martes, 25 de noviembre de 2014
soy piel muerta
Soy piel muerta, un envoltorio de huesos, un andrajo sin aire. Nada vale ya. Estoy a merced de una historia sin alma. Todo está manga por hombro. El desastre es inminente. El castillo de naipes sufre el vendaval neoconservador. La astucia de los inversores no vale para saciar el hambre de la multitud. El mantra de los medios de comunicación no deja de percutir con su monserga de llamarnos a la calma. Todos los días criminalizan a la población, a su violencia. El tufo a muerto sube lenta pero inexorablemente. La democracia es un pufo que ya nadie soporta. Una mentira tan lacerante que no cuela. El abismo diario. Se acabaron las reservas. Las despensas de los abuelos ya están vacías. Dieron de comer a los nietos durante muchos años, y eso enfrió el volcán. Pero ahora ya solo quedan migajas, y la angustia marca el segundero del reloj que cronometra nuestras vidas. La temperatura sube por momento. Por la televisión no dejan de echar hielo, pero el fuego se lo come todo, lo funde todo. El colapso es insufrible. La injusticia es clamor. Acaricio mi kalasnikov y espero paciente. Los templos de la cristiandad tampoco están al margen de la lujuria capitalista. Mezclar el agua con el aceite es imposible. Igual pasa con el capitalismo y la ética cristiana. Luz y taquígrafos. A las puertas de las iglesias arden sotanas. Dar de comulgar a un millonario es apología del terrorismo. Los soldados de la ira están apostados en todos los rincones y no dejan títere con cabeza. Los potentados van disfrazados de pordioseros pero de vez en cuando alguno es delatado y entonces las jaurías de parias se echan encima…se lo comen.
son chulos por prepotentes
Son chulos por prepotentes. Son prepotentes desde la cuna. Sus padres ya lo eran. Ya lo heredaron de sus abuelos. Ricos. Acostumbrados a ser servidos. Domados en el exceso. Alta cuna, derechos adquiridos. Mean colonia. Tu eres de otra casta, de otra especie, humano a medias…ellos son más, mejores, con más derechos, con más de todo. Hasta en misa les hacen más caso a ellos. El dinero lo puede todo, llega a todo. Todo se compra y todo se vende. La ética también se vende y se compra. Si tienes pasta tienes más posibles, si tienes pasta eres más bueno, se te abren puertas, todos tras de ti, te sonríen, te regalan. Inmenso teatro este rompecabezas neoliberal. Inmensa hipocresía. Una carta magna llena de derechos mudos, de brindis al sol. Derecho a una vivienda digna, al trabajo…a morir de hambre. Guarros. Indecentes. Gentes con sentido de Estado dicen. ¿De qué Estado hablan? La basca ácida que me sube por los adentros, incontenible, la debo regular para que no se convierta en apología del terrorismo. Canallas.
espantado en el bloqueo mental perdido entre tanta confusion
Espantado en el bloqueo mental, perdido entre tanta confusión. El azote informativo colapsa nuestras neuronas y nos expone a cuerpo al devenir de la historia. Una capa sucia de moralina es vertida desde las capas altas del poder. El tejemaneje es propio de dictaduras duras. Aquí no. Son demócratas de toda la vida, gentes campechanas, prestidigitadores de las palabras y los gestos, no dan puntada sin hilo. Conocedores como son del desamparo social existente, sabedores de la poca capacidad crítica de la población, de la escasa o nula habilidad para gestionar las emociones. Miedo. Un miedo terrible que inoculan con herramientas diversas. Hoy te juzgan por apología del terrorismo, por exponer en las redes sociales tu amargura de limón, por manifestar una justa rabia. Miedo. A perderlo todo, a que se te cierren las puertas, a que se te niegue el pan y la sal. Vulnerables, terriblemente susceptibles. Expuestos a la brasa del poder. Un poder omnímodo, un poder canalla, que administra su dosis con guante de seda. Unos tecnócratas ufanos y altaneros que con displicencia despachan nuestros argumentos, nuestra justa causa, se nos ríen en la cara, menosprecian nuestros argumentos, ni los consideran. Ahí están, rotos y en el fondo de la papelera. Sus yates y sus jacuzzis son intocables, son parte de los mínimos, de las rayas rojas que no se pueden traspasar, asuntos innegociables. En los despachos de estos déspotas se trafica con carne humana, con dolor, con sangre y con desprecio. Eso sí, a las doce hacen un alto para tomar un lunch, y quizá para asistir a alguna celebración cristiana que les ponga el alma a punto de nieve. Ceremonia de la confusión. A Dios rogando y con el mazo dando. Lo obvio ya no lo es tanto. Tragamos sapos a diario, ruedas de molino para comulgar a diario, mentiras vestidas de verdades a diario. Tocomocho perpetuo. Nada es cierto, todo está podrido. Imposible revertir el status quo, imposible cambiar ni un ápice el orden establecido. Los ricos en sus poltronas, en sus consejos de administración, en sus jacuzzis, gobernando, dirigiendo, metiendo miedo, moviendo fichas y cambiando las que consideren oportunas. Misas diarias, confusión extrema. Dolor que de pertinaz y constante se transforma en calvario perpetuo. La historia apuñalada, el futuro entristecido. Revertir la historia. Razón y revolución.
Arrancaron naranjos y viñas para construir aeropuertos
Arrancaron naranjos y viñas para construir aeropuertos en Castellón y Ciudad Real. Para progresar, para ser competitivos. Mierda. Desde Bruselas nos obligaron a matar vacas, a echar cemento sobre los olivares para hacer polígonos industriales. Los yates cada vez son más grandes. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que un olivo centenario tiene más valor en si mismo que cualquier fondo de inversión. Estos economistas de mierda nos enredan con sus gráficas y sus estimaciones para forrar más sus riñones. Nunca produjeron nada útil. La bazofia neoliberal consiste en vender humo a un precio elevado. Todo es mentira. Las primas de riesgo, los índices, las tendencias, las estimaciones, los objetivos, las mandangas. Borra seca. El tocomocho es ya de tal envergadura que no hay manera de hacerlo apetecible, y mira que se esfuerzan. Llaman economía a lo que pergeñan en sus laboratorios neoconservadores, a sus tejemanejes. Nada de lo que se cuece allí se come. Un gordo descomunal se apoltrona en su sillón y con solo teclear un botón vende y compra el mundo…a eso lo llaman economía. Economía es trabajar la tierra y comer de ella. Mamarrachos.
Democracia. Se les llena la boca con la palabrita. Ni saben lo que es, ni quieren saberlo. Pero la usan, la desgastan, la utilizan. En su nombre nos mutilan. En su nombre nos la roban. Libertad. Otro timo barato, otra palabrita mal usada. Violencia, sabrán ellos de violencia. Grandes palabras que en sus bocas se transforman. Nos atufan con sus colonias caras, con sus gestos determinados y resueltos. Asco da. Van a misa después de mandar poner cuchillas de afeitar en las vallas de las fronteras. Otro sapo. Otra mentira. Hipócritas, mucha misa y luego escupen en la cara del nazareno cada vez que pueden. Cada vez más burdo todo, menos sutil, más zafio y el trazo más grueso. Nosotros cada vez más tontos, o más deprimidos, o simplemente más apáticos, más desgastados, más pasotas que se decía antes. Avestruces que metemos la cabeza en el agujero para no ver. Ausentes. Tristes. Vencidos.
