viernes, 8 de febrero de 2013
estado virtual de derechos
Estado virtual de derecho, apariencia de ser cuando es un trampantojo. La curva de las cosas apunta hacia abajo irremisiblemente y en esa flecha en picado se establece la pauta a seguir. La globalización capitalista mezcló todos los colores del arcoíris mundial y el resultado ha sido una pasta grisácea para todos. Los pintores del planeta hicieron un capirote con los derechos y las virtudes sociales conquistadas. El marco se adecua al confuso panorama. Tú crees estar en un estado de derecho, amparado por unos mínimos que te señalan como ser humano y sin embargo todo eso no es más que una carcasa hueca que en el fondo solo te permite estar callado. La propiedad privada crece en pocas manos y sus perversas leyes lo implican todo. El contrato social se negocia a la baja y el resultado es este esperpento en el que nos encontramos. Cuando nos anunciaban el final de la historia y de las ideologías no estaban haciendo un brindis al sol, muy al contrario, nos estaban describiendo el panorama grisáceo que quedó a nivel planetario después de aplicar la témpera globalizante. Los Estados nación dejaron de tener peso en este collage. Un Estado se basa en un territorio, en una población y en una soberanía. La soberanía es ya súbdita de los pintores planetarios. No existe tal. Todo es lo mismo. Igual da Asia que África, que Europa, en todas partes las habas cuecen a borbotones. En todas partes la bandera es la misma, y el escudo es el dólar. Lo torticero de este escenario es que la ilusión óptica nos hace creer que tenemos un país, que tenemos unos derechos y que la ética y la justicia es la base del derecho que nos rige. Mentira. Tan solo es un papel mojado para apaciguarnos. Somos súbditos y no ciudadanos. Somos esclavos de una lógica plutócrata y miserable que tiene de humana lo mismo que tiene de justa. El organigrama cósmico se va sofisticando y las altas esferas del poder han conseguido asemejarse a los dioses. Un puñado de mega ricos, de supernovas del dólar, magos de las finanzas, prestidigitadores del mambo que nos mueve, nos dejan caer su gota malaya, sus mantras de productividad, de competitividad, de poder omnímodo. Nunca en la historia un puñado de seres tan pequeño llegó a tener un poder tan grande. El rebaño humano se mueve según sus designios, y lobotomizados y absortos balamos y asentimos, atribulados por la sensación del papel mojado que nos reconoce unos derechos, pero que en el fondo es un subterfugio para que nos creamos libres y soberanos, cuando en realidad somos ovejas sin cencerro. Se escriben Constituciones, se habla de sufragios universales, de democracias, de libertades, palabras enormes, palabras gigantes que son pintadas de gris y que se hacen borrón en el papel mojado. Palabras manchadas, palabras mentidas, palabras. El neoliberalismo nos está dando a beber su brebaje más fuerte, y ya empieza a hacer efecto. Virgencita que me quede como estoy, ni hablar de mejorar, se trata de conservar los despojos del estado de bienestar, ese que no fue más que un bluf que nos hicieron creer después de la segunda guerra mundial, pero que ahora los gurús de las finanzas están volviendo a su ser primigenio, a la esencia del capitalismo más rancio, ese que marca el paso cósmico. En el club Bilderberg cocinan recetas bajas en sal para la población. Estos marcianos del dinero torturan con precisión militar, nos acogotan y ya empiezan a sentirse divinos. Su poder es tan excesivo que ni ellos mismos son conscientes de lo omnímodo de su batuta. Ahora mismo son hasta ellos mismos súbditos de su propia borrachera neoliberal; es una fiera desatada que se retroalimenta, es un bicho que les cobija. Esperamos una brizna de sensatez, un halo de humanidad, de altruismo en la gran familia de los plutócratas poderosos, algo que les haga apiadarse de la humanidad, pero no llega esa luz…de momento solo sombra. Y esperar que ese viento de bondad llegue es como esperar a que se apague el sol. Lucharemos por dignidad, porque tenemos sangre, por el futuro, por instinto, poco a poco. Y esperemos que la historia nos dé una oportunidad.
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