Alguien podría creer que el viento sur afecta el estado de ánimo y eso no es cierto, hace tiempo que dejé de creer en los aspectos circunstanciales que supuestamente condicionan o implican una conducta u otra. Para mí el calor, el frío, el viento o la falta de él no es algo que determine ni mucho menos, ni tan siquiera afecte al estado de ánimo y mucho menos que nos vuelva locos o nos aplatane o nos ponga de una u otra forma, todos estos argumentos son excusas, banalidades.
Le vi cruzar la calle, ganar la acera contraria, le vi caminar distraído jugueteando a saltar los alcorques de los plátanos llenos de agua. Observé su gesto risueño, como si tuviese la cabeza en otro sitio, probablemente pensando en algo que le produjese un estímulo positivo, en algún episodio familiar, o quizá en algún acontecer mundano que le trajese buenos recuerdos. Crucé la calle guardando la distancia para evitar que me sorprendiera. Ajusté mi paso al suyo, busqué la perspectiva adecuada, utilizando las hileras de plátanos como parapeto visual, de tal manera que podía verlo saltar los alcorques en el lado cercano a la calzada, mientras yo pegado a las paredes jugaba con mi perspectiva y evitaba ser descubierto. Vi. como cruzaba de nuevo la calle y viraba a la izquierda por otra calle. Por un momento le perdí de vista, apresuré el paso para no perderlo, justo antes de torcer por la bocacalle a la derecha aminoré la marcha para continuar andando a un paso normal. Nada más torcer vi que estaba en la otra acera. Decidí seguirle desde la acera contraria, la calle era más estrecha y era fácil seguirle. Esta calle no tenía árboles pero seguía en esa actitud juguetona, esta vez entretenido supongo, en no pisar las rayas de las baldosas. Hacía tres años justos que no lo veía, había crecido mucho, estaba mucho más alto, y me vi en él…
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