viernes, 22 de febrero de 2013

un estúpido

Un estúpido, un tonto no necesariamente babea ni se muestra como un deficiente mental con gestos propios de tal ser. A veces un tonto se manifiesta en la cotidianidad apática que nos ocupa. A veces un tonto lo expresa riéndose de cosas que no es que no tengan gracia, es que son muy serias, por ejemplo la crisis. Un tonto lo es por banalizar lo importante, por no dar importancia a lo esencial. Un tonto es así tonto si no muestra aprecio a las cuestiones trascendentales que le circundan, es tonto en cuanto aparece como un figurante en esta realidad terrible que nos deja sin baza. Tonto por pusilánime, tonto por inconsciente, tonto por no calibrar sus acciones, tonto por despistado, por carne de cañón. Aparenta gesto resuelto y decidido, utiliza clichés de gentes dúctiles y estabuladas. Mira mucho alrededor para no desentonar y está muy pendiente de lo que sus superiores digan o piensen de él. Se muestra solícito y humillado y el cuadro general es el de un papanatas simplón ocupado en no armar mucho ruido con su proceder, en no salirse del tono gris que le caracteriza. A veces un tonto se muestra dicharachero y simpático a modo de atrezo para disimular su mediocridad palpable. Si permaneciese en el anonimato sería tonto igual, pero a veces se crecen en esta sociedad manipulada y manipulable y no quieren ser menos, participan del bochorno justificando su existencia con aficiones y aparentes intereses, cuando a ellos solo les mueve su existencia vicaria, su precaria existencia. Tienen un concepto de la decencia y la dignidad muy estrecho, sin apenas capacidad crítica y con argumentos muy escuetos para defenderse de los oprobios que una realidad tan negra nos ofrece. Son tontos por egoístas, por pacatos y cortos en su análisis de la situación. Son miserables con frecuencia, no necesariamente, pero su actividad irracional los expone con frecuencia a las miserias. Dan palos de ciego debido a su ignorancia profunda, bebieron de mil leches y ninguna les llenó lo suficiente. Ese batiburrillo de influencias los delata, necesitan crearse una identidad, algo a lo que aferrarse y lo único que consiguen en su quehacer es enturbiar la razón y el entendimiento y por ende mostrarse abiertamente más tontos. Los puedes encontrar en muchísimos sitios, y ahora con el panorama socioeconómico que nos atora salen a la luz, pues en sus devaneos demuestran la deficiencia de sus principios y es de esta manera que aparecen a veces en la lista de un sindicato de clase como es Comisiones Obreras, devaluando el trabajo de otros sindicalistas que no tienen la suerte de ser tan tontos como ellos. Se apuntaron a este sindicato pues una de las leches que tomaron fue esta, la mezclaron con el conservadurismo provinciano más gañán y cutre, con la necedad innata propia de quien no tiene opinión formada ni germen de esta. Se retreparon en medio del marasmo y el aturdimiento de mensajes y crearon uno nuevo totalmente ilegible, lleno de contradicciones y simplezas. La falta de entendimiento degenera en estupidez; la falta de aplicación de la razón en necedad y la falta de juicio en simpleza. Cuando se junta falta de entendimiento, falta de aplicación de la razón y falta de juicio, tenemos a un ser abyecto, miserable y un tonto.

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