Volverán las trincheras, las barricadas, los coches cruzados en las calzadas. Volverán a llamar terroristas a los que tiren piedras a las cristaleras de los bancos, pero ya nadie les escuchará. El agua al final encuentra la vía de escape.
Democracia. Se les llena la boca con la palabrita. Ni saben lo que es, ni quieren saberlo. Pero la usan, la desgastan, la utilizan. En su nombre nos mutilan. En su nombre nos la roban. Libertad. Otro timo barato, otra palabrita mal usada. Violencia, sabrán ellos de violencia. Grandes palabras que en sus bocas se transforman. Nos atufan con sus colonias caras, con sus gestos determinados y resueltos. Asco da. Van a misa después de mandar poner cuchillas de afeitar en las vallas de las fronteras. Otro sapo. Otra mentira. Hipócritas, mucha misa y luego escupen en la cara del nazareno cada vez que pueden. Cada vez más burdo todo, menos sutil, más zafio y el trazo más grueso. Nosotros cada vez más tontos, o más deprimidos, o simplemente más apáticos, más desgastados, más pasotas que se decía antes. Avestruces que metemos la cabeza en el agujero para no ver. Ausentes. Tristes. Vencidos.
Volverán las trincheras, las barricadas, los coches cruzados en las calzadas. Volverán a llamar terroristas a los que tiren piedras a las cristaleras de los bancos, pero ya nadie les escuchará. El agua al final encuentra la vía de escape.
lunes, 28 de abril de 2014
ya lo sabemos
Ya lo sabemos. Hemos estudiado muchos libros de economía, leído a muchos teóricos y sabios. Los argumentos de Freedman siguen vigentes, son simples y estrechos, pero es la receta que se aplica, son antiguos y antipersona. Superan sus expectativas. Freedman nunca hubiese privatizado el ejército, lo único que no privatizaría. Pues hasta el ejército es privado. El futuro se pinta en blanco y negro. Una franja muy estrechita de color blanco donde multimillonarios viven en su bunker, en su cápsula, aislados de la mugre que lo circunda, son muy pocos, muy pocos. Otra franja negra, llena de gente, multitudes hambrientas, cantidades ingentes de población sufriente. Años luz entre los unos y los otros. En medio de los dos el vacío, el cero, la ausencia de gris. Los analistas económicos que aparecen en la radio o la televisión nos dan largas, apuntan soluciones en el futuro lejano. Hablan de un largo y estrecho túnel de penurias para llegar a un final feliz. Pero es mentira. Ellos lo saben. No hay futuro. La economía nos aboca al desastre como proyecto económico, como nación. Los neoconservadores han tomado las riendas del poder mundial. Los ilustres del Club Bildelberg manejan el tablero de ajedrez del mundo con suficiencia y con mano de hierro. Vuelve el palo y la zanahoria. La teoría del Shock. Tenernos amedrentados, no solo pobres, si no amedrentados. Con el miedo en el cuerpo nos movemos atenazados, sin un criterio fijo, con el miedo en el cuerpo nos ocupamos de lo inmediato, de subsistir, nos volvemos huraños y mediocres, tristes y pobres por dentro y por fuera. Ellos lo saben, nos ajustan la golilla con determinación, pero a la vez nos venden la burra. Llenan nuestros sentidos de imágenes amables, y nos dan esperanzas, falsas esperanzas. Nos dividen, nos disgregan, nos acogotan. Nos enfrentan, nos manipulan. Así pues ya lo sabemos. Sabemos cuál es la receta, y sabemos cuál es el camino tortuoso que nos toca caminar. También sabemos que todo es mentira, y sabemos positivamente que nos van a criminalizar, nos van a meter miedo, nos van a someter al shock total. Cuando tires una piedra a una entidad bancaria serás un miserable antisistema y un violento irreductible, una alimaña para la sociedad…y un triste por tirar una piedra a una entidad bancaria. La solución la sabemos, no es tirar una piedra a una entidad bancaria, sino tirar una bomba (y que no te vean). La solución después de mucho cavilar es bien sencilla: se trata de hacer valer el número de los desheredados, de los maltratados por este sistema. La solución es que los cuatro del Club Bildelberg, los cachorros de la escuela de Chicago, los neoconservadores multimillonarios sufran….si. La solución es que hagamos una transfusión de miedo y de dolor, que les pasemos a los de la franja blanca, a esos pocos elegidos todo el dolor y toda la miseria que seamos capaces de traspasar. Matar a esta calaña. Meterles miedo cerval. Es preciso que sufran, que tengan miedo. Cuanto más miedo tengan ellos, menos miedo tendremos nosotros, cuanto antes empecemos, antes saldremos de la crisis. Así que la receta es apuntar bien, respirar hondo y disparar. Luego volver a coger aire y volver a disparar certeramente, con puntería. Esa es la mejor receta macroeconómica para salir de la crisis, sin duda.
Verbigracia y pantomima
Verbigracia y pantomima. Estimulados por las cámaras de televisión nuestros politicastros, actores menores, papanatas sonrojantes, se rodean de una cohorte de palmeros muy tontos acostumbrados a reír las gracias ajenas sin apenas cambiar el gesto de una gracia a otra. Tienen el semblante rígido en ese rictus sonriente que no desborran mientras permanecen en el radio de acción del actuante de turno. Es otro síntoma más del escaso bagaje intelectual de los nativos. Otra muestra más del poco empaque y las cortas miras de los absurdos seres que habitan esta piel de toro que llamamos España. Acostumbrados al palo y la zanahoria, a rendir pleitesía a los señoritos de turno, criados entre genuflexiones y miedos, entre servidumbres y complejos, los españolitos medios solo sacan el genio y la rasmia cuando ven un partido de futbol o se montan en un coche. Lo normal es ceder, aguantar, arrastrarse como culebras y hacer la pelota al superior como una prolongación genética de nuestro acerbo cultural. Por dentro estaremos cagándonos en lo más alto, pero de cara al señorito, al político, al poderosillo de marras nos mostramos como unos gilipollas, cediéndoles el paso, arrugando la gorrilla y mostrándonos sumisos y dispuestos, disponibles y serviles, sonrientes y bobalicones. Lo que usted mande, faltaría más, a sus pies. Y sonriendo. Por dentro la fiebre, el dolor, la calamidad, la humillación. Todo con mucha entereza, con mansedumbre enfermiza. Vivan las cadenas. Al lado de nuestros dueños, entregados a ellos. Alimentamos la úlcera, cebamos de tensión nuestro sistema nervioso y paseamos nuestra miseria con vergüenza y con la mirada perdida. No explotaremos porque somos eso, esclavos amaestrados, perros falderos, acostumbrados a obedecer, a asumir, a doblar la cerviz ante cualquier advenedizo con corbata, ante cualquier mindundi que apunte alto, ante cualquier pelagatos bien situado. Cuanto más burdo y grueso sea el trazo humano que dibujan nuestros próceres, más agachamos la cabeza ante su presencia. Cuanto más tonto el de arriba, la sonrisa es más pronunciada, la proporcionalidad no falla. De un país de mansedumbres y abnegaciones no se puede esperar mucho más. Las penas son humillaciones que llevamos con entereza, son cruces que nos tocan. Domados en la obediencia sin preguntar. Asumimos las jerarquías impuestas sin cuestionarlas, nos dejamos apalear y agachamos las orejas sin mostrar queja alguna, sin plantear justa batalla. Nuestros gobernantes están acorde con la idiosincrasia patria, esto es seres torvos, pringosos, falsos, mediocres, pusilánimes y vendidos; seres egoístas, pacatos, nulos, tullidos mentales, absurdos y papanatas. De un país que ya no es, solo esperar que el hedor no nos nuble la vista aun más, que la vergüenza ajena no nos anule del todo.
una patria es una piedra
Una patria es una piedra que se arroja, no es un lugar común ni un proyecto, es tan solo un arma arrojadiza. Unos creen sentirla en la sangre como un tremendo y poderoso impulso que les llena todo. Como una revelación, un sentimiento irracional…y ahí se quedan, en el grito de la sangre, en el pálpito cerval, en la visceralidad de los colores del trapo que la representan. No hay más argumento que aportar para que algunos expliquen lo que sienten cuando hablan de patria. Con una cuartilla por una cara les daría de sobra para explicar que es y que representa para ellos la patria. Estos ultrapatriotas, ya lo sean de un terruño grande o pequeño, oprimido o no, visten bandera como piel propia y enseñan los dientes para salvaguardar su nombre y el trapo en cuestión. Eso si…si pueden escaquearse de pagar el IVA pues mejor, si pueden evitar pagar cuando les toca por ley lo hacen, compran siempre que pueden en el chino de la esquina, su perro se caga en mitad de la acera y ahí queda el regalo, algunos tienen cuenta en Suiza, o apartamento en la playa en zona de dudosa legalidad al evitar la ley de Costas, no reciclan, manchan, hacen ruido, estafan siempre que pueden, muchos son violentos con sus mujeres, con sus hijos y con sus vecinos. Son patriotas.
solo el dolar
Solo el dólar, solo el dinerazo el pastulón magnánimo vale. Decir mercado es lo mismo que decir todo. Todo cuanto ves, cuanto respiras, cuanto oyes; o se compra o se vende. No hay absolutamente nada de lo que existe o no existe que no se pueda mercantilizar, de hecho lo está. Cada vez el reducto es menor, cada vez la pacatería mercantil nos obliga más a pasar por ese estúpido y estrecho aro que es la mercantilización. Educación, sanidad, vida, ya no son un derecho sino un producto. Todo es producto. Hasta el aire, la selva tropical es producto. Pronto el oxígeno que consumes tributará como tal, y no estará exento del IVA. Detrás de este tocomocho están los señores del dólar. Una casta de tecnócratas plutócratas que mediante el timo y el miedo han conseguido que la humanidad dependa de su soberbia y su maniqueísmo. Lo quieren todo. Vieron el mundo como un casino y compraron todas las fichas, apuestan sin sentido pues todo es suyo, y más que será. Suyo. La propiedad privada como valor en alza, como verdad indiscutible, como tótem al que hay que rendir pleitesía y el dios al que debemos todo cuanto somos. Ataron todo en un paquete y nos dieron con él en la cabeza. De tal manera están las cosas que si te sales del renglón por ellos establecido eres un ilegal y acabas en la cárcel. Así es, pusieron a la zorra a cuidar de las gallinas y ya no ponen huevos, y los pocos que ponen son suyos. Mío, todo mío. Ese es el final de esta fiesta. Te ves reflejado en el espejo pero ya no eres tú, eres un producto que tiene dueño, y ese es tu jefe, tiene tus escrituras a su nombre registradas en el registro de la propiedad y lo único que haces es obedecer, pues es tu obligación de mercancía. Dejan que sueñes libertad para que seas inofensivo, pero no pasas de eso. Compras la libertad para no ser libre. Esclavo de lo poco que tienes, de tus deudas, esclavo de tu miseria que crees que no es tal porque te dejan conducir un coche que debes y vestir una ropa que te desnuda. Eres tonto creyéndote listo y ellos se parten la caja contemplando como zozobras en tu pesadilla de libertad. Navegas por internet pero la clave es suya y tu libertad es suya. Debes saber que naufragas, que estás hipotecado de por vida y lo que te queda. Bobo como asa de cubo, gañán como boina deshilachada. La revolución te da miedo pero la verdad es que ya no hay nada que no de miedo, el miedo lo es todo, todo es pavor. Tienes miedo a los que se sublevan, a los que se niegan a asumir tanta barbaridad, tienes miedo de ti mismo. En la jaula en la que disfrutamos de nuestra presa libertad observamos cómo se descomponen nuestros valores, comprobamos como la tropelía neoliberal nos amontona en su silo y pasamos a ser tasados al peso y subastados al mejor postor. El discurso cada vez es más negro, y de vez en cuando lo pintan muy negro para después dar una pincelada gris oscura que nos parezca una bendición, pero ese gris tiende a oscurecer y si no tiempo al tiempo. Nos enfrentan. Hacen y deshacen a su antojo y utilizan técnicas vetustas pero infalibles para tenernos de uñas los unos frente a los otros. El discurso es zafio y simplón, estrecho y burdo, pero bien pagado. Nos golpean con el guante de seda, pero muy fuerte, y nos echan la culpa de deteriorar el guante con nuestra piel dura. Cada vez menos, cada vez más apocados, más amedrentados, más sumisos, más tontos en definitiva, y ellos más a gusto en su mundo feliz en su nuevo orden. Cuando se tiene todo a disposición uno se convierte en alfarero del mundo. Una casta de millonarios está en ello.
