lunes, 28 de abril de 2014

era la bandera a seguir

Era la bandera a seguir, el baluarte de la nueva patria, un talismán sagrado, un oráculo al que adorar y sin embargo todo era tristeza. Le tenían cogido por los huevos y él lo sabía. Todas las miradas convergían sobre su figura hierática y distante. Su popularidad traspasaba los límites establecidos y sin embargo delante del espejo se derretía como un azucarillo en agua tibia. Se lo habían dicho entre bambalinas, le ajustaron las cuentas en el ambigú. Nadie se dio cuenta del engaño, salvo él que sabía que el castillo de naipes empezaba a tambalearse. El futuro se antojaba un calvario de oprobios y vilipendios. Tendría que apechugar con el nuevo embolado que le servían frío desde las capas superiores. El, todo atracción y sex Apple iba a tragarse el sapo y ahora tenía que explicárselo a sus devotos seguidores. Por de pronto tragó saliva y salió al estrado agitando las manos en alto, saludando con estridencia, moviéndose con fluidez. El público enfervorizado aplaudía a rabiar, agitaba banderas y gritaba su nombre con entusiasmo.  Sonreía abiertamente, pero por dentro su mente rebotaba en las paredes de su corteza cerebral intentando escapar de la encerrona, por dentro su preocupación crecía y la zozobra y la angustia empezaban a somatizarse, notó un ligero picor de ojos, un súbito calor le subió de repente por el rostro. Cerró los ojos un instante, se llevó la mano derecha a la cara y a continuación saludó con voz entrecortada y la multitud volvió a aclamarle y aplaudirle, un momento de resuello, un soplo de aire fresco, un paréntesis. Él hizo un gesto con las manos hacia adelante, como pidiendo la palabra, apaciguando a la masa fervorosa. Después unos segundos de tensa espera, un breve silencio…acercó su boca al micrófono para comenzar su alocución. El francotirador le sacó del apuro. No hizo falta que mintiese una vez más. Fue un fogonazo, un destello. El proyectil le atravesó el cráneo desde la frente a la nuca. Cayó desplomado. Luego gritos, confusión, sirenas, gentes corriendo de un lado al otro…el político solo tuvo un instante de lucidez antes de morir. En ese instante agradeció al francotirador que le evitase otro bochorno más, otra algarada, otro tocomocho.

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