viernes, 8 de febrero de 2013

el poder entró en el como la heroina en las venas

El poder entró en él como la heroína en las venas, fue coger el mando y transformarse en déspota sin quererlo ni comerlo. Hasta entonces gris y desapercibido, fue con el cargo como mutó en alimaña, como se erigió en reyezuelo de un palacio descorchado y decadente. Quiso apretar las tuercas con tanto  ahínco y determinación que trasroscó la mayoría, y por esa vía de agua se inundó todo.  Creyó que el hecho de ser nombrado consejero delegado era base suficiente para vomitar hiel hacia sus súbditos; borracho de mando no midió sus dislates, y el bumerán de la historia le partió el cráneo de un certero golpe. Donde las dan las toman y callar es bueno, pero este aprendiz de prócer estaba tan fuera de sí con su nominación que creyó tocar el cielo.  Cuando te expones a cuerpo a las masas oprimidas y no mides tus fuerzas pasan estas cosas. Él, que había trepado sigilosamente durante tanto tiempo, arrugando la gorrilla en tantas puertas, de la noche a la mañana se vio embestido con esa erótica que da el poder, se creyó más que nadie, no midió bien sus declaraciones, se le calentó la lengua, se supo invulnerable y poderoso y al cargar con furia contra la casta funcionarial, despreciándoles, acusándoles de vagos, de ineptos, de chupones no se dio cuenta que él era sin duda el vivo ejemplo del trepa, del estómago agradecido, un golfo que con tanto mando, ebrio de sus glorias vanas, un auténtico vividor, un ser abyecto y despreciable, odioso y odiable a partes iguales…y la algarada le tumbó como un tronco seco. Hablaba como un patriarca autoritario, se permitía el lujo de desconsiderar a sus súbditos, de insultarles de manera sibilina, de manera torticera, indirecta, de poner en cuestión la profesionalidad de toda una muchedumbre hambrienta de justicia, con sed de honradez. “Lo del cafelito y el periódico se va a acabar…” Él, miserable, absurdo ser, que no había aprobado una oposición en su vida, que jamás supo del esfuerzo que supone nada, pues para él chupar culos no era un esfuerzo, si no una afición, para él que arrastrarse como un gusano y rendir pleitesía a sus inmediatos superiores era parte de su ser pues lo llevaba en la sangre. Un mediocre venido a más, un triste politicucho de tres al cuarto, que inmerecidamente y gracias a sus dotes como fiel pelota llegó a las más altas cotas de estupidez y de sueldo…aquella mañana cuando la economía nacional cayó a plomo, cuando la evidencia era de tal calibre que no merecía la pena ni intentar taparla, fue cuando se le vio el plumero en toda su extensión y cuando el barambán de los tiempos le quitó sus vestiduras de jefecillo en ciernes y se vio en toda su dimensión la desnudez física y mental que un ser tan despreciable lleva como aura. El escarnio fue monumental, el linchamiento una terapia, algunos quisieron orinarse encima de él, otros le quisieron poner carteles incriminatorios, hubo quien diseñó unas orejas de burro para que se las pusiésemos, la lluvia de gargajos y otras escatológicas materias fue como un diluvio constante, insultado, arrastrado de los pelos, magullado y humillado. La revolución tiene estas cosas, uno pretende usar la racionalidad en todo, pero de vez en cuando a las masas hay que darles de comer pan, y si no hay pan por lo menos darles un asesor, un consejero delegado o algo que llevarse a la boca.

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