viernes, 8 de febrero de 2013
llegaron los próceres de la patria
Llegaron los próceres de la patria, los que saben de esto, aquellos que nos salvan y que son el perejil de todas las salsas. Ufanos y sobrados, con ese aire marcial y esa suficiencia que les otorga su posicionamiento social, con ese empaque de clase alta, mirando por encima del hombro a todo quisqui, tan listos, tan bien plantados. Como un borracho distorsiona la percepción de la realidad, estos pájaros perciben el panorama social que les circunda. Obvian lo humano y enredan con sus ambiciones para lograr rascar bola y subir un peldaño. Autómatas de la palabra, robotizados discursos hueros y pacatos. Grandes palabras para decir poco o nada, para abundar en el vacío mensaje. La mentira como antibiótico. El gesto circunspecto y marcial más que seriedad transmite arrogancia y distancia. El emperador está desnudo, y ellos nos describen sus abrigos. De la falsa transición que se vendió como ejemplar ya solo queda la esencia del error, el trampantojo de un país vendido y humillado, atribulado y súbdito. Solo queda la mortaja y la evidencia de la trampa, los despojos de la bandera. El país que ya no es.
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