Panceta para todos, hoy invita la casa. Quedarán los escombros, los matasuegras y confetis pisoteados y llenos de mugre por el suelo, borrachos por las esquinas sucios y malolientes, y ese pestazo a vino barato. Los pocos empleados del ayuntamiento que queden pasarán la manguera a presión para limpiar los restos de los fastos y después todos a casita, a morir de hambre tranquilos y sin montar mucho revuelo. La puta crisis lo aniquila todo, hasta las ganas de pensar.
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