lunes, 28 de abril de 2014

hay que respirar hondo y profundo...

Hay que respirar hondo y profundo. Sentir el oxígeno como un viento interior, como un elixir que lo llena todo. Cerrar los ojos y dejar la mente en blanco, intentar evitar el conflicto interior que nos desequilibra. Volver a la esencia. Siempre se hace necesario encontrar un punto de inflexión donde reencontrarnos con la paz. Un necesario punto muerto para no interferir, un lugar espurio y diáfano lleno de armonía, siempre. Un día la vida te exige que te pronuncies, que expongas claramente tus intenciones. El sentido de todo. Manteniendo la calma, perfilando los instantes sin perder los estribos, midiéndonos como seres humanos ante hechos que nos desbordan, insondables. La vida nos pone en tesituras extremas, nos lleva a lugares desconocidos y prueba nuestra catadura humana. Los días aparentemente discurren monótonos y ordinarios, hasta que un día se disparan los acontecimientos y todo es convulso. En esos instantes extremos y crudos es cuando hay que respirar concentrados, sabiéndonos por dentro, notando la terapia del oxígeno en nuestra sangre. Mirar a la cara a la muerte y empatizar con ella, asimilar sus argumentos, comprender sus intenciones y no desvanecer ante su abismo. La vida es vida en tanto que existe la muerte, si no, la vida no sería nada. La dimensión tremenda de este episodio vital, tan vital como otro cualquiera es preciso interiorizarlo, compartir su espacio. Ante la muerte se precisa serenidad, paz. La angustia nos lacera y nos perjudica, la depresión nos hunde y nos precipita hacia la decrepitud. Es preciso vencer a la parca, es necesario enfrentarse sin que nos tiemble el pulso en este episodio. Respirar hondo, profundo, sintiendo el oxígeno, la energía fluir, y no venirse abajo. La vida es un vaso de cristal frágil, es una anomalía en la inmensidad del cosmos y del tiempo pasado y futuro. Cuando nos situamos en medio de tanta enormidad podemos discernir la nimiedad de nuestra preocupación. La vida es el camino y estaremos en él, caminando, siempre caminando, sin mirar atrás, sin pararnos a comentar circunstancias amargas. Mientras haya música seguiremos bailando, mientras haya camino seguiremos andando. Con serenidad, con tranquilidad, con determinación. Asumamos nuestro rol, nuestro papel. Vivamos humanamente lo mejor que podamos y sepamos y procuremos convivir con la muerte, sin más, convivir, alternar con ella, normalizarla.

No hay comentarios: