y se dio cuenta de que no disponía de un almax que le aliviase el ardor que empezaba a mostrar. Ante semejante importunio decidió liquidar su cuenta de 27 euros y levantarse pausadamente. Los efluvios etílicos se apelotonaron en su cabeza nada más levantarse, fue como un aldabonazo, un toque de atención. Se echó la mano a la boca para disimular el gas que le salía espontáneo a modo de eructo silencioso, notó la cuchillada ácida subir por el esófago y decidió que por esa noche valía, que volvería a casa, a la casa de su madre, que era lo mismo, allí tenía Almax y una cama donde reposar.

la piedra cristiana

Tropezamos por enésima vez con la piedra cristiana, mejor dicho con el muro eclesiástico. Ellos, pueriles y ajenos a cualquier circunstancia obran con la ingenuidad aparente de un niño, pero con el bisturí sibilino de siempre. Se erigen en piezas fundamentales del engranaje social y obran en ese sentido sin darse cuenta de que sus argumentos excluyen nada más y nada menos que a todos aquellos que no siguen sus dictados morales, sean miembros de otras confesiones religiosas menores en estos lares o simplemente no tengan adscripción a creencia alguna. De la misma manera que atormentan al pueblo entero con sus cansinas campanas, nos recuerdan a todos, cristianos o no, que ellos están, que ellos se muestran y que su voz se levanta por encima del silencio del resto, y de la misma manera convocan a toda una quinta de niños de 9 años a un fasto cristiano un lunes de mayo a una hora lectiva, un lunes de mayo que debería de ser normal de colegio, un lunes de mayo que lo único que tiene de especial es que el día anterior se celebró la comunión. La iglesia henchida y viéndose protagonista en un lunes laborable se encuentra como pez en el agua con esta circunstancia, ellos están deseosos de esos momentos de gloria que la costumbre local les otorga, ver como una caterva de pre monaguillos deja de asistir al colegio para acudir a la llamada de la iglesia es algo que les llena de satisfacción, es algo que les concede un protagonismo que de otra manera sería dudoso. Así es en Almudévar y parece ser que en el ámbito rural esta chapuza costumbrista de no ir al colegio al día siguiente de comulgar por primera vez es algo común. Otra patada en la boca a los que defendemos el Estado laico, otra mordida más de la curia vaticana. Esta satrapía la ejercen con la puerilidad e ingenuidad propia de su ceguera social y con el beneplácito del resto de autoridades locales, esto es, ni el colegio ni el ayuntamiento levantan la voz ni ejercen ningún tipo de mediación para que este hecho se desarrolle como tal.

un estúpido

Un estúpido, un tonto no necesariamente babea ni se muestra como un deficiente mental con gestos propios de tal ser. A veces un tonto se manifiesta en la cotidianidad apática que nos ocupa. A veces un tonto lo expresa riéndose de cosas que no es que no tengan gracia, es que son muy serias, por ejemplo la crisis. Un tonto lo es por banalizar lo importante, por no dar importancia a lo esencial. Un tonto es así tonto si no muestra aprecio a las cuestiones trascendentales que le circundan, es tonto en cuanto aparece como un figurante en esta realidad terrible que nos deja sin baza. Tonto por pusilánime, tonto por inconsciente, tonto por no calibrar sus acciones, tonto por despistado, por carne de cañón. Aparenta gesto resuelto y decidido, utiliza clichés de gentes dúctiles y estabuladas. Mira mucho alrededor para no desentonar y está muy pendiente de lo que sus superiores digan o piensen de él. Se muestra solícito y humillado y el cuadro general es el de un papanatas simplón ocupado en no armar mucho ruido con su proceder, en no salirse del tono gris que le caracteriza. A veces un tonto se muestra dicharachero y simpático a modo de atrezo para disimular su mediocridad palpable. Si permaneciese en el anonimato sería tonto igual, pero a veces se crecen en esta sociedad manipulada y manipulable y no quieren ser menos, participan del bochorno justificando su existencia con aficiones y aparentes intereses, cuando a ellos solo les mueve su existencia vicaria, su precaria existencia. Tienen un concepto de la decencia y la dignidad muy estrecho, sin apenas capacidad crítica y con argumentos muy escuetos para defenderse de los oprobios que una realidad tan negra nos ofrece. Son tontos por egoístas, por pacatos y cortos en su análisis de la situación. Son miserables con frecuencia, no necesariamente, pero su actividad irracional los expone con frecuencia a las miserias. Dan palos de ciego debido a su ignorancia profunda, bebieron de mil leches y ninguna les llenó lo suficiente. Ese batiburrillo de influencias los delata, necesitan crearse una identidad, algo a lo que aferrarse y lo único que consiguen en su quehacer es enturbiar la razón y el entendimiento y por ende mostrarse abiertamente más tontos. Los puedes encontrar en muchísimos sitios, y ahora con el panorama socioeconómico que nos atora salen a la luz, pues en sus devaneos demuestran la deficiencia de sus principios y es de esta manera que aparecen a veces en la lista de un sindicato de clase como es Comisiones Obreras, devaluando el trabajo de otros sindicalistas que no tienen la suerte de ser tan tontos como ellos. Se apuntaron a este sindicato pues una de las leches que tomaron fue esta, la mezclaron con el conservadurismo provinciano más gañán y cutre, con la necedad innata propia de quien no tiene opinión formada ni germen de esta. Se retreparon en medio del marasmo y el aturdimiento de mensajes y crearon uno nuevo totalmente ilegible, lleno de contradicciones y simplezas. La falta de entendimiento degenera en estupidez; la falta de aplicación de la razón en necedad y la falta de juicio en simpleza. Cuando se junta falta de entendimiento, falta de aplicación de la razón y falta de juicio, tenemos a un ser abyecto, miserable y un tonto.

veo negro, veo poco y mal

Veo negro, veo poco y mal, el futuro se torna irregular, no es nítido, hay sombras oscuras que se ciernen sobre el calendario, hay nubarrones que amenazan tormenta, y todo parece abocado a un mal sueño. Debería respirar más hondo, más profundo, sosegar este ansia viva que me martiriza, apaciguar la bestia parda que muerde en mi interior, intentar doblegar el futuro y tornarlo pasado, para así volver a un origen malgastado, a un tiempo que no fue gastado, a un lugar donde la calma sea la causa, sea el origen y sea el final. Respirar hondo, sintiendo como el oxígeno me invade los pulmones, poco a poco, como el abdomen se va modelando a la pausa con que el aire lo va ciñendo. Conseguir en ese ejercicio la suficiente ataraxia, la suficiente respuesta al dolor y evadirme...poder salir de la tortura de mi cuerpo, del fogonazo de hiel que me atora las vértebras, me deja sin baza, sin pulso y sin sustento. Un dolor que monopoliza proyectos, que obliga a la ancianidad, que adormece las extremidades, que te lleva a volar bajo, a soñar poco, a temer lo peor. El tiempo juega en tu contra, te arrincona contra el tiempo y supone una terrible cuenta atrás, concentrado en evitar sufrimientos, en intentar pasar desapercibido, pasar simplemente. En este ejercicio por vivir, en este denuedo contra el imperio de los galenos me aproximo a sus dominios y salgo escaldado una y mil veces. El carácter se va domando a cada trallazo de fuego que siento en mi interior. Súbdito del paracetamol, del ibuprofeno,  del analgésico que me alivie, que me saque del incendio, me libere y me adormezca, me deje parado y quieto, sin acción, sin gesto, pero evacuado del lamento, tullido pero tranquilo, amarrado a mi diván, deseoso de cambiar, de lastrar este taladro que me sujeta al cruento desfallecer cotidiano. Respirar hondo, apagar el fuego, poner la mente en punto muerto, neutralizar las neuronas irritadas, acariciar proyectos, concentrarse en la dulzura, exterminar insomnios, vencer a las tinieblas con algo que ya no tengo. Inhalo y exhalo concentrado, con los ojos entornados, con los cinco sentidos afilados en ello, intentando desprender el cerebro de los mensajes que mandan las neuronas y mis huesos, ese ácido chillar, ese percutir horrendo, a cada latido del corazón un pinchazo por los huesos. Es atroz pero es tan cierto, tan evidente y veraz que supera el hoy, es más real que eso. Es todo, dolor y vida en solo uno, uno solo, lo mismo, vives para sufrir, sufres para vivir, y así dejamos que el pulso nos inunde en este sueño que no es más que la realidad de otro sueño, pues sufriendo uno se evade, le parece irreal, le parece no estar despierto, y por eso es como sufriendo, invadido de dolores y estertores, piso firme el suelo de los sueños.

vienes arreando, azuzndo el vil consuelo

Vienes arreando, azuzando el vil consuelo, ya no queda estampa ajena que no sea señalada por tu cuerpo, con esa dulzura caótica de quien no tiene más miseria que el horror de un fatuo fuego, de una inverosímil luz, que ya no luce tan adentro, por eso dudo y deduzco que tu cuerpo no es tal cuerpo, sino el cuerpo desdichado de quien abandonó su tiempo. Ahora luces decrépita y sensual, exagerando silueta, exhibiendo el temporal que desatan tus adentros, por eso y por mucho más, por todo lo que no tengo, detesto sentirme solo, ataviado sin sustento, enhebrando tus agujas, con el hilo de mi sueño, y así permanezco herido, devastado y casi yelmo, en un lugar tan absurdo como fue ese sitio nuestro, que ahora no es nada más que un solar de fuego eterno, siempre el espejo delata, las sombras en que te veo, ese espejo traicionero que desnuda tu pellejo, y lo deja así a trasluz, lo deja tan desenvuelto, que no hay tiempo más mísero, no hay nada que no vemos, todo el grueso de mis días, todo el lecho de mi cuerpo.

Por las venas corre un sueño, un precipicio de cuerpos, mojados y entrelazados, tibios de tanto sexo, respiramos hondo y queremos continuar ese sueño, que no despierte el deseo, que no despierten tus huesos, te quiero así profunda, acariciada y por dentro, saberte entregada y mía, saberte en el mismo cuerpo.

Apaciguas mis instinto con el agua de tu cuerpo, calmas mi ansia viva, calmas mi río revuelto.

zarrapastroso y miserable discurso

Zarrapastroso y miserable discurso. Tétricas admoniciones y vaticinios. Tras la caspa, perdura el engaño y el fraude. No solo es zafia la forma, lo es también el fondo, es zafio el gesto, las maneras. Tratados como títeres o cosas nos desprecian, les damos asco. Estos gobernantes que tenemos son abruptos y mal encarados, antipáticos y dogmáticos. Soberbios y distantes. Nos miran por encima del hombro y les estorbamos. Son reyezuelos apoltronados en sus tronos y desde allí se erigen como dueños. Tanto poder regalado, tanta distancia con el pueblo acaba por convertirles en extraños a los ojos de los normales mortales. Mientras el pueblo sufre sus designios, ellos interpretan nuestras protestas y peticiones como una molestia añadida que les trastorna en su pacífica existencia. Ajenos al dolor del pueblo ellos dormitan sus excesos entre gastos superfluos y banales, instalados como están en las alturas, ven con distancia y fastidio nuestras exigencias y justas reivindicaciones. Sin ceder un ápice, sin empatizar lo más mínimo legislan a espaldas de su pueblo. Cuando la ética deja de ser la herramienta básica para guiar una sociedad se produce la ceremonia de la confusión. En plena borrachera y falta de principios, los argumentos son confusos y hueros, llenan el espacio con sus palabras de prestidigitador, niegan la evidencia y machaconamente mienten queriendo crear la ilusión de una verdad que no es. Palabras grandes, brindis al sol, promesas de horizontes de prosperidad imposible. Sonrisas enlatadas, falsedades como banderas y toda la mugre tapada. Nos llamarán criminales con el cuchillo manchado de sangre en la mano y querrán hacernos creer que son austeros desde sus palacios y rolls royces. Incompetentes, mediocres, pelotas torticeros, grises y pacatos. La sociedad se muestra hipnotizada, insegura, incapaz y mancillada, pero a fuerza de soportar este estado de sitio al que nos están sometiendo sin duda despertará de la pesadilla y volverá su ira contra la barbarie prepotente y sin duda la tortilla se dará la vuelta. Mas nos vale, despertar antes que morir dormidos.

Zurumbático y aturdido

Zurumbático y aturdido llego a la conclusión de que es mejor dar al off de la televisión y cerrar los ojos. En media hora de telediario a desfilado delante de mis ojos toda una caterva de próceres de la patria con vicio malo por el dinero, por el poder. Muchos hicieron de la política una actividad empresarial y se la creyeron, muchos trileros de las finanzas, zorros astutos para estas lides son descubiertos con una cantidad indecente de dinero arrumbada en algún paraíso fiscal ajeno al bien público. La mayoría son millonarios con avaricia, mentes maleadas por el exceso bursátil y enajenados éticos. Perdieron la decencia hace tanto tiempo que ya no distinguen el bien del mal y su soberbia no les deja discernir. Cuando uno se acostumbra a los yates y los pelotazos ya nada le satisface más que forrarse día tras día moviendo los hilos de sus informaciones privilegiadas y sus contactos luctuosos. Las personalidades se van perfilando en esta rebatiña falaz del dinero fácil y no conocen ni a su madre cuando delante de ellos aparece la posibilidad de incrementar su patrimonio helvético. Aparecen casos de corrupción como setas en el bosque en otoño después de la lluvia. Unos casos tapan a otros y todos forman bucle en nuestra mente. Nada termina de aclararse y siempre el barro de fondo nos deja  una imagen de la nada cotidiana que vuelve al origen. Comisiones de investigación, promesas de rectificación, palabras grandes huecas y baratas, dichas a modo de mantra para acabar por taladrar la glándula pineal y dejarnos exhaustos y vacíos. Nada por aquí, nada por allí, roban, extorsionan, medran, asustan, enredan y al final, como al principio. Mientras nos hemos entretenido en maldecirles delante del espejo y hacer que les piten los oídos, poco más. En esa macedonia de jueces, cuentas opacas, comisiones de investigación, declaraciones juradas, informes favorables, datos y monsergas acabamos por perdernos en semejante maraña y el tiempo hace que las trampas caduquen y los malos queden impunes. Mientras tanto la ética, denostada y pacata no asoma la cabeza por miedo a que se la vuelen. La indignación ha llegado a un punto tan alto que ya no puede subir más, si no pasa algo será por otra razón, no por la falta de indignación. Pudiera ser la idiosincrasia hispana que es así de pacata y que se deja hacer, pudiera ser que aquí estamos tan lobotomizados por el sistema que todo lo que no sea consumir nos aburre y nos distancia. Es posible que la cultura del país no da para más, que todo lo que no sea futbol o programas de cotilleo pierde el interés. En cualquier caso el panorama es desolador y objetivamente somos borra seca, animalizada, estúpida, y con esas mimbres el cesto lo hacen ellos.

viernes, 8 de febrero de 2013

te puede robar un macarra

Te puede robar un macarra con una navaja o incluso con una jeringuilla amenazándote la yugular, o bien lo puede hacer un pijo expeliendo hedor a colonia cara con corbata que tuvo la fortuna de apuntarse a un partido “in” y fue trepando hasta conseguir una plaza como representante del pueblo en el parlamento español. Las dos maneras son válidas, y es cuestión de gustos. Yo prefiero la primera, pues me siento más cómodo dándole mi dinero a un yonqui con el mono, me siento robado plenamente y con todas las de la ley, sintiendo el miedo cerval y el filo del arma sobre mi piel. Si eres robado así te puedes ir a casa tranquilo, sabiéndote robado como dios manda, legitimado para ir a la comisaría y denunciar. La otra es una forma de robar poco honrada, torticera y cutre. En el segundo caso el robo es en realidad un tocomocho, te dicen que mires para un lado y cuando lo haces aprovechan para trincar. Te quedas con cara de tonto, sin saber muy bien que ha pasado y sin saberte robado a ciencia cierta, te das cuenta a toro pasado y encima no lo puedes denunciar…ah se siente! No haberme votado.

te podria parecer el yerno ideal

Te podría parecer un yerno ideal, pero en el fondo es un golfo venido a menos. Trapicheando mentiras caras y vendiendo vanidades, enalteciendo la mugre y facilitando el caos. Es miserable en forma vana y orgullo de los patanes, creció muy guapo, pluscuamperfecto, y además simpático y un hechicero social. Sin saber hacer la o con un canuto llegó donde solo llegan los elegidos. Se disfrazó con un traje muy caro que él no pagó y con una colonia que él no compró y se puso el mundo por montera. Se ennovió con una pija muy rubia y delgada que bebía de su mano y perdió el norte y el sur por sus huesitos. Se puso al día en trivialidades de la jet set, engoló su acento lo suficiente para pasar desapercibido entre sus círculos de amistades y abdujo a sus suegros hasta secarles por dentro. Ya en la boda puso tierra de por medio y después del banquete se tiró a una camarera con la que había estado tonteando toda la tarde noche. Así pues la noche de bodas la pasó ya más caliente que el palo de un churrero. Pero aún así cumplió con creces sus expectativas sexuales. Se le daba bien, follar era lo suyo, lo que mejor se le daba y lo que más rédito le producía. Cualquier cosa que se moviera con faldas, él iba y se la tiraba, o al menos lo intentaba, y casi siempre lo conseguía, las cosas como son. La pija rubia, además de alta y delgada, era tonta como una mata de habas, inocente como un bebé y rica como pocas. Pero le gustaba su adonis morenazo simpático y galán, le gustaba su físico, sus glúteos, su pene. Y a él le gustaba el dinero de su novia, más que a un tonto un lápiz, y a fe que lo usaba, le encantaba gastar, tenía vicio por el consumo, cuando iba de compras era como un yonqui en busca de metadona, puro vicio, las marcas le volvían loco, y cuanto más se veía el logo de la firma en cuestión mejor. Su suegro enseguida lo vio claro, había que hacer un hueco a semejante hechicero en el mundo del esperpento capitalista. En ese mundo donde solo la apariencia valía como argumento para el despegue social. Se trataba de pintar la mona, de presentarse en las reuniones de las juntas de accionistas con el rostro bien pulido y expeliendo olores caros de colonias agrestes, embaucar con la foto, con la primera impresión, abducir con la mirada, con la sonrisa y el gesto. Prestidigitador de la comunicación no verbal enseguida se hizo sitio en las altas esferas de la pornografía neoliberal, nadie se percató del hechizo, el tocomocho era evidente, pero en ese mundo donde las apariencias no es que importen, es que determinan, él ejerció de boss. 

sonreia como siempre

Sonreía como siempre, el mundo se caía a cachos y ella radiante, rubia, y con esa sonrisa tallada perenne, el gesto bobalicón y la mirada perdida en un horizonte invisible. Glamurosa y pétrea, caminaba como una diosa antigua. Miraba a los lados para asegurarse de que la gente le miraba, y en efecto, la gente miraba y no daba crédito. Tanto miraba y tan altiva iba que hizo blanco perfecto, su barbilla señalando al frente y esa sonrisa blanca y falsa. El huevazo fue espectacular. Estalló estrepitosamente sobre la frente, y el gesto de incredulidad de la glamurosa dama contrastó con la reacción de la muchedumbre que como si de un pistoletazo de salida se tratase comenzó una lluvia de huevos, cáscaras de plátano, tomates…hasta arroz lanzaron con ahínco los más pequeños. Con gritos de “fuera, fuera” despidieron a la primera dama y la emplazaron para otra ocasión.    

sin bandera

Sin banderas, sin atuendos que nos signifiquen, sin identidad premeditada, simplemente mostrarse  límpido y espurio, con la candidez que da la razón simple y llana. Expresar la ira con una beatífica sonrisa, evitar encontronazos violentos y argumentar pacíficamente el descontento ,comportarse de una manera que no se esperen, sorprender con la estrategia, confundir a estos sátrapas sin escrúpulos, y cuando los tengamos aturdidos y despistados sentarnos a esperar la respuesta. No la darán y entonces surgirá la unidad de acción, se mostrará la evidencia del error, el ocaso de un sistema caduco y vil. Del silencio surgirá el clamor. Cuanto más humanos nos mostremos ante esta jarca de pirañas más se mostrará su verdadero aspecto. Ellos esperan una respuesta violenta al horror que nos hacen pasar cotidianamente, esperan cocteles Molotov y lo que deberíamos tirar son rosas y claveles, nos esperan en el norte y deberíamos acudir al sur, se defienden con armas y nosotros deberíamos de atacar con golosinas. Soluciones nuevas para tiempos nuevos, inteligencia, talento, inspiración, reflexión y astucia. Contar hasta diez antes de actuar, analizar todas las situaciones posibles y ejecutar con eficacia y certeramente, pues no tendremos muchas más oportunidades si fallamos en la ejecución de las soluciones. Organizar el caos, perseverar en la razón como norte en el designio que nos espera, y poner en evidencia a los poderes fácticos ante el error clamoroso que los desnuda. Sumar siempre, evitar el conflicto y con la serenidad que da el sabernos ciertos y seguros avanzar en la consecución de los objetivos marcados que no son otros que los de conseguir un mundo acorde con nuestra especie, lograr la paz, el bienestar de los más posibles y erradicar la avaricia, el lucro excesivo, la rapiña y el vendaval capitalista que se lo lleva todo. Necesitamos estadistas nuevos, comprometidos, los mejores, sin tibiezas. Coherencia y acción, ética y decencia. Desenmascarar esta tropelía neoliberal, este sarcasmo bancario, este casino sin control y regenerarnos en la especie humana. Nuestra bandera será la educación, y esta será transparente, nos aglutinaremos como ciudadanos al unísono, en la misma dirección, con un objetivo claro y diáfano, vivir en paz, en un mundo justo y sostenible, sin mayores pretensiones. Evitaremos el derroche, condenaremos el lucro excesivo, combatiremos la especulación y el chantaje, primaremos la honradez, el trabajo decente y la austeridad razonable. Nuestra economía estará a nuestro servicio y no nosotros al servicio de la economía, será pues una herramienta para lograr los objetivos que como seres humanos nos marquemos y no un fin en si mismo.

servil cucaracha de este estado adormecido

Servil cucaracha de este Estado adormecido, te sorprende la revolución en el wáter, cuando quieres darte cuenta ya está todo el pescado vendido, y tu argumento pasó de moda. Sigues anclado en tu puesto de mando, estabulado en la garita que se te asignó. La radio no funciona, y esperas órdenes, pero estas no llegan, y lo peor de todo es que no llegarán jamás. Pero tu firme en tu ademán, fiel a tu designio, a tu mandado. Te encuentras raro, extraño. No estás diseñado para ajetreos históricos, lo tuyo es la monotonía, la televisión y el Carrefour; y este tiempo que viene arreando barrunta cambios, exige movimientos radicales que tu no estás dispuesto ni de lejos a asumir. Introduces la tarjeta en el cajero automático y no te la devuelve, se la tragó para siempre, no hay donde reclamar, no hay nadie a quien pedir explicaciones, el despiste es mayúsculo y terrible, de la noche a la mañana se apagó la luz, se cerró el grifo y se agotó el crédito. Deberías hacer algo, gritar al menos, pero no tienes fuerza. El panorama es desolador, el cataclismo es inminente y tú sigues empanado, esperando que alguien te pellizque y te despierte, pero no es un sueño, es la más cruda de las realidades, la más negra de las verdades. Los padres de la patria están desaparecidos, huyeron de la quema a otras patrias más calientes y millonarias, se llevaron consigo la bandera nacional para ponerla orgullosos en cualquier paraíso fiscal que les acoja como lo que son, prohombres muy patrióticos que esperarán a que escampe y puedan volver. El tocomocho es ya una evidencia, pero tú no lo ves, no quieres verlo, ni  te revelas ante tanta desfachatez, no puede ser que el Estado de Derecho sea esta pantomima que ahora te abraza. Suena el timbre y tu jornada de trabajo terminó. Como cada día, recoges tus pertenencias y fichas sin mucho ánimo. En la calle unos locos gritan consignas contra el poder establecido, agitan pancartas, gritan y arrojan piedras contra la fachada del Ministerio, y tú los miras como quien ve llover, no te identificas con esas formas, te parecen soeces, procaces, violentos. Acobardado y mohíno te das la vuelta para no pasar delante de ellos, caminas despacio y pegado a la pared, llamando poco la atención, sin apenas hacer ruido. Oyes disparos, estruendos…algo debe estar pasando. 

se veia vernir y vino

Se veía venir y vino, se sabía, siempre se supo. El teatro en que actuamos interpreta un drama y todos lloramos. El decorado capitalista nos hace llorar, su actuación es impresionante, tú crees ver  que el mundo se cae a cachos y ellos se parten la caja, aguantan el empellón y soltarán la rienda cuando les parezca oportuno, de momento sopesan el ambiente. El pulso del enfermo está bajando pero no muere, no le dejarán morir, porque si muere el enfermo, muere el capitalismo…dejarán que se desfonde, que se quede apenas sin aire, y entonces darán oxígeno, pero no mucho, un poco, lo justo para que no muera, pero tampoco demasiado para que no coja fuerzas…se trata de tener a la sociedad enferma, amenazada, amedrentada, justa de fuerzas, miserable y pedigüeña, sumisa…pero no muerta, porque muerta ya no vale, y sana es un peligro para el capital. Se trata de domar, de acostumbrar al animal a comer poco, de tenerlo sumiso y obediente, temeroso al palo. Nos dividen, nos enfrentan, nos engañan; se saben superiores, son técnicos del dolor ajeno. Lo de Europa es un juego de niños para lo que ellos están acostumbrados. Vienen del colonialismo, del chicote, del esclavismo, del terreno pantanoso de la tortura, de un tiempo donde las sutilezas no se llevaban, ahora estos sátrapas, estos dueños de la tierra han sofisticado sus armas, se camuflan entre la normalidad, entre la ciudadanía…militan en alguna ONG como cosmética a su veneno, van a misa, sonríen a los niños, aparentan una humanidad sonrojante, se pavonean con sus gestos amables y sus saludos cotidianos y aparentemente sencillos, pero son unos canallas con piel de cordero, son ladinos, pérfidos, con saña, auténticos cafres…y lo saben, pero actúan como serenos ciudadanos, contrariados con esta crisis, como si con ellos no fuese. Ellos lo saben todo, saben de esta crisis, saben que es una pantomima para enfriar la economía, para que después vuelva a renacer, ellos machacan, atormentan, agitan, pero desde las sombras, desde sus sonrisas y banalidades, provocan dolor, sufrimiento, angustia y ellos lo saben, pero están tan adocenados entre sus oropeles, tan borrachos en su locura plutócrata que se muestran insensibles.
Es necesario que estos seres empiecen a sentir en sus carnes el dolor, el sufrimiento y la angustia. Es preciso pasarles la patata caliente cuanto antes. Es un clamor. El día que los Emilios Botines, los Ratos, las Aguirres empiecen a notar el olor a chamusquina y se den cuenta que lo que expele ese olor a quemado son sus ropas caras, ese día…se acabará la crisis.

por mis hijos

Por mis hijos, por esos pequeños locos bajitos, porque los miro y los veo crecer. Porque los quiero más que a mi vida, por ellos lucharé con denuedo, por ellos plantearé la batalla contra este imperio de los pocos. Mataré si es preciso, que nadie lo dude. No consentiré bajo ningún pretexto que intenten humillarlos; les educaré como a seres humanos y les educaré en valores éticos, en principios incuestionables básicos que nos definen como seres humanos, y cualquiera que intente aprovecharse de ellos en base a unas leyes maquiavélicas impuestas por neoliberales sin escrúpulos ha de saber que tienen un enemigo y que mis ojos inyectados de odio se clavarán en sus corazones y aún costándome la vida mi determinación y mi afán serán tan punzantes que probablemente acabará clavándose. Estos sátrapas, estos canallas sin escrúpulos están jugando con fuego. Nos están poniendo a prueba y acabarán quemándose como dos y dos son cuatro. Ahora, todavía, descansan y ríen sus mofas burdas, todavía se aprovechan de su privilegiada situación, aún se creen inmunes, ajenos a cualquier preocupación, lejos de cualquier conflicto, campan a sus anchas y nos machacan con sus leyes imposibles, con su poder financiero, su veneno atroz. Pero como todo en esta vida…cambia. No lo duden, llegará el día que no será por nosotros, será por ellos, por esos locos bajitos, que una fuerza descomunal surja de las masas oprimidas, explotadas y humilladas y les pasaremos la patata caliente, los dolores y las angustias a esta satrapía de criminales. Cuando les insuflemos el miedo como medicina a estos canallas, entonces la tortilla dará la vuelta y empezaremos a generar humanidad donde solo hay terror económico.

pincharon la medula espinal

Pincharon la médula espinal, tocaron el nervio ciático, practicaron la lobotomía y después nos hicieron un Ere.
 Si te ven gritar mucho te practican una amputación parcial de cuerdas vocales. No está el horno para bollos, dice el ministro sesudo, y se queda tan ancho, recoge su cartera, se coloca la corbata y sale por la puerta tan digno como entró. Un avión lo llevará a Bruselas en poco menos de dos horas, allí entregará sus credenciales, arrugará la gorrilla sin éxito una vez más, chupará unos cuantos culos germanos, se reirá sin ganas y mostrará una vez más lo cutre y salchichero que lleva dentro, se exhibirá a cuerpo ante la plana mayor de los tecnócratas neoliberales y una vez abducido será convencido para que desista del intento de salvar a su país del estrépito que se avecina. La aberración que se le propone es mayúscula, pero él es un mandado, un ser pusilánime y sin pulso, harto de hacer genuflexiones y de rendir pleitesías aquí y allá, así que vuelve con el rabo entre las piernas, atribulado y sumiso a contar a sus súbditos las malas nuevas, les dirá que hizo todo lo que pudo, mentirá sobre las consecuencias de la patraña que acaba de firmar, ocultará lo sustancial del tocomocho acordado, evitará dar explicaciones de los extremos del compromiso imposible que tiene por delante y sin vergüenza ninguna sacará pecho por el país que acaba de malvender. En el colmo del despropósito argumentará que están haciendo todo lo posible por nuestro país y seguirá liándola parda en lo sucesivo. Después de la escueta rueda de prensa se meterá en el lavabo, esnifará un poco de farlopa y se irá a su casa exhausto después de un día de duro trabajo. En su chalet de Somosierra le espera una rubia de bote, parcheada y pringosa, barnizada por el sol caribeño que le dará un beso formal antes de que suelte la cartera donde guarda toda la morralla con la que acaba de finiquitar lo poco que quedaba de soberanía de la tierra que pisa. En cualquier caso está curado de espanto, no le tiembla el pulso ni le quita el sueño nada, se sabe invulnerable y divino y espera con expectación que todo este embrollo se aclare un poco para poder fijar su residencia en algún paraíso fiscal donde sirvan los whiskies como a él le gustan. Vendió su alma al diablo hace tanto tiempo que ya ni se acuerda. La decencia le incomoda, él prefiere el barro, le gustan las marrullerías, se educó en ellas, entre palmaditas en la espalda, gin tonics y putiferios. Nunca conoció otra cosa que el exceso, el vicio y los altos vuelos. De alta cuna, enchufado desde preescolar y pijazo desde la pubertad, se afilió bien pronto y gracias a sus dotes como esbirro y seguidista pronto consiguió una plaza mayor donde poner en práctica sus chapuzas. Donde mejor actúa es en campaña electoral, ahí se le ve bien, cómodo, con la sonrisa sibilina que no se le desdibuja, mezclándose sin mancharse entre el populacho que le votará, prometiendo como un borracho sin criterio, maquiavélico y gañán. Ahora se está viendo en televisión mientras vuelve a escanciar un poco más de Lagavulin en el vaso. Se gusta, le pone verse tan tieso, tan arrogante, tan poderoso. Decide darse un baño en la piscina cubierta de su humilde morada antes de cenar; le relaja, le encanta chapotear como a un crio. Se acaba de acordar que no ha llamado a su amante, que le espera en el hotel Savoy esta noche, tendrá que inventarse una escusa para salir, una inverosímil cita con algún inversor asiático o algo por el estilo. El caso es que no le apetece follar, está harto, pero no puede menos que acudir, no vaya a decirse en los mentideros de palacio que no cumplió en su quehacer libidinoso, y pierda crédito y glamur. Ahora está ajustándose los gemelos de la camisa mientras se mira al espejo y explica a su mujer lo contrariado que está por esta inoportuna cita. La mujer le mira con indolencia, recostada sobre el butacón del dormitorio mientras se acicala aun más, guarda silencio y maquina un plan similar al de su marido con el cirujano que se cepilló el mes pasado. La familia está más unida que nunca. Mientras su chofer le lleva, repasa la apretada agenda del día siguiente. Le incomoda que a las nueve en punto tenga una reunión con los líderes sindicales del país, no los puede ni ver, y va a tener que aguantar los reproches de esos indocumentados durante al menos media hora, menos mal que es a primera hora, estará medio adormilado y los despachará sin comprometerse a nada, como siempre. Llega tarde, como siempre a estas citas clandestinas, entra, como siempre por la puerta de atrás, donde tiene una caterva de empleados sobornados que guardarán silencio y le subirán hasta la suite sin despertar sospechas. Se tirará a la vedette que le espera en veinte minutos; después se tomará una copita de champán con ella en la cama, dejará una propina generosa al servicio de habitaciones, y después se despedirá falsamente como siempre. Saldrá como un prófugo por el mismo sitio que entró y subirá a la parte de atrás del mismo taxi que le trajo y que paciente espera  con las ventanillas tintadas sin levantar sospechas. Hora y media después de el revolcón estará en el pub de confianza chupando del frasco otra vez, haciendo llamadas, twiteando y cotilleando su correo intrascendente. Mientras el chofer le esperará paciente y solícito en la acera de enfrente. Cuando llega a casa su mujer no está, salió con unas amigas a cenar le dice una mucama con cofia y delantal. Si, seguro, se estará follando al cirujano plástico que le recompuso los pechos hace dos o tres años, El lo sabe, pero le da igual, como si se está follando a todo el hospital. Agotado de hundir el país, se echa en la poltrona hasta mañana a las siete.
Cuando suena el despertador, él ya está despierto, como un resorte salta de la cama y enfila el camino al baño, para descomprimir la vejiga y desentumecer los músculos debajo del potente chorro de agua de la ducha hidromasajeante. Pone la radio para ver si lo nombran, cuando no lo hacen se cabrea como una mona, y cuando lo escucha se ensancha como un pavo, aunque lo que digan sea una barbaridad, el caso es que se hable de él. Despacha a los sindicalistas entre falsas sonrisas y gestos inocuos, declara coinicidir en lo fundamental, pero él sabe, todos saben que es una pose, una falsa mueca para ganar tiempo y para continuar esa ceremonia de la confusión que le haga ganar tiempo. En cualquier caso se hace fotos con ellos en la puerta de su madriguera, los despide formalmente y acto seguido entra de nuevo en su cubil, jura en hebreo en voz baja y le espeta a su secretaria que no le pase llamadas en la próxima hora. Una vez dentro de su despacho de nuevo hace un par de llamadas, ata los cabos de su salida a Dubái para el fin de semana. El muy bobo se pone contento  cuando le confirman que dispone de la suite en ese engendro de siete estrellas. Un jeque yemení la abandonará justo el jueves y estará disponible para él todo el fin de semana, los gastos corren a cuenta del gabinete y la agenda es bastante liviana, con lo que rezuma confianza y gratas sensaciones. Para celebrarlo sale escopetado del despacho

panceta para todos

Panceta para todos, hoy invita la casa. Quedarán los escombros, los matasuegras y confetis pisoteados y llenos de mugre por el suelo, borrachos por las esquinas sucios y malolientes, y ese pestazo a vino barato. Los pocos empleados del ayuntamiento que queden pasarán la manguera a presión para limpiar los restos de los fastos y después todos a casita, a morir de hambre tranquilos y sin montar mucho revuelo. La puta crisis lo aniquila todo, hasta las ganas de pensar.

no se que luna será...

No se que luna será hoy, pero sospecho que debe ser luna llena, o algo pasa. Verdugos, que sois unos verdugos, si tu, tu, que miras, verdugos del gobierno, que os estáis riendo de mí, y eso no lo aguanto....de aquí no me voy sin mi certificado, hoy cobro como que hay dios que hoy cobro...¿qué no está pedido? Y para que pago yo un gestor, pues este mes no cobra, me cago en su puta madre...y no contesta, está fuera de cobertura, pues a ver que pasa, en la era de internet y el certificado sin llegar, pues yo no me voy de aquí sin mi certificado.

no me acuerdo de nada

No me acuerdo de nada...bueno, me acuerdo vagamente de algo, pero es un recuerdo lejano, nada preciso, confuso, no sabría decir muy bien si fue sueño o desvelo, si fue trance o fiebre. Conforme pasa el tiempo la confusión es mayor, el murmullo, la niebla de mi memoria es mas atolondrada y las dudas sobre lo ocurrido me provocan pesadillas mezcladas con sudores fríos, a veces noto un pitido muy fuerte en los oídos y la imagen esperpéntica de la calle, de los coches echando humo, los cuerpos herrados en las aceras, y ese silencio atroz, incomprensible entre la humareda, los destellos de las sirenas, gentes corriendo en direcciones opuestas, como insectos cuando levantas una piedra, pero cada vez es todo más borroso, más impreciso, ya no sabría decir si fue cierto o lo soñé. Ahora estoy en esta cama, que tampoco se si es cierta o soñada, me veo postrado, intento mover las manos y no puedo, las piernas y no puedo, no oigo nada, tan solo veo un corro de gente a mi alrededor, que no conozco de nada, que me hablan, pero no los oigo. Estoy muy cansado, ¿o estoy muerto?...o estoy soñando, y pronto me despertaré, y entonces todo pasará, volveré a encontrarme en casa, a reconocer a los míos, a poder moverme,  y todo habrá pasado, todo quedará en eso, en una pesadilla, en un mal sueño. Me vuelven a pitar los oídos, me vuelve a palpitar el corazón fuertemente, reconozco el olor a quemado, veo a gentes gritar, pero no las oigo, no oigo nada, es silencio total. Ahora un leve mareo, ahora parece que pierdo la consciencia, pero...¿qué consciencia, si no se si esto es real o no? En cualquier caso me mareo un poco, y ahora ya no tengo gente a mi alrededor, ahora me encuentro solo, tirado en el suelo, veo el techo de la habitación, y huelo a quemado, eso si, y nadie me auxilia, nadie me ayuda.     Tengo mucho sueño, todo el sueño del mundo, me vence, no puedo con él, no me puedo mantener despierto, no puedo evitar rendirme a este sopor que me anula.

morralla puesta al descubierto

Morralla puesta al descubierto, pufo discreto y huidizo que asoma cohibido pero firme enseñándonos a las claras la evidencia de la trampa. El aplomo de su gesto, la gallardía de sus costumbres, el rigor en sus asuntos no pudo evitar la vergüenza del desatino contable, de la triquiñuela, la mácula de descrédito que tiñó a la compañía de asesores Maryvent con el caso de los terrenos en Arroyoduque. Tantos años afilando sonrisas y sellando contratos con la garantía y seriedad propia de una máquina de precisión, y de repente el aldabonazo público, el error grave de gestión mostrado y expuesto a la vista de todos, fue un antes y un después. Del prestigio y consideración ganada con esfuerzo, tiempo y oficio durante más de 30 años, al oprobio y el bochorno, a la caída en picado por una mísera avaricia, por querer rascar unos miles en una operación dudosísima, el viejo truco del trilero, de un dinero A y un dinero B, uno que se ve, otro que no, ¿dónde está la pelotita? Pero se le vio el truco, alguien descubrió la argucia, vio donde se guardaba la pelotita y eso pasó a ser fiscalmente punible, y públicamente un desastre para la compañía. Reconstruir el honor, volver a conquistar el mercado perdido, conseguir el respeto dilapidado iba a costar mucho esfuerzo, mucho más que lo que costó hace más de 20 años poner a flote la compañía. De momento Alberto Ribó tuvo que acudir a declarar aquella mañana tibia de abril, más encorvado que de costumbre, más serio, más cabizbajo, mirando con soslayo a su alrededor intentando evitar encuentros comprometidos, pero fue al doblar la esquina, justo antes de llegar a los juzgados, cuando un grupo de fotógrafos y periodistas le abordaron y Alberto Ribó tembló como un flan, se le vino el mundo abajo, quiso que la tierra le tragase, se quedó in albis, sin baza, él que no estaba acostumbrado a estas lides, a estos trasiegos, a semejantes protagonismos tan oscuros, en definitiva a ser protagonista de episodios turbios y punibles. El sabía perfectamente lo que le podía pasar, a él como consejero delegado, su imagen, su caché, su prestigio, le preocupaban...y sobre todo el futuro que se cernía sobre su carrera, el fatal desenlace que podía tener todo eso, la cárcel, en fin, un desastre para el más gris de los gestores, tan discreto y ahora de la noche a la mañana envuelto en semejante follón. Pero Alberto ya se olía la tostada, ya pasó unas cuantas noches en vela cuando firmó en nombre de la empresa la adjudicación de esas obras, él ya sabía lo que había detrás, conocía perfectamente la ley y sabía que la estaba incumpliendo, que estaba estafando, y eso le producía desasosiego y zozobra, pero a pesar de todo firmó, eran muchos miles de euros, la tentación que en otras ocasiones no pudo doblegar su profesionalidad, en esta ocasión le pilló con la guardia baja, con una serie de conjeturas familiares que le impulsaban a la necesidad de dinero fácil, ante las puertas del pelotazo raudo y veloz, pudiera ser que nada se destapase, que el tiempo jugase a su favor, y el beneficio fuese pingüe, limpio y no dejase huella. Cuando todos los cabos parecían atados, y el asunto parecía pasar desapercibido, de repente, como en las películas policíacas, fue un detalle, un simple fleco suelto, una chorrada supina lo que destapó a modo de botella de champán todo el entramado. El efecto dominó fue inmediato, y Alberto lo vio venir de lejos. Ese periodista que estuvo husmeando tiempo atrás, que se fijó como un águila en el movimiento de la pelotita, acabó por liarla parda. Al principio no le dieron importancia, pues era un imberbe, recién salido del cascarón de la universidad y probablemente sería un becario fugaz, que desaparecería igual que vino una vez que acabase la beca. Acabó por ser un sagaz investigador que tuvo en jaque a la empresa durante mucho tiempo, y al final se llevó el gato al agua y un cum laude en su expediente al destapar el pastel. Tirando del hilo descosió a toda la empresa, y a un par de ayuntamientos,  y a Alberto Ribó lo dejó en cueros prácticamente. De alguna manera todos lo tenían en mente, y Alberto más que nadie, él; intachable trabajador, cumplidor, ordenado y organizado, legal y legalista como el que más durante más de 20 años, hasta que la golosina del dinero fácil se le puso delante de las narices, y ni él mismo supo porque ni como, el caso es que trincó la pasta gansa, se tapó la nariz y se pasó al lado oscuro. No dormía, no descansaba, estaba ojeroso, distraído, con la mente en otro sitio, la mirada perdida y un alo de misterio en su vida familiar que llamó la atención de los más allegados. Su mujer se lo dijo dos meses atrás: “Alberto, ¿estás bien? Te noto como ido”. Desde luego que lo estaba, ido y muy lejos. Se arrepintió con todas sus fuerzas, intentó volver atrás, pero ese ejercicio era si cabe más peligroso, una maniobra rocambolesca que le ponía sin duda en el disparadero, no ya de la justicia, si no de las mafias provincianas que le tendieron la trampa. Mejor dejarlo como estaba, mejor no mover la mierda, no dejar que se expandiese el olor. Pero vino ese periodista con un palito, y empezó a remover y el olor inundó todo. Aquella mañana de abril Alberto no era Alberto, era como una sombra de si mismo, aturdido, una especie de borrachera lo invadía, no en vano se tomó un par de tranquilizantes que le dejaron la cara descolgada y una expresión de papanatas que no le favorecía mucho. Hablaba lento y distante, y se movía igualmente despacio, como flotando, en un estado de ingravidez que lo abstraía de el pufo que se estaba destapando y que lo señalaba como culpable. Iba a declarar, iba a contar su versión...pero que contaría? Alguna mentira? Lo descubrirían enseguida, no merecía la pena pasar por ese nuevo bochorno, no solo estafar, si no además mentir, con alevosía y premeditación, pondría las cosas peor, sería como echar sal en la herida, empeorar su currículo, sería mejor decir la verdad, confesar, arrepentirse, llorar incluso, eso, llorar, arrodillarse delante del juez, pedir clemencia y perdón, contar que estaba atravesando un mal momento, una etapa ingrata, un error lo tiene cualquiera...esgrimir su intachable pasado, su profesionalidad durante más de 20 años como aval, como atenuante de su insidiosa conducta. Eso haría. Confesar. Alberto Ribó no dejaba de darle vueltas a todo mientras subía los escalones de acceso al juzgado, no dijo ni pio, los periodistas le turbaban, no dejaban de hacerle preguntas, él ni los miraba, no decía nada, probablemente aunque hubiese querido no hubiese podido decir nada, no le saldrían las palabras; aunque quería zafarse cuanto antes del marcaje de los periodistas, no podía andar más deprisa, estaba dopado con los tranquilizantes y eso le ralentizaba sobremanera. Por fin logró ganar la puerta de acceso al juzgado, eso le tranquilizó un poco, al menos el barullo y el tumulto disminuyó, fue pasar la pesada puerta del recibidor de los juzgados y el silencio atroz lo puso otra vez en alerta. Pase por aquí señor Ribó, por favor. Un largo pasillo donde resonaban las pisadas, al final una puerta. En aquel instante Alberto Ribó volvió a repasar en su mente todo lo que debía decir, volvió a repasar los riesgos, a dudar, a vacilar sobre si la verdad fuese la mejor escapatoria, la mejor solución a todo este entramado. Ahora es tarde, ahora no puedo cambiar el discurso, se dijo para si, ahora ya solo puedo contar la verdad, y que sea lo que Dios quiera, ya no tengo coartada, ya es tarde para improvisar otra declaración. La verdad.
     Y Alberto Ribó contó la verdad, incluso contó más de lo que el juez le pidió que contase. Contó tanto, que no se acordaba de todo lo que dijo.

   Estuvo en prisión, pero lo soltaron, año y medio pasa rápido, si no tienes antecedentes, si te portas bien, en fin, año y medio no es tanto. De aquella no fue el que peor parado salió, hubo otros que corrieron peor suerte, dos alcaldes quedaron recluidos por otro añito más y Julio Parra quedó purgando la declaración de Alberto Ribó durante otro año.

Cuando Alberto salió a la calle era otro, como si le hubiesen trillado por dentro, con ese poso que tienen los expresidiarios, con esa apatía propia de los que van sobrados de todo, y sobre todas las cosas ese lastre. Y eso que Alberto vivió relativamente bien en la cárcel, no le mezclaron en demasía con el resto de penados, no le tomaron especial manía, y no sufrió ningún altercado violento que lo trastocase de por vida, al revés, como que le vino bien, le trillaron por dentro, aunque distante y con el gesto taciturno, ganó poso en personalidad, pausa antes de ejecutar, aplomo en sus acciones y sobre todo perdió el miedo al ridículo. Ya no era ese pijo estirado, esa polilla de oficina, ese ser tan gris marengo, tan previsible. Cogió cuerpo y distancia para verse por dentro y por fuera. Perdió la vergüenza con la que entró en prisión. Con el tiempo cambió hasta la forma de vestir, ahora más informal, más bohemio. Se hizo más inteligente, más punzante en sus criterios, mas pícaro, pero ganó en aplomo, sabía contar hasta diez antes de decidir, y tuvo la prudencia necesaria para no seguir escarbando en el yermo y extenso terreno de la ilegalidad, y sin embargo ganó en picardía y don de gentes. Sin sonreír supo sacar partido a esa cara de palo que se le quedó, y su verbo ácido pero fluido embaucó lo suficiente como para ganarse la partida en el duro y áspero terreno de la vida pública. Se graduó en la vida, como persona y como profesional. La familia mutó junto a él, se fue curtiendo durante ese año y medio, se fueron limando, perdieron estatus social pero a cambio ganaron solidaridad entre ellos, generaron nuevas ilusiones en el futuro, cambiaron de barrio, de amigos, de vida, y respiraron hondo, y pudieron dormir tranquilos, se miraron al espejo y el brillo que destilaban les gustó. La madre, doña Ágata se convirtió en un ser cariñoso y humilde cuando antes había sido una mala pécora engreída y suntuosa. Alicia, la mayor de las hijas, siempre timorata y huidiza ganó personalidad, y pasó de los 17 a los 18 años con una mayoría de edad bien ganada. Rubén con 16 años fue el que peor lo pasó, pero se aclimató según veía que el resto asumía su nuevo rol...y la abuela Manuela no dejó de ser ella misma, solo que con una muesca más en la cartuchera, con más experiencia y manejo de las situaciones.

me atrinchero en la caseta de mi huerto

Me atrinchero en la caseta de mi huerto y espero que el futuro sea pasado mirando las verduras crecer. Cerrando los ojos no hay crisis. Las SICAVS no tienen nada que hacer ante una lechuga fresca o un tomate bien maduro. La realidad se impone a la falacia financiera, y el olor a tierra húmeda crea expectativas de vida que la prima de riesgo dinamita, por ello es aconsejable cerrar el grifo al tocomocho y la estupidez del frenesí bursátil y expandir nuestros pulmones y nuestras pupilas delante de un surco rebosante de pimientos, berenjenas y pepinos que nos devuelvan a la esencia, a la verdad. La falacia que se ha generado en torno al ser humano nos distancia de las cosas que nos genera riqueza cierta, verdad absoluta. Mientras los técnicos y banqueros juegan a Midas, en mi huerta se genera comida real y no mentira incomestible, que por mucho valor de cambio que parezca tener hoy, mañana es una incógnita, un incierto presagio, mientras mis lechugas son valor de uso perenne que no necesitan de fe para creer en ellas, pues son empíricas y verdes. Si te pinchas sale sangre, y esa es la prueba evidente de que todavía no somos digitales del todo. Cuando el crack mande al carajo tus cuentas bancarias mis lechugas seguirán creciendo y será el único avituallamiento de que dispongamos, la única certeza tangible que evite que mueras de hambre. El crecimiento capitalista es una quimera tan plana y falsa que nos aleja de la sencillez, que nos despoja de aquello que nos hace humanos y nos transporta al mundo de la competencia malévola que no produce otra cosa que desazón y tristeza, frustración y miseria. Volveremos a los orígenes sin más remedio, no por cómodo sino por necesario. La globalización capitalista genera monstruos, fantasmas epilépticos que no son más que pesadillas para la mayoría de la humanidad por mucho que cuatro espabilados con conocimientos en casinos financieros se empeñen en hacernos creer que es maná para los pueblos. Producir una manzana en Nueva Zelanda y venderla en el Mercadona de Alcorcón no deja de ser un error de bulto por muchos números que nos demuestren que es un negocio boyante y próspero. Jamás será lógica tamaña barbaridad, e inexorablemente este hecho global no será más que una demostración empírica que este sistema económico ha tocado fondo por pacato y torpe. Volveremos a cavar la tierra, a criar el ganado que nos alimente y a asociarnos a los cercanos para evitar que el absurdo nos envuelva y nos vuelva tarumbas. Creceremos, pero por dentro. Nos globalizaremos para complementarnos, no para suplirnos, y seremos libres entre iguales porque ya nada nos impedirá la convivencia sana. Evitaremos los intermediarios por usureros y por malvados, por inútiles y torticeros. El pulso será el que marque la naturaleza y no otro, la vida será sencilla por sentido común y la austeridad racional nos valdrá como estímulo. Cultos y honrados, justos y humildes, solidarios y pacíficos, nos refundaremos en las claves que nos diferenciaran de las bestias y de los banqueros, de los canallas y los especuladores. Mientras esa realidad futura llega, no quepa la menor duda, seguimos sumidos en esta incertidumbre malsana, en esta zozobra canalla que nos acerca a los demonios, que nos pone los nervios tensos ante tanta injusticia.

me agoto

Me agoto, no hago nada y me agoto, ya no doy más de sí, estoy muy cansado, demasiado cansado para no haber hecho nada, quizá sea por eso, de no hacer nada, estoy agotado de no hacer nada, va a ser eso, yo ya lo intuía, que a mi me cansa el descanso, el exceso de descanso vamos, por que a todos nos gusta el reposo, el descansar, el estar tirado a la bartola, pero una cosa es de vez en cuando, y otra muy distinta es que te levantes a las 7 de la mañana para ir a un sitio a no hacer nada, a no rascar bola, a esperar el tajo que no llega, y así un día y otro, esperando que llegue algo, pero nada de nada, aquí estamos, viéndolas venir, intentando pintar la mona, hacer que haces, pero sin hacer nada por que no hay nada que hacer, y eso cansa sobremanera, a mi por lo menos, habrá quien valga para esto, pero yo lo paso fatal, todo el día disimulando, haciendo como que haces, actuando, y la verdad no hago nada o muy poco, muy, muy poco, y esto ya empieza a preocupar, por que un día sin hacer nada, vale, dos también, pero meses, meses tocándome la barriga, eso no se puede permitir, como venga un jefe y me vea escribir estas cosas no se que pensará, pero yo le diré que escribiendo estas cosas por lo menos no me duermo, por que muchos días así dan sueño, galbana, mala gana...no se, apatía, dejadez, y algo habrá que hacer, por lo menos así disimulo, estoy escribiendo con el ordenador, mirando a la pantalla, y gesticulo un poco, como que pienso, como que cavilo y llego a conclusiones acerca del trabajo, pero el trabajo no existe, no hay nada, ni poco, ni mucho, nada, es una pena...y lo peor es que no tiene pinta de cambiar. No se mueve una hoja, no hay pulso en la oficina, no hay actividad, está todo muerto, y no hacemos nada, pero la mente da vueltas, y más vueltas, porque está claro que esto así no puede seguir mucho tiempo, porque esta dinámica nos lleva al ostracismo, a la podredumbre, al ocaso, no puede sostenerse, acabarán echándonos a todos, eso está claro, así no podemos aguantar mucho tiempo, no hay mal que cien años dure, eso dicen, ni cuerpo que lo aguante, pues eso...pasa eso, que además nos vamos a volver majaras, de tanto pensar, de tanto preocuparnos, porque a base de no hacer nada pues estamos todo el día cavilando y elucubrando, y nos hacemos vulnerables. Luego encima oímos la radio, y para que quieres más, ahí ya te dicen que el mundo se cae a cachos, que esto se hunde, y que un futuro de recortes y escasez nos espera, y visto lo visto pues no me extraña. Algo falla, más bien debe fallar casi todo, está todo que da asco y como nosotros no rascamos bola, pues no dejamos de pensar en lo que será de nuestras vidas, que será de nuestro futuro. Pero sobre todo lo que tenemos que hacer es tener la cabeza ocupada, no se en que, pero ocupada, para no caer en la desidia y la depresión. Y lo largas que se hacen las horas pintando la mona, no dejas de mirar el reloj, te levantas a por agua, luego vuelves a mirar el reloj, te asomas a la ventana mientras bostezas, luego vas al baño, a no hacer nada porque hace diez minutos que has ido, y ya no sabes que hacer, como disimular tu actitud, miras la pantalla del ordenador, y donde ves marcianitos tienes que poner cara de que ves números, expedientes, tienes que disimular que cavilas, que piensas, que estas con la mente ocupada en algo muy importante, que estás concentrado en un trabajo ímprobo, en un asunto muy importante. Pero no dejas de ver los dientes al lobo, no dejas de no hacer nada; encima no puedes leer un libro...que dirán! No se puede estar con el periódico encima de la mesa, ni de tertulia con otros compañeros, aunque eso si que lo hacemos, tertulias, ya lo creo, al principio hablábamos un poquillo, pero ahora nos metemos en unas discusiones filosóficas, que ríete tu de los círculos de Viena y la Escuela de Frankfurt. Aquí acabamos intimando, discutiendo acaloradamente, riéndonos a mandíbula batiente, metiéndonos en jardines insospechados, tomando partido, en fin, pasando la mañana. Pero la angustia crece y la zozobra también, y sobre todo el ánimo, que va mermando y nos va apocando de tal manera que nos volvemos hipersensibles, neuróticos, muy vulnerables a cualquier acontecimiento externo y en apariencia menor. Transmitimos la congoja, el hedor de la crisis, el mantra que se repite una y mil veces, esa gota malaya que acaba por inundarlo todo, mojándolo todo.

