martes, 23 de agosto de 2011

martirologio y penitencia de por vida

Martirologio y penitencia de por vida. Abnegación y suplicio. Flagelo constante para purgar el posible pecado. Cilicios colocados estratégicamente y botos innumerables intentando paliar el justo castigo, la justa causa del martirio inflingido por altos tribunales eclesiásticos, por altas instancias papales. Escapularios varios para aventar al demonio en todas sus representaciones, gloriapatris rezados en latín y agua bendita para limpiar tanto pecado de obra, de palabra o de omisión. Nunca era suficiente. Congoja nada más levantarse del lecho, angustia al volver a el, y en medio de tanta desazón un día entero de penitencia, un día entero de mortecina existencia, de misa a las 8 de la mañana, de rosario a la caída de la tarde, de persignaciones, de signaciones y santiguarse después una y mil veces, callo en las rodillas de humillarse ante el santísimo tantas veces, ropas negras desgastadas del uso diario y el gesto atribulado del penitente, del ser que no se permite una mueca un gesto que desfigure el rostro hacia permisividades ni frivolidades mundanas. Entre los ojos y el mundo ese filtro celestial, ese prisma beato y constreñido que acaba por monopolizar el ser. Solo con dios basta,( y sobra), es tanta su presencia, tal es su poder y su gloria que no se puede evitar estar impregnado de su presencia omnímoda y perenne. Hacer de la mística una segunda piel, que tape bien, que cubra completamente las vergüenzas, que nos disponga por doquier a cualquier ataque de mundanidad, a cualquier atisbo de indolencia humana.

No hay comentarios: