lunes, 28 de abril de 2014

el compañero

El compañero, el patán de turno, el de al lado, ocho horas todos los días compartiendo memeces. Un insulso para convivir, lugares comunes para no chocar. Es un bobo lacerante, un estúpido simpático. Buena persona, no lo niego, pero soso como una calabaza. Empalaga, cansa y desgasta. Respirar hondo, aguantar el chaparrón. Ahora marcha, se va, menos mal. Es un pelota compulsivo, de hecho todo lo que dice, lo que habla, es peloteo. Pelotea con los jefes, con los compañeros y con los clientes. Le gusta converger, buscar el consenso, el agrado, el chiste fácil, la gracia común. Correctito y formal, demasiado normal, se pasa. Hierático, flemático, serio pero dicharachero; la verbigracia que le da la ramplonería de la frase hecha, de la gracieta copiada. Es absurdo pero no es malo. El es bueno, eso parece. Pero para mí que tiene doble vida, o tuvo otra vida que no termina de despegar de esta nueva vida. Vive como le gustaría ser, sin serlo. Vive según marcan los cánones establecidos, según modas y costumbres, y las adopta como suyas pero en realidad son de otros, son vicarias. Bebió de mil leches y todas juntas forman el batiburrillo que le tiene confuso en su jovialidad tardía y mal enfocada, porque en el fondo es un conservador pertinaz, un meapilas vocacional que no termina de atarse a ese mantra. La angostura mental en la que vive no le deja tener opinión, él no opina, ya opinan otros por él. Ni tan siquiera la opinión de los otros la adopta. No sabría defender una postura como suya, él solo apunta frases, cuela dichos y observa a ver como caen en el ágora pública. Si el que está en frente asiente, perfecto, si no, cambiamos el discurso y aquí no pasa nada. Eso sí, él habla, no calla, según oye por ahí lo que se dice, suelta su rollo aséptico y plano sin mojarse más de lo necesario. Llena de ruido el espacio para camuflar su nimiedad. Fanfarroncillo de medio pelo, lo justo para mirarse al espejo y no sentirse muy defraudado. Se sabe bobo y lo intenta camuflar hablando, pareciendo interesante, aparentando solvencia. El se mira en el espejo y ve el hueco. Lo poco.

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