sociedades secretas
Sociedades secretas, oscuras camarillas de poderosos, los Illuminati, los dueños, miembros del Club Bilderberg, los que diseñan, los que se erigen en dioses del planeta; desde sus covachas, desde sus guaridas pergeñan y vaticinan. Después de la segunda guerra mundial el orden planetario quedó a sus pies, ellos se reunieron alrededor de la gran maqueta que es el mundo, cambiaron piezas, moldearon sus estructuras y nos hicieron un planing para el futuro. En ese plan maquiavélico optaron por la sumisión de la especie, por la sutileza brusca. El poder cuando es tan desmedido se vuelve loco. Se sale de la órbita terrestre y para barnizar tanta omnipresencia se otorgan una categoría divina. Así trascienden de la pura economía y empiezan a barruntar en disciplinas más etéreas, más espirituales. Ganar dinero aburre, y es necesario tocar el cielo aunque sea un poquito para que esa fortuna luzca. Igual que los Césares se alzaban sobre su población tocados con una gracia divina, estos sátrapas de nuevo cuño lo hacen a partir de dogmas de fe, o trallazos de divinidad. Cabalgan entre la masonería o la divinidad, entre lo omnímodo y lo esotérico, visten su poder desmedido con un halo de misterio y predestinación. Tanto jacuzzi, tanto yate, tanta mansión por si solos acaban por denostar a la especie, hay que arropar el lujo con la trascendencia. Sociedades secretas, sofisticadas asociaciones de canallas, de cínicos malvados. La ciencia a su disposición, las energías a sus pies, la especie bajo su designio, bajo su palio. La crisis es eso. Tiraron los dados un día de lluvia, mohínos y aburridos. Salió un número impar y decidieron que eso significaba cambiar el orden planetario. Decidieron que había que apretar un poco más todas las tuercas. Y no solo decidieron eso, también decidieron que había que crear un soma para la población, para tenerla dormida y sumisa, amedrentada y humillada, y que en el éxito de esa operación se cimentaría el poder futuro. Cada poco tiempo estos iluminados se reúnen; son banqueros, la alta aristocracia, la flor y nata de la alta sociedad, están los que parten el bacalao y casi siempre salen muy contentos de sus logros. Dominan los medios de comunicación, dominan las finanzas mundiales, los flujos de capital, generan opinión; del blanco al negro tienen todos los colores de la paleta a su disposición, para pintar el mundo a su antojo. Son pocos, bien organizados, muy poderosos.
Sueño con lo mismo. Sueño con una sociedad secreta, que curioso. Una sociedad secreta distinta. Sería chulo imaginar que paralelamente a esta supernova organizativa existiese otra. Otra sociedad, hecha para nosotros los pobres, para las mayorías, un club de justos, una sociedad tan secreta que fuese invisible, pero efectiva. Una sociedad que actuase en la sombra. Justicieros silenciosos. Un día aparece un banquero muerto con un letrero colgado del cuello que le explique las causas de su muerte. Otro día, a los pocos días, un aristócrata belga es el ajusticiado en un luxury resort de la costa azul, dos días después un coche bomba explota llevándose por delante a dos gerifaltes del FMI…y no aparece el asesino. La policía se vuelve loca, no hay indicios. Más muertes en los días siguientes, más notas anónimas, más oscurantismo. Somos tantos, tan silenciosos, tan anónimos, y con tanta sed de justicia. Una sociedad que no se reúne, que no habla en público, una sociedad que solo está en las conciencias de millones, entre esos millones hay francotiradores desilusionados, artificieros despedidos, informáticos en paro, un montón de gentes que a modo de telequinesia empática nos aúna y protege. Pronto las élites empiezan a temblar y todos sus planes empiezan a cambiar. ¿A que sería chulo?
Sueño con lo mismo. Sueño con una sociedad secreta, que curioso. Una sociedad secreta distinta. Sería chulo imaginar que paralelamente a esta supernova organizativa existiese otra. Otra sociedad, hecha para nosotros los pobres, para las mayorías, un club de justos, una sociedad tan secreta que fuese invisible, pero efectiva. Una sociedad que actuase en la sombra. Justicieros silenciosos. Un día aparece un banquero muerto con un letrero colgado del cuello que le explique las causas de su muerte. Otro día, a los pocos días, un aristócrata belga es el ajusticiado en un luxury resort de la costa azul, dos días después un coche bomba explota llevándose por delante a dos gerifaltes del FMI…y no aparece el asesino. La policía se vuelve loca, no hay indicios. Más muertes en los días siguientes, más notas anónimas, más oscurantismo. Somos tantos, tan silenciosos, tan anónimos, y con tanta sed de justicia. Una sociedad que no se reúne, que no habla en público, una sociedad que solo está en las conciencias de millones, entre esos millones hay francotiradores desilusionados, artificieros despedidos, informáticos en paro, un montón de gentes que a modo de telequinesia empática nos aúna y protege. Pronto las élites empiezan a temblar y todos sus planes empiezan a cambiar. ¿A que sería chulo?
por mis venas corre el flanco de la duda
Por mis venas corre el flanco de la duda. Cada mañana a la intemperie del país que es un estorbo aparece el mismo dilema. Un ejército de canallas apabulla la razón, acogotan la decencia y molestan con sus consignas malsanas. A fuerza de percutir en la línea de flotación de mi autoestima consiguen erizar mis nervios hasta el paroxismo. Evidencia de la lucha interna que se desarrolla en mí, aparecen las convulsiones propias de esta zozobra vital. El tamiz del miedo perpetuo, de la amenaza constante que todo se tambalea, esa espada de Damocles que cimbrea sobre mi cabeza, es utilizada por el poder oscuro y totalitario que es económico, solo económico, y ordena sobre todas las demás disciplinas del orden natural. Así la realidad aparece como un trampantojo falso. Veo a políticos que creo poderosos, pero son títeres de las sombras económicas que gobiernan los designios del planeta. Una niebla perpetua me imposibilita para la razón y para la lógica. La estrategia de estos diseñadores planetarios es conseguir un ser humano a su imagen y semejanza. Unos seres obedientes y sumisos, seres que arrobados y tristes no tengamos capacidad propia para generar vida autónoma a nuestro redor. Seré rebaño estabulado, engranaje de su lógica terrible. Me obligan al arrastre, al oprobio, a la miseria física y psíquica, mientras ellos ajenos y etéreos, permanecen anónimos y legítimos y cada vez más abducidos en su éxito. Trascienden a su propio poder, emergen de esta realidad para tocar el cielo, pues un mundo a sus pies les da categoría divina al poder modificar y transformar una realidad, un mundo que cada vez es más una maqueta en sus manos. Sofistican las armas para estrangular y en medio de un silencio atroz y una confusión anormal me humillan sin aparente violencia. Todo muy formal, toda una urdimbre bien trabada de procesos que me llevan a rendirles pleitesía a estos gurús del nuevo orden planetario. En Wall Street, la City y Bruselas, en las cloacas globales, la metástasis de su avaricia va mermando el entendimiento. La mancha se extiende y todo aquel que no esté pringado de su aceite neocapitalista quedará apartado y negado para la vida. El horror es mayúsculo. Sin pegar un solo tiro estos soldados del capital extienden su parva por el planeta y consiguen tener a la humanidad bajo su yugo. Si piensas estás perdido, pues los hilos de la maquinaria capitalista niegan cualquier aspecto que no sea el puramente económico, y pensar no es de recibo.
no te apoyes en la barra del bar
No te apoyes en la barra del bar para comentarme lo mal que está todo. No pretendas enajenarte del cataclismo humano que nos envuelve. No lo mires desde la lejanía, ni lo trates como un asunto externo, como un problema de otros. No banalices sobre el dolor de la población por el hecho de que tu plato siempre se sirva caliente. Hemos llegado al borde, la gota que colmó el vaso ya se secó sobre la mesa. Las palabras se las lleva el viento, pero la bala que estoy a punto de adjudicar no se la lleva ni el viento ni la lluvia. Hemos traspasado la frontera, hemos llegado al destino que nos determina. Esas realidades tan horripilantes que veíamos en la pantalla de televisión ahora se ruedan en vivo y en directo a la puerta de esta taberna que nos alberga. Podemos seguir mirando el techo y silbar, pero el hollín probablemente nos nuble la vista. Hablar ajenos, lejanos de una realidad tan agreste y terrible que no nos parezca nuestra, pero lo es. Cuando te pones serio y hablas de estas cosas como tuyas, hay gente que te mira raro, te consideran un descreído o un lunático, un tremendista y un apocalíptico, un amargado y un rojo loco. La terraza del bar está llena y la gente bebe cervezas y ríe…por qué preocuparse? Los políticos nos miran a los plebeyos como si fuésemos una película que pasa ante ellos, distante, efímera. No somos sino una ficción en su pantalla, ellos la ven, ríen o lloran, o se aburren o se emocionan…pero luego apagan la tele y se olvidan. Aparentan implicarse en la vida de las personas, nos regalan los oídos con sus comprensiones y sus expresiones de complicidad, sus humildes discursos, empatizando con el populacho, haciéndonos ver que sienten preocupación y sus gestos compungidos y afectados parecen creíbles, pero son falsos, falaces, lagrimas de cocodrilo, mentiras. Apagan la pantalla, se olvidan de la película, piden un chuletón poco hecho y a otra cosa mariposa.
no es la clase política...son lentejas
No es la clase política. No es un partido político. No son las instituciones, ni las administraciones, no es por ahí por donde se escapa el paciente. El pulso cede pero no es por estas causas. El problema es el origen. La culpa de la catástrofe es del sistema económico. La economía lo llena todo. El sistema económico éste tan superguay que tenemos tan neoguay, tan moderno, tan sofisticado. Sale el sol todas las mañanas y se oculta por la noche, pues bien desde sus catacumbas del poder económico, los jefes del mundo, los que parten el bacalao nos dicen que igual que sucede con el astro rey, pasa con la economía. Es la que es y no se puede cambiar. Por eso es preciso que los parias de la tierra lo sean un poco más y que los yates sean más grandes a la vez. Con esta combinación se salvará el culo del planeta. Lo dicen así de clarito, y todas las instituciones, la clase política, la religiosa, y el susum corda se agachan, dicen que sí y el desaguisado se sirve frío e inapetente, pues es lo que hay. Poco pan para hoy y mucha hambre para mañana. Jubilaciones que dejarán de serlo, sueldos que dejaran de valer para vivir y en fin cualquier barbaridad que se les ocurra a estos canallas, lo que sea menos discutir este sistema, pues ya se sabe que es lo que hay, como el sol que sale por la mañana y se oculta por la tarde. Se encogen de hombros, te comprenden, te dan una palmadita en la espalda y acto seguido te saquean todo lo que tienes, te quitan todo, te humillan y te utilizan. Todo muy cordial y muy correcto, con mucha ley y muy formal. Te clavan el cuchillo melonero en el costado, te desangran, se ajustan el nudo de la corbata, cogen su maletín, se hacen la foto con una sonrisa muy hierática y salen erguidos y pisando fuerte. Luego se pegan un buen baño de espuma en su jacuzzi para limpiar tanto pringue aceitoso y duermen del tirón. La humanidad agoniza y el planeta está entubado y moribundo pero estas garrapatas de Bruselas, o de la City o de Wall Street , tanto monta, monta tanto, tienen las tragaderas muy grandes y han somatizado el discurso del sol que sale y se pone, y que el camino es el que es y lo que hay que hacer es andarlo y punto. Si cae media humanidad o más y si el planeta se va al carajo con ella, a ellos les da igual, son imponderables y daños colaterales que hay que asumir para que sus yates sigan reluciendo y sus patrimonios engordando. En las reuniones anuales del Club Bilderberg tomarán unas copas, hablarán de todas estas cosas, se pondrán filósofos de medio pelo para llegar a la conclusión de que no se puede tocar nada, que el sol es el que es y la luna la que es. Todos saldrán con la lección bien aprendida y se limitarán a ilustrarnos con sus sabias enseñanzas. Son lentejas.
multitud de sombras acechan
Multitud de sombras acechan. Enjambres humanos esperan su momento. Los poderosos diseñan el mundo a su imagen y semejanza, colocan corazones y manipulan sentimientos, organizan vidas y trastocan sueños. Amontonan gentes, nos arrumban a su antojo como si fuésemos materiales de construcción inertes. Las multitudes como los gusanos, se mueven. Aparentemente todo está bajo control. Los dueños de todo parten el bacalao como les viene en gana y no atisban ni por asomo la posibilidad de que los gusanos se rebelen, de vez en cuando les echan forraje y así les mantienen. El pienso que echan cada vez es de peor calidad, los millonarios todopoderosos aburridos e indolentes relajan sus costumbres y empiezan a engordar más de la cuenta, descuidan hábitos y bostezan tediosos desde sus urnas de cristal, desde sus yates, desde sus resorts de luxe, desde su atalaya. La multitud se revuelve sobre sí misma, la temperatura sube por momentos, los magnates ni lo notan, es tanta la capa de oro que les separa que permanecen aislados a ese bullir de la masa hacinada. El último chusco de pan arrojado con desgana sobre la famélica legión desata la tormenta. Los potentados se reúnen de urgencia y trazan las líneas maestras de actuación. A modo de antibiótico contra la infección social deciden aplicar compresas de policía. Legislan atropelladamente para estigmatizar, para criminalizar y meter miedo. Tarde. La fiebre es alta y no deja pensar, La lava se esparce por todas partes…la infección llega a las puertas de la urna de cristal, de la pared de oro…ya están aquí. Ahora el ruido es ensordecedor, el caos se acentúa, la confusión es patente. Los poderosos, los omnipotentes dueños de todo están perdiendo el control de la situación. Un enjambre humano golpea con fuerza los andamios de oro. Legislan a marchas forzadas, la televisión no deja de dar consignas y llamar a la calma a la población. La policía no da abasto, el tumulto es considerable. Los cimientos de toda esta gran mentira empiezan a cimbrearse y a crujir. Los acontecimientos se precipitan. Helicópteros sobrevuelan la ciudad entre nubes de humo. Gentes corriendo sin sentido, de un sitio a otro, atribuladas, erráticas, asustadas. Escaparates rotos. Pillaje. La situación se escapa de las manos. Empieza a llover.
los progres de la patria
Los progres de la patria se ponen muy contentos porque la intención de voto del Partido Popular no le otorga la mayoría absoluta, la regresión es considerable y bajan 16 puntos quedando en el 35 por ciento. Pues qué bien. Después de la tropelía neocon, después de la caterva de barbaridades sociales, después de la pleitesía que han demostrado estos próceres a los grandes capitales mundiales, después de haber visto como espolian, como trasiegan con nuestros dineros, como se reparten en sobres las perras de todos, lo que me sigue llamando la atención es ese 35 por ciento de borregos que todavía quieren seguir sufriendo, porque está claro que tanta gente no puede beneficiarse de el horror que nos envuelve, es evidente que hay un número muy numeroso de borregos iletrados que siguen prefiriendo el dolor y la miseria, que siguen abducidos y confusos y no salen del marasmo caótico que les otorga sus pocas entendederas. Mención aparte para los gañanes que tienen la intención de votar al PSOE, otro que tal baila, más sibilinos, menos engominados, pero igual de pacatos y seguidistas de las políticas económicas que los canallas de Bruselas “aconsejan”. Pues que con su pan se lo coman. Mientras estos dos partidos sigan como referente “democrático” y como alternativas de poder, el ocaso de esta sociedad no tendrá fin. No darse cuenta del engaño, no ver la evidencia de la estafa nos define como lo que somos, borregos, auténticos bobos, engañados y estafados, y estrechos de mente. No revertir al menos los resultados electorales nos pone contra las cuerdas y nos recuerda que este país es una pantomima, un error, un cúmulo de gañanes con pocas luces que solo somos capaces de juntarnos en masa para ver partidos de futbol. Me duele España.
he visto la lucha de clases
He visto la lucha de clases sumida en el oprobio. Vilipendiada y denostada por la caterva de mandamases que nos ajustan el paso y nos niegan el pan y la sal. Su paz es nuestra guerra y cuando la ponemos en práctica se nos acusa de violentos. No cabe más desatino. El calvario que se avecina tiene que ser tratado en profundidad y ver todas las vías de agua y todos los resquicios por donde se le pueda meter mano. Sin volvernos locos. Los cafres con corbata que gobiernan los designios del mundo nos quieren enfurecidos y con la mirada inyectada en sangre para tener una coartada, un chance para criminalizar los actos de rebelión. No hay que dar pistas. El silencio será nuestra bandera. La sonrisa nuestra arma diabólica. Pero eso sí…en la sombra, en la retaguardia permanecer serenos, con el pulso contenido y la determinación de los samuráis para sabernos uno y que en el momento preciso, en el lugar exacto asestar el golpe definitivo, sencillo y cabal. Sin altibajos, sin necesidad de gritos, sin precisar actitudes violentas, tan solo unidireccionalmente, con mesura e inteligencia. Puede bastar un sencillo gesto, un guiño de sensatez universal, a saber, algo nuevo y todavía no conocido y sin embargo efectivo. Cuando ellos ordenen una dirección, pues dirigirnos en la contraria. Puede ser desobediencia civil, pero a lo bestia. Ahora parece lejano, algo intangible, algo quimérico y utópico, ahora. Mañana será otro día.
hay que respirar hondo y profundo...
Hay que respirar hondo y profundo. Sentir el oxígeno como un viento interior, como un elixir que lo llena todo. Cerrar los ojos y dejar la mente en blanco, intentar evitar el conflicto interior que nos desequilibra. Volver a la esencia. Siempre se hace necesario encontrar un punto de inflexión donde reencontrarnos con la paz. Un necesario punto muerto para no interferir, un lugar espurio y diáfano lleno de armonía, siempre. Un día la vida te exige que te pronuncies, que expongas claramente tus intenciones. El sentido de todo. Manteniendo la calma, perfilando los instantes sin perder los estribos, midiéndonos como seres humanos ante hechos que nos desbordan, insondables. La vida nos pone en tesituras extremas, nos lleva a lugares desconocidos y prueba nuestra catadura humana. Los días aparentemente discurren monótonos y ordinarios, hasta que un día se disparan los acontecimientos y todo es convulso. En esos instantes extremos y crudos es cuando hay que respirar concentrados, sabiéndonos por dentro, notando la terapia del oxígeno en nuestra sangre. Mirar a la cara a la muerte y empatizar con ella, asimilar sus argumentos, comprender sus intenciones y no desvanecer ante su abismo. La vida es vida en tanto que existe la muerte, si no, la vida no sería nada. La dimensión tremenda de este episodio vital, tan vital como otro cualquiera es preciso interiorizarlo, compartir su espacio. Ante la muerte se precisa serenidad, paz. La angustia nos lacera y nos perjudica, la depresión nos hunde y nos precipita hacia la decrepitud. Es preciso vencer a la parca, es necesario enfrentarse sin que nos tiemble el pulso en este episodio. Respirar hondo, profundo, sintiendo el oxígeno, la energía fluir, y no venirse abajo. La vida es un vaso de cristal frágil, es una anomalía en la inmensidad del cosmos y del tiempo pasado y futuro. Cuando nos situamos en medio de tanta enormidad podemos discernir la nimiedad de nuestra preocupación. La vida es el camino y estaremos en él, caminando, siempre caminando, sin mirar atrás, sin pararnos a comentar circunstancias amargas. Mientras haya música seguiremos bailando, mientras haya camino seguiremos andando. Con serenidad, con tranquilidad, con determinación. Asumamos nuestro rol, nuestro papel. Vivamos humanamente lo mejor que podamos y sepamos y procuremos convivir con la muerte, sin más, convivir, alternar con ella, normalizarla.
era la bandera a seguir
Era la bandera a seguir, el baluarte de la nueva patria, un talismán sagrado, un oráculo al que adorar y sin embargo todo era tristeza. Le tenían cogido por los huevos y él lo sabía. Todas las miradas convergían sobre su figura hierática y distante. Su popularidad traspasaba los límites establecidos y sin embargo delante del espejo se derretía como un azucarillo en agua tibia. Se lo habían dicho entre bambalinas, le ajustaron las cuentas en el ambigú. Nadie se dio cuenta del engaño, salvo él que sabía que el castillo de naipes empezaba a tambalearse. El futuro se antojaba un calvario de oprobios y vilipendios. Tendría que apechugar con el nuevo embolado que le servían frío desde las capas superiores. El, todo atracción y sex Apple iba a tragarse el sapo y ahora tenía que explicárselo a sus devotos seguidores. Por de pronto tragó saliva y salió al estrado agitando las manos en alto, saludando con estridencia, moviéndose con fluidez. El público enfervorizado aplaudía a rabiar, agitaba banderas y gritaba su nombre con entusiasmo. Sonreía abiertamente, pero por dentro su mente rebotaba en las paredes de su corteza cerebral intentando escapar de la encerrona, por dentro su preocupación crecía y la zozobra y la angustia empezaban a somatizarse, notó un ligero picor de ojos, un súbito calor le subió de repente por el rostro. Cerró los ojos un instante, se llevó la mano derecha a la cara y a continuación saludó con voz entrecortada y la multitud volvió a aclamarle y aplaudirle, un momento de resuello, un soplo de aire fresco, un paréntesis. Él hizo un gesto con las manos hacia adelante, como pidiendo la palabra, apaciguando a la masa fervorosa. Después unos segundos de tensa espera, un breve silencio…acercó su boca al micrófono para comenzar su alocución. El francotirador le sacó del apuro. No hizo falta que mintiese una vez más. Fue un fogonazo, un destello. El proyectil le atravesó el cráneo desde la frente a la nuca. Cayó desplomado. Luego gritos, confusión, sirenas, gentes corriendo de un lado al otro…el político solo tuvo un instante de lucidez antes de morir. En ese instante agradeció al francotirador que le evitase otro bochorno más, otra algarada, otro tocomocho.