marginado en el umbral de los sinsabores

Marginado en el umbral de los sinsabores, arrumbado en este solar de vino tinto, sin mas compaña que el sol que barniza mi piel, sin mas consuelo que los recuerdos de una infancia feliz y dichosa, llena de aire puro y de libertad, encuentro la melancolía por casualidad, y las lágrimas brotan caprichosas conforme los episodios se van evocando en mi memoria. Así embaucado, transpuesto y meditabundo llego a la plenitud sin darme cuenta, pero es cuando abro los ojos a la realidad que me circunda, cuando observo el lodo en el que ahora varamos cuando el sufrimiento detona en mi cerebelo y el castillo de naipes de mi mocedad cae con estrépito ante la barbaridad en que toda esa maravilla se ha venido a convertir con el paso de los años. La madurez marchita, un mundo indómito y salvaje, lleno de injusticias, de avances y retrocesos, gritos y silencios y sobre todas las cosas un avance implacable sobre el tiempo que es la vida. Nos atropella y nos muele, poco a poco, sin denuedo, sin esperarnos, arrasando cuanto encuentra a su paso, mortecino y monótono, nos pone en nuestro sitio y justifica las lagrimas vertidas. Quisiera poder volver a esos tiempos de vino y rosas, a esos recuerdos de la juventud humilde pero fértil, éramos ingenuos, con esas carencias que hoy son ausencias, con esas carencias que hoy tanto anhelamos y permanecen en nuestra memoria como un tesoro. Esos juegos sin juguetes, esa calle que palpitaba vida, el despertar de los instintos, la fragancia de las cosas. Las tiendas familiares, los negocios humildes, el justo jornal. Honrados y humanos, solidarios y tranquilos, ajenos a la cultura del pelotazo, fuera de las leyes de los bancos, de sus triquiñuelas financieras que han dejado todo como un solar. Engañados, maleados, aplastados como cucarachas, injustamente heridos. Somos débiles y estamos tristes. Apelan a la patria y en realidad lo que hacen es apelar a sus privilegios limpiándose el culo con la bandera nacional y los habitantes de esta España que ya no es tal.

mamarrachos empobrecidos

Mamarrachos empobrecidos, decrépitas mentes, abyectas gentes que no cultivan su espíritu ni abogan por un talante más racional, más humano, más justo. Alimañas expuestas a los avatares de la vida, que en sus estrechas mentes sólo albergan el impulso de la fuerza como máxima expresión de la condición humana y regla para medir el poder, la capacidad para imponer criterios y arbitrariedades. Gregarios y sectarios, incultos con vesania, se empobrecen en su mísera forma, y es en el brillo de sus pertenencias materiales donde pretenden mostrar una inexistente superioridad, muy al contrario, nos encontramos ante seres de baja catadura moral, que su ignorancia la exaltan, intentan camuflar su triste existencia con exabruptos y excesos verbales, buscando la identidad que en otro lado no encuentran. Incapaces de mantener una conversación racional, lógica, imposibilitados para discurrir, para argumentar, es en el tono y el volumen de voz donde intentan imponer su criterio que no es otro que el exceso de testosterona. Se los ve pasar raudos y veloces dentro de unos vehículos muy deportivos, muy tuneados, con los tapacubos de las ruedas muy relucientes y los cristales muy ahumados, emitiendo ruidos ya sea en forma de vatios crispados o motores trucados, a modo de reclamo, de forma de llamar la atención y buscando sobresalir sobre la multitud normalizada. Gregarios y pánfilos, pero peligrosos nos encontramos con estos gañanes en multitud de ocasiones, en demasiadas. Un caldo de cultivo muy general es en el ámbito de los campos de fútbol. Allí es frecuente ver gentes de esta ralea, bobos pertinaces, de mentes angostas, pero muy, muy violentos, demasiado fuertes físicamente y torpes en sus gestos y toscos en sus formas. Cortos como rabos de boina y absurdos, pero bullangueros y provocadores, y sin embargo visibles y jactanciosos, a veces corean cánticos ininteligibles, faltos de inteligencia y gracia, pero a ellos bobos como asas de pozales, les pone los vellos como escarpias. Los encontramos también en las noches festivas de las grandes ciudades, próximos a los polígonos industriales, donde naves industriales transformadas en templos del falso ocio los albergan, ellos muy tatuados, con las camisas muy estrechas y los pearcings muy brillantes, las gafas de sol sin él, muy oscuras, las drogas muy diseñadas y las cabezas huecas como troncos viejos y rapadas como césped nuevo. Su miseria mental la exhiben sin tapujos creyendo que en ese intento sobresalen de la medianía, pero lo que hacen es mostrar a las claras sus deficiencias

maldice tanto

Maldice tanto y dice tanto, que la vida es ya colapso, necesitamos aire y puro, necesitamos agua y vida, nacer de nuevo y sentir como distancia el horror de las naciones, de las avenidas de divisas que atropellan a su paso, que no dejan resolver el sano juicio. Precisamos los instantes inmediatos, el calor humano y bueno; la sensación de desgarro, es tan grande y tan abyecta que ya la huella es espanto, por eso anhelamos el silencio, el sentir paz por los adentros, descansar de tanto atasco, el cataclismo barato, el abismo de este tiempo. Ahora respiro hondo, me concentro en mi relajo , doy la espalda a este mundo de oprobios , mentiras y llantos, tan injusto y cicatero, tan inhumano y falso, abrazo la nimia cosa, el espacio solidario, una casita en el monte, un huerto y algunos ratos con los ojos entrecerrados, con el corazón cargado. Ahora las sombras pernoctan pegadas a mi regazo, todo el tiempo goteando, día y noche suplicando, buscando el atisbo, el hueco, el lugar a refugiarnos, las inclemencias son tantas que nos dejan devastados, avergonzados y yelmos sin sustento en este barro. Esta ruleta perversa gasta toda su munición en este trance, dando vueltas disparando, matando a diestro y siniestro, impidiendo humanidades, dislocando el sentido común, enrabietándonos a diario, ocupándolo todo, entristeciéndolo todo.

son gregarios de la noche

Son gregarios de la noche, hijos del vicio, los dueños de la oscuridad, vampiros sin capa. Pululan como almas en pena exhibiendo su malestar con todo; enjaulados en este mundo que les deja sin baza, sin atributos, piensan poco y actúan solo para mostrarse a cuerpo en su debacle. Son carne de cañón. Llevan gafas de sol de espejo, el pelo corto y engominado en punta, llevan pendientes, ropas deportivas caras y ajustadas, coches tuneados. Su personalidad la fraguan a base de dejarse ver, de acelerar sin sentido sus coches maltratados. De exponerse a cuerpo a las inclemencias de una vida que les supera. Se rebelan sin criterio, solo como pose para expeler olor a machito. Son bobos instrumentales, zafios y escasos. A falta de otro argumento más válido, creen que su mugrienta personalidad cobra lustre a base de llamar la atención y dejarse ver; pero son solo carcasa, están huecos y las pastillas no llenan tanto vacío. Tras los cristales ahumados de su Toyota Celica aturde un bramido de unos altavoces hipertróficos. Algún día la factura les cobrará tanta memez. Mientras tanto amedrentan a los ciudadanos apocados y silenciosos con sus turbulentas formas. Con ellos es imposible la revolución. Con ellos es imposible nada. Son basura, abono para el campo. Escombro humano pero ruidoso, se reafirman a base de empellones, de malos gestos, tontos como boinas pero excesivos y cacareantes no dejan de mostrarse a cuerpo, de significarse, de pavonearse. Escupen en el suelo a razón de diez veces por minuto, ponen sus sucias botas en los asientos de los autobuses, no utilizan jamás las papeleras, gastan más de lo que tienen, son fracasados escolares, analfabetos profundos, mentecatos y peligrosos, pues no hay nada más peligroso que un ignorante nervioso y furioso, que un tonto violento, que estas nulidades sacando pecho.

los gorgojos se lo están comiendo todo

Los gorgojos se lo están comiendo todo, los buitres despliegan sus alas y todo es sombra, todo oscuridad. Se ríen como hienas y no sabemos de qué. Les hace gracia que los pobres cada vez lo sean más y que cada vez haya más pobres. Asan la manteca como solución a la chapuza neoconservadora. Tu creías que dos y dos son cuatro, pero para estos merluzos con corbata son cinco de toda la vida. Donde ves el blanco está el negro, pero no un negro cualquiera, está el negro que no se quita, la mancha pertinaz de alquitrán pegajoso. La razón está denostada, y apelando a ella te desesperas, te vuelve loco ver cómo tanto devanarnos el seso para educar a nuestros hijos en la decencia en los valores no vale nada más que para liarnos la cabeza. A partir de ahora habrá que enseñarles a disparar al enemigo a la cabeza y luego a respirar hondo para que vuelvan a disparar sin que les tiemble el pulso. Ya no valen las buenas maneras, la cordura, la justicia o la decencia, ahora se premia el  barro, el tocomocho, la vergüenza y la desfachatez. Estamos en guerra, no valen prendas, no merece la pena guardar las composturas, ya no podemos aguantar más, ahora son o ellos o nosotros, y en esta batalla por conquistar nuestro ecosistema se premia la certeza, la puntería y la determinación. No te exhibas a cuerpo, procura ser sibilino y súmate a la ceremonia de la confusión. Disfrázate de lo que no eres y evita que se te reconozca en tus acciones. Tira la piedra y esconde la mano. Vuelve a proveerte de un buen tocho y continúa silbando, disimulando. Que te busquen y no te encuentren. Que tus golpes queden impunes. Vuélveles locos, que no sepan por donde les caen las ostias, que no ubiquen al enemigo. Nuestra labor es de desgaste, es una guerra de guerrillas, una carrera de fondo. Roba al ladrón. Mata al banquero. Sin miedo.

