viernes, 22 de febrero de 2013
Zurumbático y aturdido
Zurumbático y aturdido llego a la conclusión de que es mejor dar al off de la televisión y cerrar los ojos. En media hora de telediario a desfilado delante de mis ojos toda una caterva de próceres de la patria con vicio malo por el dinero, por el poder. Muchos hicieron de la política una actividad empresarial y se la creyeron, muchos trileros de las finanzas, zorros astutos para estas lides son descubiertos con una cantidad indecente de dinero arrumbada en algún paraíso fiscal ajeno al bien público. La mayoría son millonarios con avaricia, mentes maleadas por el exceso bursátil y enajenados éticos. Perdieron la decencia hace tanto tiempo que ya no distinguen el bien del mal y su soberbia no les deja discernir. Cuando uno se acostumbra a los yates y los pelotazos ya nada le satisface más que forrarse día tras día moviendo los hilos de sus informaciones privilegiadas y sus contactos luctuosos. Las personalidades se van perfilando en esta rebatiña falaz del dinero fácil y no conocen ni a su madre cuando delante de ellos aparece la posibilidad de incrementar su patrimonio helvético. Aparecen casos de corrupción como setas en el bosque en otoño después de la lluvia. Unos casos tapan a otros y todos forman bucle en nuestra mente. Nada termina de aclararse y siempre el barro de fondo nos deja una imagen de la nada cotidiana que vuelve al origen. Comisiones de investigación, promesas de rectificación, palabras grandes huecas y baratas, dichas a modo de mantra para acabar por taladrar la glándula pineal y dejarnos exhaustos y vacíos. Nada por aquí, nada por allí, roban, extorsionan, medran, asustan, enredan y al final, como al principio. Mientras nos hemos entretenido en maldecirles delante del espejo y hacer que les piten los oídos, poco más. En esa macedonia de jueces, cuentas opacas, comisiones de investigación, declaraciones juradas, informes favorables, datos y monsergas acabamos por perdernos en semejante maraña y el tiempo hace que las trampas caduquen y los malos queden impunes. Mientras tanto la ética, denostada y pacata no asoma la cabeza por miedo a que se la vuelen. La indignación ha llegado a un punto tan alto que ya no puede subir más, si no pasa algo será por otra razón, no por la falta de indignación. Pudiera ser la idiosincrasia hispana que es así de pacata y que se deja hacer, pudiera ser que aquí estamos tan lobotomizados por el sistema que todo lo que no sea consumir nos aburre y nos distancia. Es posible que la cultura del país no da para más, que todo lo que no sea futbol o programas de cotilleo pierde el interés. En cualquier caso el panorama es desolador y objetivamente somos borra seca, animalizada, estúpida, y con esas mimbres el cesto lo hacen ellos.
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