el pufo era evidente
El pufo era evidente, y sin embargo no queríamos verlo. La quita era descomunal, muchos se hicieron pobres de la noche a la mañana. Otros perdieron la cabeza. Al asomarme por la ventana de la habitación vi la columna de humo que ascendía desde unos contenedores atravesados en medio de la calle. Un golpe terrible se escuchó desde el principio de la calle, eran ruidos metálicos y estruendo de cristales rotos. Gritos y sirenas. La confusión atenazaba a muchos, otros se volvieron locos. Las entidades bancarias comenzaron a ser objeto de desahogo para las masas enfervorecidas y furiosas. Miedo. Atascos en las salidas de la ciudad. El aeropuerto colapsado. Muchos intentaban escapar con divisas hacia el extranjero…yo apostado con mi Kalasnikov iba tumbando insignes banqueros, políticos e inversores que intentaban huir.
el compañero
El compañero, el patán de turno, el de al lado, ocho horas todos los días compartiendo memeces. Un insulso para convivir, lugares comunes para no chocar. Es un bobo lacerante, un estúpido simpático. Buena persona, no lo niego, pero soso como una calabaza. Empalaga, cansa y desgasta. Respirar hondo, aguantar el chaparrón. Ahora marcha, se va, menos mal. Es un pelota compulsivo, de hecho todo lo que dice, lo que habla, es peloteo. Pelotea con los jefes, con los compañeros y con los clientes. Le gusta converger, buscar el consenso, el agrado, el chiste fácil, la gracia común. Correctito y formal, demasiado normal, se pasa. Hierático, flemático, serio pero dicharachero; la verbigracia que le da la ramplonería de la frase hecha, de la gracieta copiada. Es absurdo pero no es malo. El es bueno, eso parece. Pero para mí que tiene doble vida, o tuvo otra vida que no termina de despegar de esta nueva vida. Vive como le gustaría ser, sin serlo. Vive según marcan los cánones establecidos, según modas y costumbres, y las adopta como suyas pero en realidad son de otros, son vicarias. Bebió de mil leches y todas juntas forman el batiburrillo que le tiene confuso en su jovialidad tardía y mal enfocada, porque en el fondo es un conservador pertinaz, un meapilas vocacional que no termina de atarse a ese mantra. La angostura mental en la que vive no le deja tener opinión, él no opina, ya opinan otros por él. Ni tan siquiera la opinión de los otros la adopta. No sabría defender una postura como suya, él solo apunta frases, cuela dichos y observa a ver como caen en el ágora pública. Si el que está en frente asiente, perfecto, si no, cambiamos el discurso y aquí no pasa nada. Eso sí, él habla, no calla, según oye por ahí lo que se dice, suelta su rollo aséptico y plano sin mojarse más de lo necesario. Llena de ruido el espacio para camuflar su nimiedad. Fanfarroncillo de medio pelo, lo justo para mirarse al espejo y no sentirse muy defraudado. Se sabe bobo y lo intenta camuflar hablando, pareciendo interesante, aparentando solvencia. El se mira en el espejo y ve el hueco. Lo poco.
carta blanca
Carta blanca. La dictadura militar era poco estética. El Medievo demasiado obvio. La ilustración poco defendible. El coctel moderno consiste en acogotar con guante de seda. Te dejan votar cada cuatro años para taparte la boca el resto, pero ya todos sabemos que ni votas lo que quieres ni te dejarían. Cuando dices que esto no es una democracia muchos te llaman iluso o te dicen que eres un tremendista. Algunos siguen pensando que porque eres libre para elegir el color y el diseño de tu camisa y tu pantalón eres libre para todo lo demás. El poder con mayúscula no está en el parlamento que mal votas, el poder que mueve los hilos no tiene patria ni bandera, lo que si tiene es una pasta gansa y los mecanismos para moverla, las leyes a sus pies, la impunidad en su código genético. Para campar a sus anchas estos dioses de la pasta se crearon a su alrededor unas condiciones idílicas y nos hicieron creer a los demás que estábamos en buenas manos. Técnicos, banqueros, prohombres y empresarios globales velan por nuestro futuro, ellos dichosos y cultivados nos conducen por el buen camino y nosotros obedientes, sumisos seguimos sus consejos y directrices por el bien de la humanidad. Sus oropeles son justas quitas a tan ímproba labor. Cualquier canalla de estos tiene cara de digno mandatario, cultivado en multitud de disciplinas y un conocedor magnánimo de lo que nos conviene. Nosotros, pobres plebeyos, chusco pueblo, ignorante y desconocedor de esa verdad revelada a esos pocos elegidos, no podemos sino agradecer el poco pan que estos gentilhombres nos proporcionen, no merecemos más. Así pues estos diseñadores del mundo futuro deben trabajar tranquilos y nosotros dejarles hacer sin alterar su bendita labor. El paquete que nos pretenden vender queramos o no conlleva el rendir pleitesía a la élite económica que nos dirige en aras a nuestro bienestar. O con nosotros o contra nosotros. Cualquier argumento que esgrimas criticando el orden establecido será utilizado en tu contra, serás tachado de anti demócrata, de anti sistema y serás considerado persona non grata.
burbujas que la noche no explotó
Burbujas que la noche no explotó, siguen levitando en mitad del tumulto, en medio de la algarabía, cuando las luces cambian y la mañana apunta maneras. Pararon el reloj en un punto indeterminado de la noche, y ahora cruje la piel al contacto con los rayos solares como lo hacen las patatas recién fritas. La calada que le da al cigarro que acaba de encenderse la nota sobrepasar los límites pulmonares, nota el cuchillo de nicotina como un zarpazo en las entrañas que le disgusta, nota el reseco y la lija en sus tragaderas,pero sigue fumando inconsciente y atribulado. Se pone las gafas de sol a modo de defensa necesaria contra un enemigo muy poderoso, se sube el cuello de la camisa para cobijar el poco calor que queda de la noche y de paso esconder un poco ese semblante albino que delata los excesos cometidos. Un soplo de aire fresco levanta hojarasca y papeles a su alrededor y él intenta protegerse un poco más encogiendo los hombros y metiendo las manos en los bolsillos. Camina cabizbajo y rendido, sin pensamiento alguno, dejando fluir la mañana fresca y empezando a notar el rigor de la falta de sueño, el cansancio acumulado. Sería muy conveniente enfilar el camino a casa, pero para ello debería de llegar hasta el parking, coger el coche, algo no muy recomendable, y emprender el camino, serían 10 minutos, 15 a lo sumo, pero seguro que el parking ahora mismo es un hervidero de gente, coches con los capós subidos, con la música machacando un poco más los cerebros macerados en psicotrópicos, y probablemente será una ratonera si aparece la policía. Por lo tanto desecha esa posibilidad. Ya irá a por el coche en otro momento, ahora enfila el camino al parque, hacia una zona tranquila, con algún banco al sol donde poder tumbarse y si acaso dormir un rato.
