viernes, 8 de febrero de 2013

se veia vernir y vino

Se veía venir y vino, se sabía, siempre se supo. El teatro en que actuamos interpreta un drama y todos lloramos. El decorado capitalista nos hace llorar, su actuación es impresionante, tú crees ver  que el mundo se cae a cachos y ellos se parten la caja, aguantan el empellón y soltarán la rienda cuando les parezca oportuno, de momento sopesan el ambiente. El pulso del enfermo está bajando pero no muere, no le dejarán morir, porque si muere el enfermo, muere el capitalismo…dejarán que se desfonde, que se quede apenas sin aire, y entonces darán oxígeno, pero no mucho, un poco, lo justo para que no muera, pero tampoco demasiado para que no coja fuerzas…se trata de tener a la sociedad enferma, amenazada, amedrentada, justa de fuerzas, miserable y pedigüeña, sumisa…pero no muerta, porque muerta ya no vale, y sana es un peligro para el capital. Se trata de domar, de acostumbrar al animal a comer poco, de tenerlo sumiso y obediente, temeroso al palo. Nos dividen, nos enfrentan, nos engañan; se saben superiores, son técnicos del dolor ajeno. Lo de Europa es un juego de niños para lo que ellos están acostumbrados. Vienen del colonialismo, del chicote, del esclavismo, del terreno pantanoso de la tortura, de un tiempo donde las sutilezas no se llevaban, ahora estos sátrapas, estos dueños de la tierra han sofisticado sus armas, se camuflan entre la normalidad, entre la ciudadanía…militan en alguna ONG como cosmética a su veneno, van a misa, sonríen a los niños, aparentan una humanidad sonrojante, se pavonean con sus gestos amables y sus saludos cotidianos y aparentemente sencillos, pero son unos canallas con piel de cordero, son ladinos, pérfidos, con saña, auténticos cafres…y lo saben, pero actúan como serenos ciudadanos, contrariados con esta crisis, como si con ellos no fuese. Ellos lo saben todo, saben de esta crisis, saben que es una pantomima para enfriar la economía, para que después vuelva a renacer, ellos machacan, atormentan, agitan, pero desde las sombras, desde sus sonrisas y banalidades, provocan dolor, sufrimiento, angustia y ellos lo saben, pero están tan adocenados entre sus oropeles, tan borrachos en su locura plutócrata que se muestran insensibles.
Es necesario que estos seres empiecen a sentir en sus carnes el dolor, el sufrimiento y la angustia. Es preciso pasarles la patata caliente cuanto antes. Es un clamor. El día que los Emilios Botines, los Ratos, las Aguirres empiecen a notar el olor a chamusquina y se den cuenta que lo que expele ese olor a quemado son sus ropas caras, ese día…se acabará la crisis.

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