martes, 23 de agosto de 2011
imposible embaucar mas
Imposible embaucar más, imposible ser más sibilino, ese arte, ese docto, esa forma de hipnotizar con la presencia. Aparece impoluto y brillante como un cuarzo ante nosotros, nos hechiza con su olor a colonia cara, con los brillos de su pelazo negro, prestidigitador de gestos protocolarios de alta estirpe, percha inmaculada, sonrisa envolvente y glamour de pasarela. Pisa fuerte y decidido el pasillo de la Compañía, consciente de ser centro de todas las miradas, esgrimiendo desparpajo y decisión, como un torero en el paseíllo previo a la faena, como si fuese el protagonista de un video clip, avanzando seguro y cierto, con aplomo, supurando éxito y envidias. A medio pasillo se desenfunda la gabardina, y como el capote de un torero, la usa y envuelve en su antebrazo con arte y poderío, dejando que las miradas lo devoren, sabiéndose diana de todos los dardos de las pupilas de sus súbditos, boquiabiertos y embobados ante el aura del todopoderoso triunfador. Desenfunda el móvil como un sheriff la pistola, y como si fuese una extensión de su mano lo maneja con maestría estética. Todo en él es acompasado y perfecto. Nos deleita con su danza cotidiana y nos deja absortos y vencidos. A partir de aquí lo que haga o deje de hacer es lo de menos, tanto da si sabe como si no, si domina la materia que trata como si la maltrata, el embrujo hizo su efecto y el elixir que nos inoculó nos corre por las venas hasta dejarnos sin baza. Rendidos a sus encantos seguiremos su rastro de Hamelín y nos precipitaremos al vacío obedientes y sumisos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario