viernes, 22 de febrero de 2013

todo el poder para los soviets

“Todo el poder para los soviets, toda la venganza para la clase proletaria...el obrero ha hecho todo y puede destruirlo todo por la sencilla razón de que puede volver a constuirlo”...Estábamos en 2011 y si cerraba los ojos y solo escuchaba, me transportaba inevitablemente a octubre de 1917, con la plaza Roja abarrotada de gentes, mientras León Trosky bramaba y arengaba a unas masas ya de por si inyectadas del veneno revolucionario. Ahora estábamos en 2011 y la plaza de la Puerta del Sol de Madrid tomaba el relevo a aquellos años de gloria y lucha. La revolución había comenzado, el estallido social se  estaba gestado, la utopía se estaba construyendo delante de nuestros ojos, y por mucho que nos pareciese mentira, era rotundamente cierto que una nueva era, un nuevo tiempo estaba emergiendo bajo mis pies. El capitalismo había consolidado unas estructuras muy férreas y parecía complicado hacer tambalear semejante castillo, pero la historia siempre guarda una sorpresa, un lugar para el imprevisto, para el hecho novedoso. Cayó el imperio romano, cayó el muro de Berlín, y ahora el estrépito lo ocasionaba la quimera capitalista. Puesto en evidencia por economías programadas, el liberalismo capitalista se vio aturdido y frágil y se deshizo como un azucarillo en agua caliente. Madrid humeaba en sus barricadas, pero el olor a quemado era una constante en todas las plazas donde el librecambio había campado: Trafalgar Square, San Pietro di Roma, Campos Elíseos, en todas partes donde el tocomocho capitalista vertió su hiel, la muchedumbre bramaba y colapsaba. La policía dejó pronto de contener para pasar a ser contenida en un primer momento y pasar a ser muchedumbre en un segundo acto. Columnas de humo, sirenas, escaparates rotos, y un silencio posterior. Fueron momentos de incertidumbre, momentos de tensión. Toda revuelta lleva consigo un dramático esperpento cívico que es la antesala del criterio común y de la solidaridad, parece mentira, del caos surge la llama del orden práctico, la fuerza de la razón, y la salida del largo túnel a que nos había avocado semejante despropósito. Los magnates aterrados huían como pollos sin cabeza, pero sin saber muy bien que hacer. Se fueron entregando a las columnas de voluntarios que se fueron organizando, sin apenas resistencia el poder popular se impuso de manera rauda y espontánea y lo que parecía una empresa imposible en tan breve espacio de tiempo se convirtió en milagro racional, en orden desde el caos, en virtud pública. Las mentes más preclaras empezaron a carburar y a disponer el orden a seguir, empezaron a marcar las directrices que habría que seguirse. Se organizaron grupos por profesiones, se organizaron batallones de voluntarios que ahora sí surgían a mansalva, se cancelaron todas las cuentas bancarias, se paralizó el sistema financiero tal cual lo conocíamos, se expropió de todo a todos, se nacionalizó la totalidad de los bienes de producción, se limpió de la noche a la mañana toda la patraña neoconservadora, muchos se reciclaron en el nuevo aluvión, no quedaba otra, y ahora desde el púlpito instalado en la puerta del Sol de Madrid un joven con barbas arengaba a las masas con su altavoz...-“compañeras y compañeros, la revolución está en marcha, España está en marcha, el mundo está en marcha...”

No hay comentarios: