viernes, 8 de febrero de 2013
gesto inutil, vulgar y chabacano
Gesto inútil fugaz y chabacano, alboraya en la noche tan nocturna, la pasión que se desborda en demasía, y el fulgor que aunque no crezca desvanece los semblantes de esa dicha tan profunda y sibilina que a veces la tormenta que se cierne por la bocana del barco no es más que un susodicho entuerto de miserias y locuaces sinsabores. Es por eso que de un suspiro malogrado, la avalancha que se cierne sobre la multitud de la baranda de atropellos y galanterías, añorando el sin consumo, el estar mirando el cielo y consumir nubes pasajeras como alimento a las tardes veraniegas, sin más agua que la bebida de ayer, sin más gesto que el cotidiano, alocado y viniendo y yendo a lugares más sinuosos, mas perfectos si se quiere, sendas intrincadas entre matorrales atufados de fragancias vegetales, para ser en cualquier caso, la suma, el resto y el perdón de haber estado cerca de la dicha cotidiana, pero sin embargo el gasto amenaza tormenta, alguien pulsó la alarma, alguien tecleó tu nif en algún sitio y te puso en venta, quiso que el dolor te atormentase, y así fue, te dejó roto de nuevo, te paseó la rambla de la angustia y cuando quisiste recordar, ya nada ni nadie parecía lo que era, y así fue como el desmayo , el desasosiego, el caparazón se fue curtiendo y poco a poco dejaste de naufragar en la espesura de la noche para embarcarte en el sofocante aroma de las noches de los puertos, donde prostitutas muy baratas vendían sus encantos a la morralla humana que atoraba los noray del estuario, y así palideció la mugre, así llegamos al ocaso, y la noche trajo el vicio, y el vicio la alborada y los cuerpos desperdigados por el malecón sin más sustento que ese suelo negro y aceitoso, que empezaba a recalentarse con el sol de amanecida, de un agosto sin piedad que desdibujaba los rostros con los sudores pasajeros. Un bodegón humano que teñía de color el paisaje marinero. Las gaviotas surcaban el cielo y alborotaban el silencio de la mañana. Un borracho se tambaleaba sobre la plataforma de carga con riesgo de caer al agua, pero otro borracho más sereno le condujo a zona segura...Por el mar de los sargazos, por el túnel de salitre viajamos sin tiento. Estoy sentado en el mirador del Copacabana dream y veo los estragos de la noche ahora que es de día y el sol desnuda el interior de las almas desbocadas en la batalla golfa de la noche. Veo el sueño de un verano tórrido y sofocante, y los cuerpos lacerados por el vicio que se resisten a claudicar ante el fulgor de estaño de este sol atroz. Se resisten a la luz, permanecen en las penumbras de los astilleros, en el ocaso.
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