lobotomía

Lobotomía, cercén mental, inmolación cognitiva, eutanasia cerebral. Defensa ante el ataque externo. En mi sesión de meditación intenté abstraerme de tanto oprobio, consistía en conseguir un remanso de paz entre tanta basura, evadirme del constante acoso que suponía este ocaso social, este fin de fiesta, intentar crear una coraza ante la sinrazón que se imponía, ante la injusticia total. Llevaba mucho tiempo desayunando hiel a través de las ondas de radio, el mundo se desquebrajaba y yo con él. La rabia y la impotencia fueron apoderándose de la totalidad de mi ser, el dolor y la angustia se fue empapando hasta mojarlo todo. Tanta sobredosis de odio macerado estuvo machacándome hasta que empecé a somatizar tanta mala baba. El cataclismo capitalista me abdujo y me dejó rendido y sin fuerza. Empecé a pensar en la posibilidad de evitar que la situación me pudiera, en intentar vivir al margen de tanta abyección y de esa manera empecé a congratularme con experiencias extrasensoriales, a procurarme un rincón donde el aire fuera puro, donde las inclemencias ajenas no me afectasen, buscar en definitiva frenar la úlcera que estaba cebando en mi interior. Respiraba hondo, profundamente, perfilando cada momento, notando como el oxígeno cuidaba todos los poros de mi piel, depurando todas las experiencias negativas, aislándolas en un lugar de mi mente donde deberían quedar amarradas y estancas, sin riesgos de metástasis al resto de mi ser. Consistía en definitiva en volver a nacer dentro de mí, y en ese parto, dejar atrás todas esas atrocidades, injusticias, dementes argumentos que me colapsaban, evitar en cualquier caso ser pasto de las llamas de la barbaridad neoconservadora. Concentrarse en la pureza de la vida, del ser, contar despacio y sintiendo como el oxígeno atravesaba mis intestinos, como el pulso iba acompasado, tranquilo, notar la paz mayúscula, el paraíso real por dentro. De esa manera los momentos de agobio, las experiencias negativas tuve que marginarlas, aprender a evitarlas, absorber toda la materia positiva, barnizar de sosiego la integridad de mí ser, permanecer impávido e inexpresivo ante las agresiones externas. Mirar con sonrisa beatífica a los vende patrias, a los vampiros que nos chupan lo poco que tenemos, a los pérfidos banqueros, a los políticos de turno, y en esa coraza camuflarme, evadirme. En el trance que va de la miseria moral más absoluta a la plenitud espiritual pasé momentos de dudas, momentos de angustia y desesperación, y el ambiente circundante no ayudaba mucho. Contar hasta diez, permanecer en calma ante la avalancha, hacerme fuerte en mi microclima, en mi lugar seguro. Decía el poeta, “es amarga la verdad, quiero echarla de la boca…” en mi caso la verdad era insípida, había aprendido a observarla desde la distancia terapéutica, no volví a echármela a la boca, permanecí al margen de ella, en mi cubil ataráxico en mi diván aislado. Me procuré un anclaje firme y seguro en las plantas que me rodeaban, en los libros que leía, en mis procesos mentales buscando el equilibrio y evitando las negras energías que apestaban este mundo irreconocible. Como un monje seglar, autónomo, con la única disciplina de mi propia energía positiva, repitiéndome una y mil veces karmas que me amansaban, que no me dejaban salir afuera, donde los lobos aullaban y el dolor era perpetuo. Toqué el cielo una y mil veces, aprendí la disciplina, evité la paranoia mediática y me aferré con fuerza a la tierra que pisaba, al aire que respiraba y a la autarquía monacal que yo mismo me impuse. Cuando ya nada se tiene, ya nada se teme, y en esta limpieza material que comencé, estuve litigando largo tiempo, estuve invadido de dudas, pero el ritmo acompasado de los latidos de mi corazón me fue marcando la pauta y el proceso fue cesando hasta conseguir congratularme con la imagen que el espejo escupía de mi rostro. A  cuerpo me expuse a los avatares macroeconómicos y sinceramente me atravesaron sin herirme, llegó un momento en que me sentía superior, magnánimo y hercúleo, un titán en toda su expresión, un vendaval por dentro me bullía y no era otra cosa que la seguridad de la razón, el sosiego que produce saberte libre de ataduras, al margen de la barbaridad neoliberal.

llegaron los próceres de la patria

Llegaron los próceres de la patria, los que saben de esto, aquellos que nos salvan y que son el perejil de todas las salsas. Ufanos y sobrados, con ese aire marcial y esa suficiencia que les otorga su posicionamiento social, con ese empaque de clase alta, mirando por encima del hombro a todo quisqui, tan listos, tan bien plantados. Como un borracho distorsiona la percepción de la realidad, estos pájaros perciben el panorama social que les circunda. Obvian lo humano y enredan con sus ambiciones para lograr rascar bola y subir un peldaño. Autómatas de la palabra, robotizados discursos hueros y pacatos. Grandes palabras para decir poco o nada, para abundar en el vacío mensaje. La mentira como antibiótico. El gesto circunspecto y marcial más que seriedad transmite arrogancia y distancia. El emperador está desnudo, y ellos nos describen  sus abrigos. De la falsa transición que se vendió como ejemplar ya solo queda la esencia del error, el trampantojo de un país vendido y humillado, atribulado y súbdito. Solo queda la mortaja y la evidencia de la trampa, los despojos de la bandera. El país que ya no es.

le pegue una ostia y lo tiré al suelo

Le pegué una ostia y lo tiré al suelo, me quedé mirándole como sangraba por la nariz, me quedé mirándole como quien mira una serpiente, con cautela, pero seguro de la distancia que mantienes con ella. Había dos opciones: Seguir pateándole, seguir inflingiéndole una paliza severa, dejarle luego tirado como una mierda en la acera e irme. Otra opción era irme sin más, pero consideré que una sola ostia, por bien que esta se  hubiese dado, era poco para cambiar la actitud de un ser tan deplorable como este. Debía asegurarme que no se iba a mover en mucho tiempo, que iba a tener el miedo y la prudencia suficiente para deponer su actitud durante mucho tiempo, para siempre. Así pues aproveché que se puso de rodillas ante mí para darle una patada con todas mis ganas en la barbilla. Cayó a plomo. Nunca había pegado a nadie de esa manera. No creí que fuese capaz, pero algo dentro de mí se estaba transformando, me sentía seguro, fuerte, convencido y sobre todo sereno, tranquilo, como un profesional. Desde el suelo me increpó, me amenazó de muerte y sangraba más. Le aticé otra patada furibunda, esta vez en el estómago. Intentó ponerse de rodillas, pero no podía, quedó tumbado boca arriba, me miraba, pero yo no le retiraba la mirada, me sentía fuerte, me sentía seguro. Respiré hondo y valoré la situación. Conté hasta diez, y entonces escuché lo que me dijo desde el suelo...no me pegues más. Eso fue suficiente, en ese preciso instante se disiparon todas mis dudas, ya había entendido el mensaje, ya no era necesario seguir inflingiéndole más castigo, parece ser que comprendió. Sentí un gran alivio, una serenidad tremenda, puse el epílogo al episodio que estábamos viviendo con una frase lapidaria, para terminar, para dejar claro como quedaba la situación de cara al futuro, a modo de punto final: Que no te vuelva a ver por aquí o te mato. No pensaba matarle, pero era lo apropiado, decirle esa frase, zanjar el problema. Entonces me di media vuelta y me marché caminando tranquilo, despacio, sereno. Respiraba hondo, y no había manera de quitarme de la cabeza el episodio que acababa de protagonizar, en mi vida había pegado a nadie, y acababa de asistir a un gesto impropio de mi persona, pero he de reconocer que no me sentía mal, quizá algo extraño, un tanto atribulado y sobre todo no podía dejar de pensar en ese momento, cuando le pegue, una, dos, tres veces, fuerte, sin temblarme el pulso, concentrado en asestar golpes furibundos, precisos, contundentes, lo suficiente como para impresionar al rival, para ocasionar un daño ejemplar. Reproduje en mi memoria varias veces la secuencia. La breve discusión. La frialdad que me llenó por completo, segundos antes, cuando supe que le iba a propinar un estacazo, el primero, certero, rápido, un puñetazo salvaje en mitad del rostro, ese fue el golpe maestro, el que supuso el principio de su declive. Luego los otros dos, más seguros, igual de intensos, dos patadas, en el mentón y en el estómago, sobre todo esta última fue decisiva, quizá más fuerte de lo requerido, más salvaje que los otros dos trompazos. Fue después de esa última patada en el estómago cuando su rostro cambió y cuando pudo articular la frase “no me pegues más” que sin duda era una declaración de intenciones, una humillación explícita, era ponerse en mis manos, delegar en mi capricho el seguir castigándole o indultarle. Las amenazas que vertió sobre mi persona después del primer y segundo golpe, que si me iba a matar, quedó en agua de borrajas cuando el puntapié en la boca del estómago hizo estragos en sus entendederas y tornó en mansedumbre y humillación. No me pegues más, (ten piedad de mí).

   En los días siguientes el aire que respiraba entraba fresco y penetrante en mis pulmones, mi mirada erguida y suficiente. El episodio de la pelea se fue disipando poco a poco en mi memoria, sin abandonarla del todo. Mi vida por lo demás no cambió en exceso, las rutinas de siempre fueron moldeando la cotidianidad y haciéndola llevadera, el trabajo, la casa, la familia. Hacía ya diez días de la tercia de golpes que le propiné a aquél sujeto, caminaba tranquilamente por la calle, me detuve en el cruce de un semáforo, y le volví a ver, enfrente de mí, esperando al otro lado de la calle para cruzar en sentido opuesto al mío. Por un momento me puse tenso, quise evitar el encuentro, miraba hacia otro lado, no sabía que hacer, pero cambió el semáforo, se puso en verde, él no me vio; pero fue cuando cruzando la calle nos cruzamos la vista, pero nada más...noté como le cambiaba el aspecto, noté su rictus, su temblor, noté como me apartaba la vista, alcancé la otra acera y me paré. Volví la vista, y le volví a ver, volví a ver como él también giraba la cara y me miraba, sin detenerse, con la cara aturdida, quise ver temor en ese rostro, me tenía miedo, un miedo cerval, por que inmediatamente, cuando vio que yo giraba la cabeza y le miraba, cuando nuestras vistas se cruzaron, entonces salió corriendo como alma que lleva el diablo, tropezando, atemorizado diría yo. Me quedé quieto, observando el poder que me otorgaba con su reacción, permanecí inmóvil hasta que perdí de vista su rastro. Después continué caminando como Clean Eastwood, seguro de mis pasos, firme en mi quehacer, respirando hondo, sorprendido de la reacción de aquel sujeto ante mi presencia.

aborto...0

Las calles aparecen llenas de pegatinas que reza: “aborto cero”. La iglesia mueve el culo para estas lides cuando el mundo se cae a cachos por este sistema económico tan inhumano y supongo que tan anticristiano. Ni una pegatina para apelar a la cordura económica, a la justicia social. No ven. Tienen la biga en el ojo y se fijan en la paja del aborto, con ello se creen que se cubren de bondad. Mentira. Su silencio responsable ante la barbaridad neoconservadora les delata. Si Cristo levantara la cabeza les flagelaría por infieles, a todos esos falsos cristianos, votantes de derechas, conservadores, con sus abrigos de pieles, con sus misas diarias. Asco dan con sus confusiones, con sus torpezas malignas. Van a ir al infierno como dos y dos son cuatro, a quemarse en la pira eterna por venenosos. Se manifiestan por la familia…¿qué familia? De que hablan. Viene el Papa y toman la calle…”Benedicto, equis uve palito”. Los que salen a tomar las calles son pijos, ricos, muchedumbre de abducidos, gañanes que hacen un  daño irreparable a la humanidad a la que dicen defender pero a la que engañan con sus falsedades. El sistema económico neoliberal, ese es el gran enemigo de Cristo y del resto, ese es el objetivo que deberían perseguir y no otro. Les espero como agua de Mayo.

las brasas pueden parecer apagadas

Las brasas pueden parecer apagadas, grises, tristes y vencidas, apenas un montón de ceniza polvorienta; pero basta un hilo de viento bien dirigido, certero y constante para que la llama vuelva a resurgir, para que el calor se expanda y el fuego ilumine con fuerza. Luego será suficiente con mantener la yesca viva, con alimentar regularmente este fuego renacido,... es fácil.

