viernes, 8 de febrero de 2013
esperando un mundo nuevo
Esperando un mundo nuevo, acariciando las sombras de un porvenir dichoso, me tumbo en el diván y anhelo ese lugar por estrenar, ese paraíso que nos devuelva a las mayúsculas justicias, a los tiempos de vino y rosas, a la prosperidad de la humanidad. Hoy lejanas circunstancias nos acechan, lo trastocan todo y nos vemos sin comerlo ni beberlo imbuidos en este fin de fiesta pantagruélica que nos puso a todos a contraluz, y que ahora es todo resaca y mal humor, desgracia y rabia. Si hubiésemos empezado a disparar antes, si hubiésemos empezado a degollar cabezas de banqueros desde el primer momento, otro gallo cantaría. Se nos subieron a la chepa, nos arrojaron a los lobos y nos desarmaron antes de que pudiéramos defendernos como merecíamos, ahora la luz se tiñe de ocre, y el cielo vomita sangre, ahora se nos pasó el arroz, es tarde, no hay mucho que se pueda hacer, no merece la pena reconstruir tanto destrozo, valdría más destruir todo hasta los cimientos y volver a construir sin denuedo un (ese) nuevo mundo, contando con lo mejor del ser humano y dejando a un lado la avaricia y esa manera de producir tan podrida y miserable que fue el capitalismo. No hay tiempo, no hay tregua, no podemos perder ni un solo segundo en lamernos las heridas, la reacción tiene que ser inmediata, certera, no valen especulaciones, es preciso, es necesario aunar esfuerzos y gestos en conseguir un mundo nuevo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario