jueves, 24 de septiembre de 2015
la molicie torció el gesto
La molicie torció el gesto un día de canícula radical. Un día tan caliente y cargado de lava que reverberaba el horizonte como un espejismo. Sesteaba un país abatido a cuarenta grados y la noticia del crack nos despertó del letargo y amenazó con ponerlo todo patas arriba. Subía la temperatura y con ella la rabia y la angustia. La primera bomba estalló a los cinco minutos de publicarse la noticia. Fue un disparo de salida que alertó a la masa voraz. Tan humillados como resentidos, tan hundidos como indignados, la población salió al fuego de la calle, y subía la temperatura, más aun. Ese punto de locura que el calor produce se fundió con la brasa de la noticia caliente que acababa de sacarlo todo de quicio. Pedradas en los cristales, los coches cruzados en la calzada, tumulto y algarabía, gritos y carreras. Y solo era el primer día. Hablaban de corralito, de crisis estructural, de estado de excepción, de alarma generalizada…la gente la emprendía con aquello que oliese a banco, con los coches lujosos, con las viviendas unifamiliares de alto estanding. El sistema estaba cayendo delante de nuestras narices, la historia volvía a fluir después de haberse atascado y podrido en las aguas estancadas del capitalismo financiero. Delante de nuestros ojos un proceso anárquico pero definitivo lo estaba transformando todo. No era solo revolución lo que se respiraba, era la angustia vital, el butrón en el callejón sin salida al que nos abocaba la historia. No había policías, no había bandas uniformadas que detuviesen el aluvión. Todos estaban en el mismo barco y este buque arrasaba cuanto tocaba a su paso. La historia es caprichosa, nunca se acaba, nunca se termina de cambiar, siempre fluye, a veces torrencialmente como era el caso, había muchos años perdidos que había que ganar, había muchas cuitas que saldar.
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