viernes, 25 de noviembre de 2016

equidistancia cognitiva

Equidistancia cognitiva, evasión social, desatención intencionada, miradas de soslayo por encima del hombro. Del muslo de Júpieter, de la quintaesencia de la high society. Los registros del multimillonario para no ver el dolor ajeno son múltiples y variados. Instalados en la altalaya de sus pingües beneficios su horizonte es diáfano y simple, la pobreza no se ve a simple vista si no se esfuerza uno en visualizarla, sobre todo cuando el riñón está bien cubierto.
El rico nacido rico, de pedigrí rico, tiene el pelaje duro y se reafirma en su destino como una suerte del destino que está cargada de justificaciones para que la cosa sea así y no de otra manera. Una sociedad desigual parece legitimarse a si misma aplelando a la tradición que les hace ser ricos frente a la miseria ajena. La sacrosanta propiedad privada como faro y guía de todas las demás leyes que le abrazan y le protegen frente al frío exterior. No solo se es rico, sino que llevan la cabeza bien alta y  todo el hambre del mundo está justificada por el peso de la ley que permite que así sea. El pobre además de ser pobre es miserable y culpable de su miseria, un apestado social, una rémora y un problema, sobre todo para los ricos que tienen que ir sorteando pobres a su paso que retuercen sus gorrillas con esmero con la intención de ver paliada su triste condición. Molestan. El rico es más. No solo más rico, si no más persona, más influyente, más considerado, con más poderío y más fuerza, más necesarios, más de todo, y todo por culpa de los pobres que con su pobreza afean el paisaje de los ricos. Pobres como una casta molesta y problemática.

No hay comentarios: