lunes, 28 de abril de 2014
por mis venas corre el flanco de la duda
Por mis venas corre el flanco de la duda. Cada mañana a la intemperie del país que es un estorbo aparece el mismo dilema. Un ejército de canallas apabulla la razón, acogotan la decencia y molestan con sus consignas malsanas. A fuerza de percutir en la línea de flotación de mi autoestima consiguen erizar mis nervios hasta el paroxismo. Evidencia de la lucha interna que se desarrolla en mí, aparecen las convulsiones propias de esta zozobra vital. El tamiz del miedo perpetuo, de la amenaza constante que todo se tambalea, esa espada de Damocles que cimbrea sobre mi cabeza, es utilizada por el poder oscuro y totalitario que es económico, solo económico, y ordena sobre todas las demás disciplinas del orden natural. Así la realidad aparece como un trampantojo falso. Veo a políticos que creo poderosos, pero son títeres de las sombras económicas que gobiernan los designios del planeta. Una niebla perpetua me imposibilita para la razón y para la lógica. La estrategia de estos diseñadores planetarios es conseguir un ser humano a su imagen y semejanza. Unos seres obedientes y sumisos, seres que arrobados y tristes no tengamos capacidad propia para generar vida autónoma a nuestro redor. Seré rebaño estabulado, engranaje de su lógica terrible. Me obligan al arrastre, al oprobio, a la miseria física y psíquica, mientras ellos ajenos y etéreos, permanecen anónimos y legítimos y cada vez más abducidos en su éxito. Trascienden a su propio poder, emergen de esta realidad para tocar el cielo, pues un mundo a sus pies les da categoría divina al poder modificar y transformar una realidad, un mundo que cada vez es más una maqueta en sus manos. Sofistican las armas para estrangular y en medio de un silencio atroz y una confusión anormal me humillan sin aparente violencia. Todo muy formal, toda una urdimbre bien trabada de procesos que me llevan a rendirles pleitesía a estos gurús del nuevo orden planetario. En Wall Street, la City y Bruselas, en las cloacas globales, la metástasis de su avaricia va mermando el entendimiento. La mancha se extiende y todo aquel que no esté pringado de su aceite neocapitalista quedará apartado y negado para la vida. El horror es mayúsculo. Sin pegar un solo tiro estos soldados del capital extienden su parva por el planeta y consiguen tener a la humanidad bajo su yugo. Si piensas estás perdido, pues los hilos de la maquinaria capitalista niegan cualquier aspecto que no sea el puramente económico, y pensar no es de recibo.
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