martes, 23 de agosto de 2011
tanta duda sometida al perfil de la avaricia
Tanta duda sometida al perfil de la avaricia me dejó exhausto, lívido y vacío. Tras una pausa para respirar profundo, para sentir el abismo que me separaba de la realidad, juré para mis adentros una vez más y continué el camino que me llevaba al cielo o al infierno. Tan solo doce kilómetros para llegar a la frontera, para pasar al cielo...pero ahora en el infierno debía resguardarme de las llamas, del sofocante calor, del peligro inminente, de la duda que me atenazaba y como una losa encadenada a mis tobillos me impedía caminar con la urgencia que la situación requería. La noche se cernía sobre la montaña siniestra, y sus sombras me protegían a pesar del acecho de la oscuridad que ralentizaba mis movimientos y me hacían vulnerable a los espectros de la noche. El camino trazado por mis pasos se suponía seguro y sin tránsito humano, pero a cambio era un calvario sinuoso y tétrico, la niebla se cernía sobre la espesura de un bosque cada vez más oscuro, una oscuridad blanqueada por la niebla pero ciega y espesa. Confundido por el ruido a hojarasca seca y ramas rotas bajo mis pies, avanzaba sin apenas mirar atrás, sabiendo que un futuro magnífico podría ser tan solo a unas horas, pero sabiendo también que si algo fallaba, el ocaso y el oprobio me esperaban de igual manera. La frontera, esa sima, esa falla profunda en mi vida. Tan cerca y sin embargo tan lejos, tan sumamente lejos y apartada de esta cruz presente, de este lodazal de sombras y nubarrones negros.
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