Arrancaron naranjos y viñas para construir aeropuertos en Castellón y Ciudad Real. Para progresar, para ser competitivos. Mierda. Desde Bruselas nos obligaron a matar vacas, a echar cemento sobre los olivares para hacer polígonos industriales. Los yates cada vez son más grandes. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que un olivo centenario tiene más valor en si mismo que cualquier fondo de inversión. Estos economistas de mierda nos enredan con sus gráficas y sus estimaciones para forrar más sus riñones. Nunca produjeron nada útil. La bazofia neoliberal consiste en vender humo a un precio elevado. Todo es mentira. Las primas de riesgo, los índices, las tendencias, las estimaciones, los objetivos, las mandangas. Borra seca. El tocomocho es ya de tal envergadura que no hay manera de hacerlo apetecible, y mira que se esfuerzan. Llaman economía a lo que pergeñan en sus laboratorios neoconservadores, a sus tejemanejes. Nada de lo que se cuece allí se come. Un gordo descomunal se apoltrona en su sillón y con solo teclear un botón vende y compra el mundo…a eso lo llaman economía. Economía es trabajar la tierra y comer de ella. Mamarrachos.
Democracia. Se les llena la boca con la palabrita. Ni saben lo que es, ni quieren saberlo. Pero la usan, la desgastan, la utilizan. En su nombre nos mutilan. En su nombre nos la roban. Libertad. Otro timo barato, otra palabrita mal usada. Violencia, sabrán ellos de violencia. Grandes palabras que en sus bocas se transforman. Nos atufan con sus colonias caras, con sus gestos determinados y resueltos. Asco da. Van a misa después de mandar poner cuchillas de afeitar en las vallas de las fronteras. Otro sapo. Otra mentira. Hipócritas, mucha misa y luego escupen en la cara del nazareno cada vez que pueden. Cada vez más burdo todo, menos sutil, más zafio y el trazo más grueso. Nosotros cada vez más tontos, o más deprimidos, o simplemente más apáticos, más desgastados, más pasotas que se decía antes. Avestruces que metemos la cabeza en el agujero para no ver. Ausentes. Tristes. Vencidos.
Volverán las trincheras, las barricadas, los coches cruzados en las calzadas. Volverán a llamar terroristas a los que tiren piedras a las cristaleras de los bancos, pero ya nadie les escuchará. El agua al final encuentra la vía de escape.
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