aquel testaferro
Aquel testaferro cobraba un sobresueldo de dudosas donaciones anónimas. La concesión del contrato público se contrajo con dudosas financiaciones, en condiciones un tanto opacas y se encontraron cuentas en Suiza sospechosas. Por lo demás era un caballero como la copa de un pino, elegante, distinguido, seguro de sí mismo y un prestidigitador de las palabras. Su tono de voz potente y clara. Un galán de los negocios y un reputadísimo bróker. Cuando el juez le llamó a declarar, no se le movió un pelo. Acudió al juzgado escoltado por cuatro gorilas que le sacaban una cabeza y por un maletín de cuero negro. Los gorilas le aclararon el paso cuando subía por las escaleras de la Audiencia Nacional, y ganó la puerta con rapidez y prestancia antes de que los numerosos periodistas que brujuleaban por las inmediaciones pudieran sacarle ni tan siquiera una negativa a declarar. Este entuerto lejos de perjudicarle le servía de trampolín, de lanzadera en el esperpento empresarial de este país. Ahora lo tenía todo. Ahora ya podía enviar su currículo donde le viniera en gana, pues el hecho de estar imputado en esta famosísima trama de corrupción le otorgaba un plus que antes no tenía. Se sabía importante. Que hablen mal o bien de ti es indiferente, lo importante es que hablen. Con una fianza más o menos pagable este gentleman del barro bussines había comprado su futuro en el lodazal patrio. Ahora se le rifarían en todos los consejos de administración. Ahora sería invitado a cuantas convenciones y reuniones de gerifaltes se propusiese. Había entrado en el Olimpo de la gloria neocon y no pensaba salir a no ser con los pies por delante.
afuera hace frío
Afuera hace frío, pero un señor con corbata dice que el calor es espantoso. La gente se muere de hambre y un señor con corbata dice que sobran alimentos. Todo es negro pero para el de la corbata es blanco, y si el de la corbata dice que es blanco, es que es blanco te pongas como te pongas. Donde tú ves amargura él ve alegría, donde tú miseria, él riqueza. Su mensaje es grabado y difundido por doquier, te llamará antidemócrata y nazi, tú que eres todo lo contrario, te llamará acosador y fascista, él que no es otra cosa, pero como sale en la televisión cien veces al día pues al final tanto mentir, tanto decir, pues algo queda…La ceremonia de la confusión es parte del desaguisado público al que asistimos impertérritos sin saber muy bien por donde hincarle el diente. Si haces porque haces, si no haces porque no haces. Enredan, lían, sonríen y se muestran pletóricos y ufanos en su mediocridad. De un país de papanatas no se puede esperar mucho más, unos mandatarios a tono con el gris marengo que proyecta la sociedad a la que sirven/torturan. España dejó de ser soberana, probablemente hace mucho tiempo, pero es en estos tiempos revueltos que nos ocupan cuando el verdadero rostro de la humillación y la servidumbre se nota más. Dejamos de ser un país nación, para convertirnos en una tienda franquicia de los alemanes con muchas posibilidades de ser vendida por cese de negocio. Pero la bandera rojigualda ondea portentosa para dilatar nuestras pupilas y hacernos sentir patriotas al menos en el barniz que recubre nuestra ajada piel maltratada por el espanto que nos circunda. Bochornosa diarrea de mentiras percuten una y mil veces sobre nuestro ajado rostro volviéndolo ya insensible al espanto.
a traves de la gota malaya
A través de la gota malaya que todos los días percute sobre nuestra retina en forma de mantra, nos intentan hacer pasar por el ojo de la aguja aunque el orificio sea a todas luces insuficiente. Desde la cocina del sistema económico nos sirven platos fríos que no hay quien se trague y los presentan como deliciosas recetas. En ocasiones el sapo es tan evidente que optan por la confusión y el barro para teñir una realidad demasiado abrupta y pacata. Piensan que poniendo un lazo a la mierda van a hacerla más apetecible, pero el hedor es ya insoportable; ellos incansables al desaliento siguen echando colonia a la boñiga inmensa que se nos sirve desde Bruselas y salen encumbrados chefs de la alta cocina neoliberal arguyendo la necesidad de comer heces para engordar saludablemente. Este angosto y tortuoso camino de espinas es el vía crucis que nos ofrecen para purgar nuestros pecados. Ellos, incólumes y ajenos a la poda humana que están realizando, barnizan sus actos de bondad beatífica y argumentos peregrinos, se encojen de hombros y nos aseguran que como una sequía indeseada, la realidad económica ordena ajustar la golilla a los que menos tienen para asegurar el sistema. Pretenden ganar tiempo y de paso limpiar tanta bazofia en sus conciencias para de alguna manera poder enfrentarse al espejo sin que éste se rompa. No hay manera. El espanto es de tal calibre que para tamizar su discurso no basta el mensaje pertinaz de que se está por el buen camino y que es preciso seguir ajustándose el cinturón. Ya no cuela. Por las grietas de este sistema torpe y malvado empiezan a asomar los primeros atisbos del caos, y se intuye que debajo está el magma hirviendo. Ellos intentan taparlo, pero es inevitable que los borbotones empiecen a moverlo todo. Siguen legislando desde su cápsula de cristal, desde su isla, ausentes, insensibles a esa brasa social que sigue cogiendo temperatura. Al pájaro se le conoce por la cagada que deja, y los rastros que vemos nos retratan la urdimbre de un sueño maquiavélico de sumisión y congoja. El poder omnímodo que ahora ostentan estos dueños de todo intenta legitimarse desde su atalaya. Pretenden hacernos creer que les debemos la vida, ellos están convencidos de ello. La inviolabilidad de sus posesiones, la hipoteca con la que nos atan al futuro, pretenden que las purguemos en sus confesionarios, en sus entidades financieras, quieren que nos flagelemos con sus propuestas y que seamos en tanto nos veamos esclavos de sus planes. Algunas veces nos puede parecer que la historia llega a su fin, que hasta aquí hemos llegado y que todo lo que nos queda por delante no es otra que ver sus yates pasar, sus oropeles a trasluz, y pagar religiosamente lo que se nos dice que debemos. Con este episodio ellos dan por zanjado el tema, ponen el punto y final al destino de la humanidad. Brindan triunfantes por creer sumisa a toda la población, por conseguir que sus recetas sean guisadas para toda la humanidad. Pero la historia, aunque mezquina y ladina en muchísimas ocasiones, a veces da un respingo y se revela sobre su aparente predestinación, hace un requiebro, una filigrana impredecible o no y el magma supura, sale entre las grietas y la lava lo arrasa todo y puede ser que el brindis se les atragante, y puede que en vez de el fin, sea el principio. Puede ser.
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