viernes, 22 de febrero de 2013
veo negro, veo poco y mal
Veo negro, veo poco y mal, el futuro se torna irregular, no es nítido, hay sombras oscuras que se ciernen sobre el calendario, hay nubarrones que amenazan tormenta, y todo parece abocado a un mal sueño. Debería respirar más hondo, más profundo, sosegar este ansia viva que me martiriza, apaciguar la bestia parda que muerde en mi interior, intentar doblegar el futuro y tornarlo pasado, para así volver a un origen malgastado, a un tiempo que no fue gastado, a un lugar donde la calma sea la causa, sea el origen y sea el final. Respirar hondo, sintiendo como el oxígeno me invade los pulmones, poco a poco, como el abdomen se va modelando a la pausa con que el aire lo va ciñendo. Conseguir en ese ejercicio la suficiente ataraxia, la suficiente respuesta al dolor y evadirme...poder salir de la tortura de mi cuerpo, del fogonazo de hiel que me atora las vértebras, me deja sin baza, sin pulso y sin sustento. Un dolor que monopoliza proyectos, que obliga a la ancianidad, que adormece las extremidades, que te lleva a volar bajo, a soñar poco, a temer lo peor. El tiempo juega en tu contra, te arrincona contra el tiempo y supone una terrible cuenta atrás, concentrado en evitar sufrimientos, en intentar pasar desapercibido, pasar simplemente. En este ejercicio por vivir, en este denuedo contra el imperio de los galenos me aproximo a sus dominios y salgo escaldado una y mil veces. El carácter se va domando a cada trallazo de fuego que siento en mi interior. Súbdito del paracetamol, del ibuprofeno, del analgésico que me alivie, que me saque del incendio, me libere y me adormezca, me deje parado y quieto, sin acción, sin gesto, pero evacuado del lamento, tullido pero tranquilo, amarrado a mi diván, deseoso de cambiar, de lastrar este taladro que me sujeta al cruento desfallecer cotidiano. Respirar hondo, apagar el fuego, poner la mente en punto muerto, neutralizar las neuronas irritadas, acariciar proyectos, concentrarse en la dulzura, exterminar insomnios, vencer a las tinieblas con algo que ya no tengo. Inhalo y exhalo concentrado, con los ojos entornados, con los cinco sentidos afilados en ello, intentando desprender el cerebro de los mensajes que mandan las neuronas y mis huesos, ese ácido chillar, ese percutir horrendo, a cada latido del corazón un pinchazo por los huesos. Es atroz pero es tan cierto, tan evidente y veraz que supera el hoy, es más real que eso. Es todo, dolor y vida en solo uno, uno solo, lo mismo, vives para sufrir, sufres para vivir, y así dejamos que el pulso nos inunde en este sueño que no es más que la realidad de otro sueño, pues sufriendo uno se evade, le parece irreal, le parece no estar despierto, y por eso es como sufriendo, invadido de dolores y estertores, piso firme el suelo de los sueños.
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