lunes, 28 de abril de 2014
burbujas que la noche no explotó
Burbujas que la noche no explotó, siguen levitando en mitad del tumulto, en medio de la algarabía, cuando las luces cambian y la mañana apunta maneras. Pararon el reloj en un punto indeterminado de la noche, y ahora cruje la piel al contacto con los rayos solares como lo hacen las patatas recién fritas. La calada que le da al cigarro que acaba de encenderse la nota sobrepasar los límites pulmonares, nota el cuchillo de nicotina como un zarpazo en las entrañas que le disgusta, nota el reseco y la lija en sus tragaderas,pero sigue fumando inconsciente y atribulado. Se pone las gafas de sol a modo de defensa necesaria contra un enemigo muy poderoso, se sube el cuello de la camisa para cobijar el poco calor que queda de la noche y de paso esconder un poco ese semblante albino que delata los excesos cometidos. Un soplo de aire fresco levanta hojarasca y papeles a su alrededor y él intenta protegerse un poco más encogiendo los hombros y metiendo las manos en los bolsillos. Camina cabizbajo y rendido, sin pensamiento alguno, dejando fluir la mañana fresca y empezando a notar el rigor de la falta de sueño, el cansancio acumulado. Sería muy conveniente enfilar el camino a casa, pero para ello debería de llegar hasta el parking, coger el coche, algo no muy recomendable, y emprender el camino, serían 10 minutos, 15 a lo sumo, pero seguro que el parking ahora mismo es un hervidero de gente, coches con los capós subidos, con la música machacando un poco más los cerebros macerados en psicotrópicos, y probablemente será una ratonera si aparece la policía. Por lo tanto desecha esa posibilidad. Ya irá a por el coche en otro momento, ahora enfila el camino al parque, hacia una zona tranquila, con algún banco al sol donde poder tumbarse y si acaso dormir un rato.
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