Son multitud, como el plasma, como las bacterias. Son muchos y se concentran. En la concentración está la fuerza. No es espontánea no, no es una concentración que salga del corazón, de los adentros. Es una masa convocada por un organismo muy poderoso, muy bien formado, con muchos siglos de experiencia en formar y deformar las realidades, en curtir las sociedades. Es probablemente la organización más organizada, mejor trabada, más fiel, más dispuesta al trabajo, implacable al desaliento, tenaz, sibilina y torticera como pocas, pero eso sí, capaz y ensamblada como pocas. No hay empresa en el mundo conocido que tenga la capacidad de liarla parda como tiene esta.
Esta organización de vez en cuando se da un baño de multitudes, se expone a cuerpo y entran en campaña, se hinchan como globos, se les sube el ego, se ponen hirvientes, fervientes dicen ellos, y con grandes palabras que a fuerza de repetirlas y usarlas en todas partes empiezan a desgastarse y a perder el significado, se politizan en el mal sentido de la palabra ... y nos vuelven locos a todos. Como tienen tanta fuerza y son tan pertinaces y pujantes, insisten, remueven Roma con Santiago y acaban en Madrid agasajados, mimados, consentidos por los supuestos poderes públicos y gastando una pasta gansa para organizar semejante sarao. Con expresiones pánfilas y papanatas se creen imbuidos en la razón y se ahuecan como pavos con sus máximas llenas de palabras rotundas, vacías y se emborrachan de santidad. Confunden el culo con las témperas y acaban tomándolo todo como propio y justificando su magnanimidad y leyendo la cartilla al resto de la sociedad, haciendonos creer que la verdad es lo que sueltan en forma de arenga colectiva e imponiendo su mayoría a martillazos. Todo amor, todo misericordia, todo alegría, pero 50 millones de euros y el mundo en suspensión de pagos. Una ciudad tomada, unas autoridades públicas sumisas y una constitución laica secuestrada. Punto.
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