jueves, 12 de enero de 2012

Historias de la crisis 1

Son déspotas, pero son sibilinos, y no te enteras, es acojonante. Te embaucan, te lían la cabeza, yo no se si será el olor a colonia o los atuendos de pijos encorbatados que tienen, pero cuando quieres recordar te has metido en un follón de tres pares. Todo sonrisas, palabras agradables, con esos tonos que tienen de voz, tan moduladitos, son voces que parece que te acariciasen; y esos movimientos tan estudiados, tan naturales, con esa percha que tienen todos, que parecen salidos de un anuncio del Corte Inglés. Te van arrullando, poco a poco, te van hipnotizando con sus armas, te pintan el mundo de color de rosa, se van ganando confianza, te empiezan a tratar de tu, empiezan a sacar temas familiares para desentumecer, para crear distensión en el trato. Firme usted aquí... y entonces caes con todo el equipo. De momento un apretón de manos, sales de la sucursal pensando que eres igual que ellos, un hombre de mundo, un triunfador, hueles un poco a su colonia, te contagias de sus gestos, de sus ademanes, pero es cuando te ves reflejado en la inmensa cristalera de la sucursal, cuando te das cuenta que algo no cuadra. Meses después te darás cuenta que no solo no cuadra, si no que hay algo que va mal, que las cuentas no te salen, que no puedes cumplir lo firmado, y es mucho lo firmado, sobre todo largo, muy largo, mucho tiempo...y acabas de empezar. Entonces intentas arreglarlo otra vez en la misma sucursal. Pero el hechizo se rompió. Ahora el prestidigitador de las palabras no te dice abracadabra, ni te arrulla con su voz como la primera vez, ahora el tono es distante, lejano, y el mensaje es seco, como una máquina hueca, y lo que escuchas no te convence, pero no te lo va a volver a repetir, eso sí, te sonríe, y te dice que si tienes alguna duda que se lo plantees por escrito al gurú que está sentado en la pecera de cristal opaco, justo a su lado. Pero ya no percibes el olor a colonia, ni aprecias esa sonrisa como lo hiciste la primera vez, ahora el aire se corta, ahora el hielo te acompaña. Y un silencio inmoral se apodera de la estancia. Lo rompes levantándote despacio y aturdido. Sales drogado, atontado, sin saber bien que hacer, por donde empezar. Has escuchado la amenaza que se cierne sobre tu cabeza si no pagas lo que debes y en el plazo que te dicen. Esa amenaza te perseguirá, te acogotará de tal manera que cuando menos lo esperes estallarás por dentro como una fruta madurísima, y te deprimirás conforme el machacón mensual te va agotando tus recursos, te va succionando la vida y de esa manera te convertirás en helio. Tu existencia gaseosa se dispersará y dejarás de existir tal y como se te conoce, serás un ser nuevo, ataviado de deudas y luchando por permanecer intacto, pero el reguero de sangre me delata, los ojos arrasados de dolor me delatan, mi carne expuesta a los carroñeros de las finanzas me delatan. Y ese coche que no quería y acabé comprando por que se me ofreció como un chollo imposible de rechazar , como un plus necesario para seguir pavoneándome, hoy ya no funciona. Y estoy desesperado, y ya no se que hacer.

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