viernes, 8 de febrero de 2013
la casuistica me empuja
La casuística me empuja a existir en otra dimensión, estancado en este presente anodino, insulso y aburrido mi mente demanda experiencias sensoriales que me mantengan despierto, algo que me saque del marasmo, de la apatía, de esta constante gris y perpetua. Este silencio vacío, esta falta de pulso, de tensión que nos adormece, nos transporta y nos deja sin tiempo, al margen de cualquier pronóstico y cualquier estudio. Somos la tabla rasa, el cero absoluto, sin constantes, el encefalograma describe una meseta llana y sin altibajos y los párpados se nos van cayendo evitando que la poca luz que aún queda nos estimule algo. Así pues, en esta diatriba, en esta insulsez desde dentro, desde el fondo de este cuerpo domado en la galbana intento buscar otra dimensión, otra fractura terrenal, algún lugar donde domeñar este presente ingrávido, absurdo e irracional. Será desde el pensamiento, desde el sueño, desde la fantasía que mi mente me permita, desde donde intentaremos conseguir un lugar ameno, un sitio donde poder realizarse como ser humano, sin trampa. Será en ese terreno privado y prohibido al extraño donde fragüemos un futuro, o al menos un presente más erecto, más dinámico, más audaz. Y sin embargo el absurdo de la dejadez, el bostezo tremendo que representa este mundo que vivimos nos deja aturdidos, pensantes y arrumbados en ese destino desalentado, deseosos de cambio pero con las fuerzas batidas, escasas y con el ánimo tajado por la falta de expectativas. Ahora los sueños me desvelan, despierto turbado, sudoroso y con la respiración acelerada, incrustado en mórbidas aventuras terribles, donde un sinfín de percances y avatares me van desasosegando y no dejan respiro al descanso tan necesario. La realidad no es menos tosca, menos ruin, si cabe una prolongación de la desazón y la tristeza. Rostros demacrados, malas noticias, porvenir ruinoso, un futuro de amargura y oprobio, sin risas, sin disfrute. Contagiado de tan craso panorama el esperpento se muestra en constante, el disgusto en cotidianeidad. Tocamos el fondo con la punta de los pies, y ya solo queda hundirse un poco más para impulsarse después, más bajo no cabe....¿o si?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario