Historias de la crisis 4
Paseo por la calle y siempre voy pensando lo mismo. Miro los locales comerciales vacíos, sin clientes, o cerrados, con el letrero de se vende o se alquila. Miro a la gente con la que me cruzo y los veo inertes, sin alma, no sé si es una apreciación mía o es que realmente están así. Veo mucha gente pidiendo. El paisaje es este y yo en vez de pensar en mis cosas o en otras cosas, pues me da por pensar en esto, y me da miedo. El futuro incierto. La tristeza que no cesa, y encima el día está gris, lluvioso, soñoliento. Aquí estoy en mi puesto de trabajo sin él. Aquí estoy bostezando la angustia diaria. Silencio perpetuo, calma chicha y el cero al fondo. Somos pasto de las llamas neoliberales, este sistema que necesita que nosotros cebemos la pira. Nos queman y nos dicen que es por nuestro bien. Estamos en manos de gentes perversas, engullidos en el estómago de esta fiera capitalista que nos impone su lógica, la lógica de los pocos y poderosos contra cualquier forma de justicia y decencia. Nosotros desperdigados, lobotomizados, incapaces de articularnos contra esta caterva de desalmados. Deberíamos apostar por el ser humano pero yo ya no sé si esto es posible. Enervados, convulsos, idiotizados y disgregados. Jugamos lo que nos proponen, alimentamos su usura, bailamos su agua. Me siento títere de este teatro insoportable, de esta danza macabra que nos humilla y nos distancia. A todas estas el planeta agoniza incapaz de soportar tanta afrenta, a todas estas los ricos lo son más a costa del dolor de los más desfavorecidos. La camarilla de los que pueden es una mezcolanza de banqueros, políticos, empresarios, dirigentes varios, élites borrachas en su burbuja indecente, son pocos, pero ríen a costa del dolor ajeno, se sujetan unos a otros en un lobby perverso, en una cadena de favores y chantajes. Ningún argumento ético puede sujetar la avalancha voraz de oprobios que esta mancha de aceite tiñe la vida. Crean sus leyes y las hacen tuyas, nos miden con su vara, nos ajustan a su paso, nos hacen creer que no hay otro camino posible, que no existe otra solución que no sea pasar por el estrecho aro de la penuria económica, por la austeridad tuya y el exceso suyo. Nos alimentan con su soma todos los días, a través de su gota malaya en forma de mensajes apocalípticos, amenazantes. Mienten. Lo saben, da igual, miente y miente que algo queda. Asco, esa es la sensación, indignación por supuesto, pero asco pleno, un asco que lo llena todo. Asco de ellos, de la ignominia, de la inhumanidad, pero asco también de la abulia nuestra, de ese pan sin sal en que nos reflejamos. Y si te sales del renglón, si denuncias el abuso, si gritas la tropelía, entonces eres un violento, un anti sistema, y claro, los hay, anti sistema, anti sistema…que no nos de miedo la palabra. Este sistema endiosado, este sistema que se nos presenta como una verdad objetiva, como una realidad imposible de modificar, como el sol sale por la mañana y se oculta por la noche, algo que es en sí mismo. Nosotros atrapados en esa lacerante teoría del juego que es el dilema del prisionero, no colaboramos a pesar de que el interés de todos está en la colaboración. El egoísmo generalizado perjudica a los jugadores. Lo saben. Se nos plantean las preguntas en su idioma y si contestas en otro idioma eres un anti sistema. Seámoslo pues.
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