martes, 22 de diciembre de 2015
en silencio
En silencio, sin ruido, sin apenas un hilo de voz. Dejándose llevar por una inopia profunda, por una dejadez convulsiva, atenuado y domado después de tanto sinsabor, de tanto denuedo, de haber luchado sin descanso por conseguir un lugar en el mundo a la dignidad humana. Ahora descansa, lo deja todo en manos del destino. Baja los brazos, se rinde ante un mundo absurdo en el que tan solo el dinero pone los argumentos que diferencian a unos de otros. Vemos a nuestro alrededor un túmulo de gentes sin baza, sin argumento vital, sin oficio ni beneficio, sin nada que hacer, mal formados, mal educados, mal hablados, cortos, escasos y que sin embargo componen una masa social que demanda una salida, ¿Cuál? A su situación. Estorban, molestan. Están y no tributan, no pagan, no cobran, no existen pero se les ve, se les oye, las calles están llenas de ellos. Son legión, cada vez más numerosa, cada vez con más presencia, crecen, se reproducen, se multiplican. La miel neoliberal les atrae, pero ellos no pueden aportar nada. Rebuscan en las basuras, hacen colas en los bancos de alimentos, ocupan edificios semiabandonados, queman las puertas para calentarse, piden por las calles, quizá roben algo, poco, ni robar saben. Domados en la pobreza más absoluta se acostumbran a la limosna como alternativa, como solución. Se paran en el escaparate de cualquier comercio, en la puerta de cualquier comercio, te ajustan el paso si te ven vulnerable, si atisban una posibilidad de embolsarse una moneda. Son alimañas, son el producto de este sistema económico tan estrecho para ellos. Parias de la tierra, famélica legión, niños mal vestidos, sucios, mal alimentados, con la mirada perdida, con la edad a cuestas, sin esperanza ni futuro, sin presente y con un pasado gris. Chabolas, extrarradio, puertas de las iglesias, caravanas de mendigos cada vez más numerosos, empujan sin fuerza, ni pinchan ni cortan, su presencia es insignificante, su opinión ni cuenta ni vale, son los nadie, los nada, los que nos dejan en silencio, los que nos callan la boca con sus bocas calladas, con sus trapos mugrientos. Ni lloran, ni ríen, ni quitan ni ponen. Están, solo están, en medio de la calle, siempre en medio de la calle, viviendo al día, muriendo al día.
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