lunes, 28 de abril de 2014

solo el dolar

 Solo el dólar, solo el dinerazo el pastulón magnánimo vale. Decir mercado es lo mismo que decir todo. Todo cuanto ves, cuanto respiras, cuanto oyes; o se compra o se vende. No hay absolutamente nada de lo que existe o no existe que no se pueda mercantilizar, de hecho lo está. Cada vez el reducto es menor, cada vez la pacatería mercantil nos obliga más a pasar por ese estúpido y estrecho aro que es la mercantilización. Educación, sanidad, vida, ya no son un derecho sino un producto. Todo es producto. Hasta el aire, la selva tropical es producto. Pronto el oxígeno que consumes tributará como tal, y no estará exento del IVA. Detrás de este tocomocho están los señores del dólar. Una casta de tecnócratas plutócratas que mediante el timo y el miedo han conseguido que la humanidad dependa de su soberbia y su maniqueísmo. Lo quieren todo. Vieron el mundo como un casino y compraron todas las fichas, apuestan sin sentido pues todo es suyo, y más que será. Suyo. La propiedad privada como valor en alza, como verdad indiscutible, como tótem al que hay que rendir pleitesía y el dios al que debemos todo cuanto somos. Ataron todo en un paquete y nos dieron con él en la cabeza. De tal manera están las cosas que si te sales del renglón por ellos establecido eres un ilegal y acabas en la cárcel. Así es, pusieron a la zorra a cuidar de las gallinas y ya no ponen huevos, y los pocos que ponen son suyos. Mío, todo mío. Ese es el final de esta fiesta. Te ves reflejado en el espejo pero ya no eres tú, eres un producto que tiene dueño, y ese es tu jefe, tiene tus escrituras a su nombre registradas en el registro de la propiedad y lo único que haces es obedecer, pues es tu obligación de mercancía. Dejan que sueñes libertad para que seas inofensivo, pero no pasas de eso. Compras la libertad para no ser libre. Esclavo de lo poco que tienes, de tus deudas, esclavo de tu miseria que crees que no es tal porque te dejan conducir un coche que debes y vestir una ropa que te desnuda. Eres tonto creyéndote listo y ellos se parten la caja contemplando como zozobras en tu pesadilla de libertad. Navegas por internet pero la clave es suya y tu libertad es suya. Debes saber que naufragas, que estás hipotecado de por vida y lo que te queda. Bobo como asa de cubo, gañán como boina deshilachada. La revolución te da miedo pero la verdad es que ya no hay nada que no de miedo, el miedo lo es todo, todo es pavor. Tienes miedo a los que se sublevan, a los que se niegan a asumir tanta barbaridad, tienes miedo de ti mismo. En la jaula en la que disfrutamos de nuestra presa libertad observamos cómo se descomponen nuestros valores, comprobamos como la tropelía neoliberal nos amontona en su silo y pasamos a ser tasados al peso y subastados al mejor postor. El discurso cada vez es más negro, y de vez en cuando lo pintan muy negro para después dar una pincelada gris oscura que nos parezca una bendición, pero ese gris tiende a oscurecer y si no tiempo al tiempo. Nos enfrentan. Hacen y deshacen a su antojo y utilizan técnicas vetustas pero infalibles para tenernos de uñas los unos frente a los otros. El discurso es zafio y simplón, estrecho y burdo, pero bien pagado. Nos golpean con el guante de seda, pero muy fuerte, y nos echan la culpa de deteriorar el guante con nuestra piel dura. Cada vez menos, cada vez más apocados, más amedrentados, más sumisos, más tontos en definitiva, y ellos más a gusto en su mundo feliz en su nuevo orden. Cuando se tiene todo a disposición uno se convierte en alfarero del mundo. Una casta de millonarios está en ello.

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