Este símil pudiera aplicarse a infinidad de situaciones cotidianas en nuestras vidas. Vale para ensalzar el valor de la amistad por ejemplo o para estimular la constancia en algunas acciones de ciertas personas. Este no es el caso.

Agnes Luces no era una persona controvertida, no era alguien que se saliese del tiesto con su forma de vida, alguien que llamase la atención, más bien era discreta, humilde, apocada y vergonzosa, pero con una vida interior muy intensa, con mucho poso, con mucha retranca, un fondo muy complejo, muy elaborado. Educada en una familia humilde, su padre era un obrero industrial en Figueruelas y su madre una ama de casa al uso. La mayor de tres hermanas. Emigraron, cuando Agnes tenía doce años a Madrid, siguiendo el sueño de su padre, que había logrado, no sin mucho esfuerzo, una plaza para trabajar en el aeropuerto, en el mantenimiento de las instalaciones. Una mejora considerable en el sueldo que de momento no se notó apenas pues el cambio de ciudad supuso un desembolso inmediato en el alquiler de la vivienda, a unos precios que no estaban acostumbrados, y la escuela de las chicas suponía un gasto mayor, no en el colegio que afortunadamente pudo ser público y gratuito, pero si en los costes adyacentes que esta nueva situación trajo a la familia. Agnes asumió una responsabilidad inaudita en los meses siguientes al traslado, asumiendo la tutela y custodia de sus dos hermanas menores, Angélica de 7 años y Ágata de 5. Ella sola con 12 años iba en autobús todas las mañanas con las dos pequeñas y las traía de vuelta a las cinco de la tarde. Durante la jornada se ocupaba de que las niñas comiesen en el comedor y las vigilaba en el recreo. Su madre estaba encantada con la aptitud servicial y laboriosa de su hija mayor pero algo no terminaba de encajar. Agnes era retraída, seria, callada y pasaba muchas horas en su habitación, leía infinidad de relatos oscuros, tenebrosas historias de piratas, de brujas, historias que le producían desasosiego y zozobra pero que no podía dejar de leer, pues le atraían sobremanera. Se fue fraguando un carácter fuerte...

la noche fue larga

    La noche fue larga, y eso que era la más corta del año, pero la intensidad aceleró los pulsos y el alba se recibió sin estruendo, como una hora más de la noche, con las sonrisas soñolientas, beatíficas, radiantes de una noche de fiesta.   

    El sol teñía el horizonte apenas y el calor ya se notaba en la tibia mañana. Los cuerpos devastados se arrastraban al cobijo oscuro donde el descanso calmara el bullicio pasado. Pocas horas soñando el día siguiente y una vez llega la resaca acuna y cambia el pulso, baja la tensión y abre la mente. Esa chica con la que ayer bailaste, hoy parece la sombra de si misma y se muestra como una desconocida a la luz del día. Con los vapores ya pasados de la noche, es el sol el que pone las cosas en su sitio y nos descubre un mundo de colores que ahora nos hacen daño a la vista.

la garganta arrasada

La garganta arrasada de gritar en los torbellinos de la noche, de intentar hacerse entender entre el estruendo electrónico de una música demasiado alta y endiablada, gritando lo obvio, bebiendo sin sed, fumando sin ganas. Haciendo horas extras tras la barra de un bar, gastando tiempo, energía y dinero, puliendo la salud, envenenando el alma, destrozándolo todo, agitando el espíritu y pidiendo más donde ya no cabe. Los ojos rojos como morcones, la mirada perdida en la luz negra, oculto entre la multitud, gastando todo el tiempo de la noche y llegar vencido y decrepito a un amanecer que atormenta con su luz. Los vampiros buscan la cueva lúgubre donde camuflarse, donde pasar desapercibidos con sus ropas negras y sus pálidos rostros, y toda la luz de este amanecer de harina roja clava una estaca en el corazón de los crápulas que desfilan buscando las sombras y el abrigo de unas gafas negras. Confusos y abatidos se tambalean antes de caer acurrucados en cualquier rincón lo más oscuro posible donde desaparezcan…hasta el ocaso.

la casuistica me empuja

La casuística me empuja a existir en otra dimensión, estancado en este presente anodino, insulso y aburrido mi mente demanda experiencias sensoriales que me mantengan despierto, algo que me saque del marasmo, de la apatía, de esta constante gris y perpetua. Este silencio vacío, esta falta de pulso, de tensión que nos adormece, nos transporta y nos deja sin tiempo, al margen de cualquier pronóstico y cualquier estudio. Somos la tabla rasa, el cero absoluto, sin constantes, el encefalograma describe una meseta llana y sin altibajos y los párpados se nos van cayendo evitando que la poca luz que aún queda nos estimule algo. Así pues, en esta diatriba, en esta insulsez desde dentro, desde el fondo de este cuerpo domado en la galbana intento buscar otra dimensión, otra fractura terrenal, algún lugar donde domeñar este presente ingrávido, absurdo e irracional. Será desde el pensamiento, desde el sueño, desde la fantasía que mi mente me permita, desde donde intentaremos conseguir un lugar ameno, un sitio donde poder realizarse como ser humano, sin trampa. Será en ese terreno privado y prohibido al extraño donde fragüemos un futuro, o al menos un presente más erecto, más dinámico, más audaz. Y sin embargo el absurdo de la dejadez, el bostezo tremendo que representa este mundo que vivimos nos deja aturdidos, pensantes y arrumbados en ese destino desalentado, deseosos de cambio pero con las fuerzas batidas, escasas y con el ánimo tajado por la falta de expectativas. Ahora los sueños me desvelan, despierto turbado, sudoroso y con la respiración acelerada, incrustado en mórbidas aventuras terribles, donde un sinfín de percances y avatares me van desasosegando y no dejan respiro al descanso tan necesario. La realidad no es menos tosca, menos ruin, si cabe una prolongación de la desazón y la tristeza. Rostros demacrados, malas noticias, porvenir ruinoso, un futuro de amargura y oprobio, sin risas, sin disfrute. Contagiado de tan craso panorama el esperpento se muestra en constante, el disgusto en cotidianeidad. Tocamos el fondo con la punta de los pies, y ya solo queda hundirse un poco más para impulsarse después, más bajo no cabe....¿o si?

historias de la crisis 4

Historias de la crisis 4   
Paseo por la calle y siempre voy pensando lo mismo. Miro los locales comerciales vacíos, sin clientes, o cerrados, con el letrero de se vende o se alquila. Miro a la gente con la que me cruzo y los veo inertes, sin alma, no sé si es una apreciación mía o es que realmente están así. Veo mucha gente pidiendo. El paisaje es este y yo en vez de pensar en mis cosas o en otras cosas, pues me da por pensar en esto, y me da miedo. El futuro incierto. La tristeza que no cesa, y encima el día está gris, lluvioso, soñoliento. Aquí estoy en mi puesto de trabajo sin él. Aquí estoy bostezando la angustia diaria. Silencio perpetuo, calma chicha y el cero al fondo. Somos pasto de las llamas neoliberales, este sistema que necesita que nosotros cebemos la pira. Nos queman y nos dicen que es por nuestro bien. Estamos en manos de gentes perversas, engullidos en el estómago de esta fiera capitalista que nos impone su lógica, la lógica de los pocos y poderosos contra cualquier forma de justicia y decencia. Nosotros desperdigados, lobotomizados, incapaces de articularnos contra esta caterva de desalmados. Deberíamos apostar por el ser humano pero yo ya no sé si esto es posible. Enervados, convulsos, idiotizados y disgregados. Jugamos lo que nos proponen, alimentamos su usura, bailamos su agua. Me siento títere de este teatro insoportable, de esta danza macabra que nos humilla y nos distancia. A todas estas el planeta agoniza incapaz de soportar tanta afrenta, a todas estas los ricos lo son más a costa del dolor de los más desfavorecidos. La camarilla de los que pueden es una mezcolanza de banqueros, políticos, empresarios, dirigentes varios, élites borrachas en su burbuja indecente, son pocos, pero ríen a costa del dolor ajeno, se sujetan unos a otros en un lobby perverso, en una cadena de favores y chantajes. Ningún argumento ético puede sujetar la avalancha voraz de oprobios que esta mancha de aceite tiñe la vida. Crean sus leyes y las hacen tuyas, nos miden con su vara, nos ajustan a su paso, nos hacen creer que no hay otro camino posible, que no existe otra solución que no sea pasar por el estrecho aro de la penuria económica, por la austeridad tuya y el exceso suyo. Nos alimentan con su soma todos los días, a través de su gota malaya en forma de mensajes apocalípticos, amenazantes. Mienten. Lo saben, da igual, miente y miente que algo queda. Asco, esa es la sensación, indignación por supuesto, pero asco pleno, un asco que lo llena todo. Asco de ellos, de la ignominia, de la inhumanidad, pero asco también de la abulia nuestra, de ese pan sin sal en que nos reflejamos. Y si te sales del renglón, si denuncias el abuso, si gritas la tropelía, entonces eres un violento, un anti sistema, y claro, los hay, anti sistema, anti sistema…que no nos de miedo la palabra. Este sistema endiosado, este sistema que se nos presenta como una verdad objetiva, como una realidad imposible de modificar, como el sol sale por la mañana y se oculta por la noche, algo que es en sí mismo. Nosotros atrapados en esa lacerante teoría del juego que es el dilema del prisionero, no colaboramos a pesar de que el interés de todos está en la colaboración. El egoísmo generalizado perjudica a los jugadores. Lo saben. Se nos plantean las preguntas en su idioma y si contestas en otro idioma eres un anti sistema. Seámoslo pues.