martes, 23 de agosto de 2011
abatido y desastrado
Abatido y desastrado, invitando a penurias y debacles, esperando que el caos nos desembarque, en castillos de naipes más distantes. El futuro se debate en un instante, y así permanezco en mi apatía, que por fuerza se desata y nos obliga, a saber si por fin tendré mi premio, pero no obstante en mis Principios algo suena a quejumbre y a desprecio, y así nazco cada día, para abordar el estado de las cosas, para mecer sueños no descritos, lugares no comunes a mi tiempo. Por las venas de mi sangre sufren ellos, los sicarios de la dulce algarabía, los inconscientes seres de la nada, los incautos que se abandonan a su suerte, a esa suerte que no es más que un misterio, un lugar donde nacen las tormentas, los destrozos, los errores y las dudas. Son los niños los que marcan el paso firme, los que dictan las normas inseguras, mientras naufragamos en un mar sin agua, donde nada es certeza ni segura, donde el dolor musita nuevos días, donde todo puede ser y nada dicta, nos abandona al perfil de la desdicha y por eso deberías escrutarme, explorar mis adentros en tu musa, y permanecer despierto a la tersura de unos labios con miserias más profundas, mas ignotas, mas atávicas, pero sin duda más puras que la gota del agua del manantial de la memoria. Es probable que desfallezcas, que no tengas pulso ni tempo, ni sepas si es certeza o duda lo que llamas educando y lo que no es más que un impulso, una sensación una especie de sentido común sin calibrar, sin parámetros donde medirte. Ordenas, mandas, castigas y en ocasiones premias actitudes infantiles, todo el día atravesando campos ignotos y yermos, donde la vida está sin escribir, tirando de un carro sin ruedas, toreando sin muletas, expuesto al vendaval del impulso de los niños, que cruzan por delante de tu tiempo, lo ocupan, lo invaden, lo monopolizan todo, te obligan a cambiar, a dejar de ser tu, a establecerte en otros mundos, a refugiarte en vicarias existencias, para así poder nadar en río revuelto, para poder así regresar a respirar hondo, profundo y seguro de ti mismo, pero no es fácil, ni es preciso una u otra actitud, lo cierto es que desbarras, que sales de tu casilla, que la cabeza te da vueltas, que pisas algodones y no tierra, y no sabes si lo que dices hoy vale para mañana, ni tan siquiera sabes si es cierto lo que ves, solo sabes que delante tienes un ser vivo de cinco años de edad, que te mira, te escruta y te busca, y necesita que le marques una pauta, un camino, un lugar , para así él poder salirse del camino, del lugar, evitar tus consejos, hacerte rabiar y ponerte en un brete una y mil veces, tu paciencia, tus principios, y encima de todo eso, un futuro desalentador, mucho tiempo atravesando el mismo barro, el erial de toda la infancia, hasta que un día ese ser que hoy es un proyecto, mañana sea más que tu, y sea él el que organice tu tiempo y vida, en venganza al orden y al rigor que le exigiste tiempo atrás. No es fácil la mansedumbre perpetua, no existe aunque se persigue, solo un incauto comprendería que no es cierta tanta perfección. Se teoriza sobre la base del rigor educativo, pero el manual está lleno de borrones, de apuntes en el margen, de tachaduras e incomprensiones. Sobrevives a este mundo, al circuito visceral, al estertor de tanto tiempo intentando dirigir el carro por su rail, un carro que se desboca, que intenta precipitarse, no una sino mil veces, y tu intentando pararlo, conducirlo, a pesar de no tener ruedas, aunque pese toneladas, aunque no puedas.
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