viernes, 8 de febrero de 2013

de las ruinas de la destruccion

De las ruinas de la destrucción causadas por esta crisis, surge el rumor de caracolas que va tornando en rugido de multitudes. Rotos los engranajes que sujetaban este sistema económico, la jauría de lobos financieros empezó a aullar sin fuerza, y pronto tuvieron que huir ante la amenaza popular que surgió de forma natural y espontánea en todas partes. Muchos se tapaban los ojos horrorizados ante la bacanal de sangre y fuego que empezó a teñir las calles atestadas de gentes erizadas e indignadas, coléricas y determinadas. La turbamulta desató todas las tempestades que permanecían invernando en las cavernas de la memoria colectiva. El aldabonazo, el detonante fue la medida antipopular de una amenazante reforma laboral, pero antes estaba larvada, metamorfoseándose en el interior y machacando la cabeza de todos. Nadie pudo predecir lo que vino después. Las revueltas populares dieron lugar a la carnicería, la venganza fue tomada y nadie pudo sujetarlo. Banqueros y políticos sufrieron las iras y fueron la bandera que todos quisieron quemar. La violencia se impuso a la razón, y lo que pudo ser un mundo nuevo, un jardín para la humanidad se convirtió en un tormento para la vida. Estamos en guerra y los disparos vienen de todas partes, no hay orden ni concierto. Como toda revuelta popular, el desconcierto fue la norma. Para volver a ajustar las clavijas que sujetan la maquinaria social hubo que dinamitar las estructuras creadas, y en ese impás el tumulto y la sinrazón se apoderó de la muchedumbre. Se vieron dislates y se vertió mucha sangre. El horror necesario se pasó entre la humareda que desprendían los restos del capitalismo. Muchos intentaron huir sin saber muy bien a donde, fueron muchos los que aprovecharon para saldar viejas rencillas, muchos los que entregaron su alma al diablo y se abalanzaron sin remilgos por la vía rápida. Juicios sumarísimos se sucedían por todas partes, los abastecimientos escasearon, el hambre y la angustia crecían. Crear unas nuevas estructuras sociales más justas y necesarias no fue tarea fácil, para ello como digo hubo que pasar el largo y estrecho túnel de la revolución social; una sociedad que partía de un déficit considerable de democracia, un pueblo humillado y constreñido, triste y compungido, debilitado hasta el extremo, pasó su vía crucis como pudo, fueron muchos años de fuego, de sangre, de dolor. La guerra civil extensa y depravada, fue necesario destruirlo todo para volver a construirlo todo, para volver a generar savia de vida entre tanta podredumbre. Avisados de los errores anteriores el chivo expiatorio fue el poder económico, la banca, el lujo, la aristocracia...toda plutocracia fue arrasada, no quedó yate, limusina, palacete, abrigo de piel, colgante de diamante...todo fue enterrado, destruido, arrancado de cuajo de la faz de la tierra, exorcizado, maldecido, y la condición humana mutó como los reptiles cambian de piel, volviendo al origen del buen salvaje, al paraíso humilde y natural, a la austeridad racional, al criterio sereno y puro, a la modestia como forma de ser.

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