martes, 23 de agosto de 2011

entre requiebros y jerigonzas

Entre requiebros y jerigonzas, al final del entuerto más recóndito, donde el laberinto se estrecha y la situación se hace más insostenible, aparece la confusión y por tanto el absurdo. Estamos abocados al caos, pongámonos como queramos, pero tanta pamplina, tanto gesto por enderezar un rumbo, por organizar un mundo, tanto anhelo por poner las cosas en su sitio, no ha sido más que una lucha banal y tibia, que en resumidas cuentas no vale para nada. Todos esos magnates tan preparados, con tantos datos trabajando, con tanta parafernalia disfrazada de utilidad, no son más que patrañas y errores. Todo es un fiasco, un problema, un grandísimo error, apenas un pintarrajo infantil. Entre el descubrimiento del fuego y la nanotecnología solo cabe la imbecilidad humana. En lo sustancial no hemos dejado de meter la pata y de demostrar una y mil veces que somos más tontos que el asa de un cubo. Y que tanto supuesto control y avance no es más que una engañifa, que nos lleva al caos sin remisión. Tan listos que nos creemos y no hacemos si no entorpecer las cosas para acabar por esquilmar lo necesario, y al cabo del tiempo, lo necesario se muestra escaso, el aire irrespirable, el alimento veneno y las gentes alimañas. Pronto volverá el bumerang y nos atizará en la cabeza si no lo ha hecho ya, y estamos pues bajo los efectos del batacazo. Hubo un tiempo en que los humanos vivíamos mirando al cielo, intentando acompasar nuestros pasos al ritmo cadencioso del mundo que nos rodeaba, asimilábamos las contrariedades y procurábamos no desentonar sintiéndonos parte de un universo y no centro de él. Ahora los humanos nos criamos entre fibras ópticas y avances tecnológicos y creemos que con estos conocimientos podemos controlar el mundo como si de una televisión se tratase y nosotros dispusiéramos del mando a distancia. Todo fachada, todo aparentar, todo presunta seguridad de dominio de una situación que sin duda nos supera, pero que soberbios y procaces nos resistimos a admitir. Torres más altas han caído y esta no va a ser menos. Caerá y el estruendo será terrible. Al tiempo. Cuando Wall Street cierre por cese de negocio, cuando el papel moneda pase a ser moneda de papel, entonces veremos caras incrédulas, fantoches con cara de lelos intentando infructuosamente comunicarse con su móvil desde algún SPA en declive y vea que no sólo no hay cobertura si no que nunca la habrá, cuando se de cuenta que detrás de su parapeto de millonario hecho a si mismo no queda si no la sombra de un fracaso. Consternados y perdidos en un mundo diseñado para vivir a tutiplén y en realidad  convertido en una trampa cibernética, en un muladar de progresos vacíos. Inventos milagrosos venidos a menos, y en ese lodazal nos moveremos tristemente dando bandazos y con la brújula completamente rota. Virus informáticos feroces, colapso financiero, revueltas y espasmos sociales a todos los niveles, catástrofes climáticas y en definitiva Apocalipsis todos los días a primera hora.

No hay comentarios: